Jueves 23 Noviembre 2017

La celebración central del Domingo de Resurrección se vivió en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, donde también participaron decenas de niños de la Vicaría centro, que participan de la catequesis de Primera comunión.

El Arzobispo, Mons. Oscar Aparicio, presidió la Eucaristía. Durante su homilía expresó su alegría por vivir este tiempo especial de gracia en Cristo Resucitado. Recordó que estamos llamados a vivir y respetar la vida de los demás. Que no podemos seguir viviendo en guerras en discordias, pues Cristo nos trae la Paz. Se refirió además que es necesario dar a conocer esta resurrección, que Jesús nos da la vida y vida eterna, que anunciemos a nuestros niños y niñas esta buena noticia.

Texto de la Homilía

Muy queridos hermanos y hermanas, me imagino que les pasa lo mismo que a mí, nos invade una inmensa alegría. Una alegría profunda, aunque también muy serena, porque Cristo ha resucitado.

Aquel que hemos esperado que aparezca en medio de nosotros, aquel que estaba sepultado y muerto, vive, no está entre los muertos. De esto también somos testigos nosotros. Y para sentir esta inmensa alegría, no necesitamos grandes bandas, grandes pronunciamientos, no necesitamos música estridente. No necesitamos hacer gran fiesta en el sentido también de tratar de alienarnos, o que haya algo entre en manifestaciones de alegría o de júbilo. No necesitamos alcohol, no necesitamos emborracharnos. Lo que nos da inmensa alegría es este Dios que vive en nuestro corazón; que no está muerto. Lo que nos ha dicho ayer el Ángel o lo que decían las mujeres, y a ellas diciéndonos a nosotros. No teman, alégrense, al que ustedes buscan no está entre los muertos, no está aquí, no está en el sepulcro. Y es esta es nuestra alegría, si Cristo vive, es porque también nosotros vivimos. Y es porque la vida es un don de Dios. Es porque la vida ha sido declarada como un regalo de parte de Dios para toda la humanidad, para ti, para mí en concreto.


Por eso sabemos que a nadie, a nadie, de los seres humanos es lícito tomar la vida de otro ser humano. Esta vida que Dios nos regala, este don de la resurrección y de la vida eterna por tanto, esta como un plan o como una opción real y verdadera por parte de Dios. Somos testigos de parte de aquello, decía Pedro. Hemos vivido con Él, hemos comido con Él, hemos participado con Jesús de Nazaret, Aquel que había sido sepultado y vive, y nosotros lo podemos anunciar al mundo entero. Nosotros podemos decir exactamente lo mismo. La declaratoria que ha hecho Dios, la opción que ha hecho Dios es que el ser humano viva. Que el pecador no muera si no se convierta, y entonces que viva. La elección de parte de Dios. La manifestación de parte de Dios, la voluntad de parte de Dios está claramente diseñada y dicha a todos nosotros. Por eso que bueno que nosotros podamos contar y sobre todo cantar a los niños, a temprana edad, el motivo de4 esta misa. Que le anunciemos que Cristo vive y por tanto de parte de Dios, quiere que el ser humano viva eternamente. La elección que ha hecho Dios no ha sido la muerte, no ha sido la destrucción de la humanidad, sino más bien que el ser humano viva y viva en eternidad. Y pueda vivir en esta felicidad en esta serenidad felicidad de saber que Dios nos está acompañando. La certidumbre del amor de Dios en nuestro corazón, la certidumbre de que Él nos ha creado. Y nos crea en la eternidad. Venimos de Dios y retornamos a Dios, estamos en el corazón y en las entrañas del mismo Dios.

Esto nos tiene que nos dar paz. Certidumbre también en este mundo, aunque las adversidades existan. Ayer hermanos yo terminaba la homilía diciendo una frase, que Cristo vive pese la maldad de los hombres. También esta elección que ha hecho Dios, es también una invitación para nosotros. Si Él ha apostado por la vida, si Él ha deseado la vida, si Él ha optado para que el ser humano viva y viva feliz, nuestra elección debería ser esta. Aunque que también tenemos la realidad en nuestro mundo, que también la maldad del hombre lleva la muerte. La maldad del hombre lleva a confrontaciones bélicas, o las confrontaciones fratricidas, entre hermanos que no hay nada peor que esto. O el desamor lleva al desinterés de tantas situaciones que vemos de aquellos inocentes que sufren o de aquellos que no pueden nacer, porque no pueden hablar. La opción por la vida es una invitación para nosotros, si hemos cantado en la secuencia de Pascua.
Nos alegramos profundamente porque el Señor ha irrumpido en las tinieblas y aparecido como la gran luz. Si el Señor ha sacado de la esclavitud para darnos la libertad. Si el Señor ha resucitado por amor a nosotros. Por tanto, también estamos llamados a no solamente ser testigos de palabra, sino a testigos de verdad.

