Lunes 24 Abril 2017

Jesús, que juzga “con misericordia”, es la “plenitud” de la ley. Con estas palabras el Santo Padre Francisco invitó, en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa, a no juzgar “el corazón de los demás”, sino a perdonar.
Frente a los pecados y a la corrupción, Jesús es la única “plenitud de la ley”. El Papa Bergoglio reflexionó acerca del Evangelio de Juan, propuesto por la liturgia del día, según el cual Cristo, a propósito de la mujer sorprendida en adulterio, dice a quien la acusa: “Quien de ustedes esté sin pecado, arroje contra ella la primera piedra”.


El Pontífice también se detuvo sobre la Lectura tomada del libro del Profeta Daniel, dedicada a Susana, hacia la cual dos ancianos jueces del pueblo – dijo – habían orquestado un “adulterio falso, ficticio”. Y añadió que ella se vio obligada a elegir entre la “fidelidad a Dios y a la ley” y “salvar su vida”. Era, de todos modos, fiel a su esposo – observó Francisco – incluso si, tal vez, era una mujer que tenía otros pecados, “porque todos somos pecadores” y “la única mujer que no tiene pecado es la Virgen”.


De modo que en los dos episodios – prosiguió el Papa – se destaca “la inocencia, el pecado, la corrupción y la ley”, porque “en ambos casos los jueces eran corruptos”:
“Siempre han existido en el mundo jueces corruptos… También hoy, en todas partes del mundo los hay. ¿Por qué le llega la corrupción a una persona? Porque una cosa es el pecado: “Yo he pecado, resbalo, soy infiel a Dios, pero después trato de no cometer otros o trato de arreglarme con el Señor o, al menos, sé que no está bien”. Pero la corrupción es cuando el pecado entra, entra, entra, entra en tu conciencia y no deja lugar ni siquiera para el aire”.
Lo que significa que todo “se vuelve pecado”. “Esta es la corrupción”. Los corruptos – prosiguió diciendo el Obispo de Roma – creen “con impunidad” que hacen el bien. Y en el caso de Susana, los ancianos jueces “eran corruptos a causa de los vicios de la lujuria, y la amenazan con dar “falso testimonio” contra ella. Además, Francisco dijo que se trata del “primer caso” en que en las Escrituras aparecen los falsos testimonios. Y recordó que precisamente Jesús fue “condenado a muerte mediante el falso testimonio”.


Mientras en el caso de la verdadera adúltera, encontramos que la acusan otros jueces que – explicó el Pontífice – “habían perdido la cabeza” haciendo crecer en ellos una interpretación de la ley “tan rígida que no dejaba espacio al Espíritu Santo”. O sea “la corrupción de la legalidad, del legalismo, contra la gracia”. Y después vemos a Jesús, el verdadero Maestro de la ley, frente a los jueces falsos, que habían “pervertido su corazón” o que daban sentencias injustas “oprimiendo a los inocentes y absolviendo a los malvados”:
“Jesús dice pocas cosas, pocas cosas. Dice: ‘Quien de ustedes esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella’. Y a la pecadora: ‘Yo no te condeno. No peques más’. Y ésta es la plenitud de la ley, no la de los escribas y fariseos que habían corrompido su mente haciendo tantas leyes, tantas leyes, sin dejar espacio a la misericordia. Jesús es la plenitud de la ley y Jesús juzga con misericordia”.


Dejando libre a la mujer inocente, a la que Jesús le dice “mamá” porque – explicó el Papa – “su madre es la única inocente”, a los juicios corruptos se reservan “palabras no bellas” por boca del profeta: “Envejecidos en los vicios”. Al concluir su homilía Francisco invitó a pensar en la maldad “con la cual nuestros vicios juzgan a la gente”:
“También nosotros juzgamos el corazón de los demás, ¡eh! Detengámonos. Y miremos a Jesús que siempre juzga con misericordia: ‘Ni siquiera yo te condeno. Ve en paz y no peques más’”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

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