Aquellos que creyendo que el Señor ha regalado la vida, ha regalado este don maravilloso, y por esto estamos contentos. Que también lo podamos extender al mundo entero. Que nuestra maldad no domine el mundo. Que nuestro pecado o nuestra negación a Dios no domine nuestra sociedad. Este es el anuncio que estamos también haciendo y nosotros que somos también Iglesia invitamos a los demás. Por qué si Pedro si levanta junto con sus discípulos, con la pequeña Iglesia de aquello entonces. Si María Magdalena que ha escuchado del Ángel la palabra y anuncia a los demás. Lo anuncia a los discípulos, esa pequeña Iglesia lo hace conocer al mundo entero, nosotros hoy, en este tercer milenio, estamos llamados también a que la resurrección aparezca. Contar a los demás, somos María Magdalena, somos los discípulos, somos el nuevo pueblo de Dios elegido para anunciar esta gran verdad en este mundo. Dios quiere la vida del ser humano. no la muerte ni la destrucción. Dios no quiere la mentira.

Les invito pues, hermanos para que nosotros acogiendo la palabra, alegrémonos, que podamos decir como el salmo: este es el día que nos hizo el Señor, esta es nuestra alegría y nuestro gozo, nos admiramos y regocijamos por la obra que de ese Dios. Son magníficas las obras de Dios; y queremos propágalas al mundo entero. Si nosotros estamos dispuestos a convertirnos. Conversión quiere decir retomar nuestros pasos, conversión quiere decir retornar al amor de Dios, conversión quiere decir cambiar de vida. Si nos hemos alejado de Dios, se hemos pecado, hemos cerrado, si hemos fallado. Queremos optar hoy por Dios y por la vida que nos da. Por tanto queremos también que este día sea un dio de paz. Este y los demás días del año. Cristo nuestra pasca, nuestra esperanza vive, ha resucitado. Les invito entonces hermanos que hagamos al igual que los discípulos, con nuestra vida anunciar el Señor. Con nuestro feliz e inmenso gozo de la resurrección, podamos contarlo también a nuestras nuevas generaciones, podamos transmitir nuestra fe que es fundamental.

Hermanos la Arquidiócesis de Cochabamba tiene un millón y medio de habitantes. Muchísimos han participado en las celebraciones en los templos para poder manifestar su fe o su devoción. Esperamos que todos acojan esta vida y la anuncien a los demás. Bastaría y sería suficiente que unos pocos seamos conscientes de eso para impregnar a toda la sociedad aquello que el Señor hoy nos trae.

Feliz Pascua de resurrección. A estos niños que están acá, a estos niños deseamos también lo mejor, en una tradición del pueblo de Israel, los niños que participaban en la noche de cuando han sido liberados de la esclavitud, habían aquellos que preguntaban: ¿porque es diferente esta noche? Que tiene de especial esta noche. ¿Porque estamos levantados, porque hemos ayunado? Que estamos celebrando, ¿de qué somos testigos? Y los papas iban contestando estas preguntas. Hoy ha pasado el Señor. Hoy es Pascua. Hoy el Señor nos ha liberado. Por eso tú, año tras año, harás también esta celebración. Nosotros hermanos míos a las generaciones que nos siguen, seguramente habrá que también contestar a estas preguntas. Hoy celebramos pascua, hoy anunciamos al Señor, hoy anunciamos la libertad y la verdad. Hoy anunciamos la opción de Dios que quiere que el ser humano viva profundamente.

Y estamos nosotros alineadas a Él. Optamos también por la vida, optamos por Dios en todo su plan. Que estos niños también lo escuchen, que nuestra sociedad lo escuche, somos testigos de la resurrección del amor y de la misericordia de Dios en medio de nosotros.

Felices Pascua de resurrección que Él Señor los bendiga y les acompañe siempre. Que nuestra mamita de Urcupiña también nos consuele y nos acompañe. Amen.

 

Carta Pastoral 2017

pcp

Video destacado

Radio Arquidiocesana San Sebastián

 

El Santo Padre

21291193 1578820515513689 1493237507 n

21269628 1578820512180356 456139167 n