Martes 27 Junio 2017

El pasado domingo, denominado del Buen Pastor, Mons. Oscar Aparicio reflexionó sobre la importancia y la necesidad de las vocaciones; reflejando de forma importante la imagen de Jesús Buen Pastor que nos cuida y nos lleva sobre sus hombros.

Hemos anunciado en este IV domingo de Pascua, que en la tradición Pascual tenemos esta gran y hermosa figura del Buen Pastor. Y un llamado o una jornada por las vocaciones sacerdotales y religiosas de manera muy concreta y muy específica.

Se trata entonces de un llamado aquellos jóvenes y señoritas, aquellos que sienten ya al llamado de Dios a decidirse y animarse e responder generosamente a entregarse al Señor para llenar la vida en la totalidad de la entrega a Dios y a su Iglesia para ser también buen pastor a imagen de Cristo Buen Pastor. De hecho la Palabra nos está anunciando aquello.

El testimonio de los discípulos, o el anuncio que hacen los discípulos, de transmitir su experiencia del resucitado suscita en muchos otros ese anhelo también de conocer a Dios. Una función que tienen los discípulos aquello que han experimentado y han vivido junto al Señor y han sido testigos de la resurrección, justamente anuncia la buena noticia el Reino de Dios que ha llegado, está presente, mucho más, estamos alegres porque Él vive. Él que había sido crucificado, muerto y sepultado, no está entre los muertos, sino que vive. Y Este es el que cuida de nosotros, y nos ha salvado y redimido. Por esto muchos otros escuchando esas palabras y testimonio de los discípulos, creen y la misma palabra dice que alrededor de tres mil se bautizaron. Es la fuerza de esta palabra, de esta figura, entonces, que está presente en este mundo, a través de otras personas. Jesús es el Buen Pastor y Jesús cuida de sus ovejas también ayudado de otros. De aquello que son llamados y que dediquen toda la vida al cuidado del rebaño, del pueblo de Dios.

De alguna manera, el apóstol en la segunda lectura, vuelve a anunciar lo mismo identifica como el Buen Pastor, a Jesús mismo, y la imagen de Dios Padre.

Puede ser hermanos que nosotros no tenemos mucha experiencia del campo, entonces no conocemos mucho este oficio. Puede ser que los niños tengan el gravísimo problema de conocer las ovejitas de manera virtual, o conocen las ovejitas atreves de la televisión, no han tocado nunca una ovejita. Puede ser que la experiencia de pastorcito o de pastorcitas, en nuestro medio es un poco ajena a nosotros. Sin embargo no es difícil de entender esta imagen, es alguien que cuida al rebaño. El rebaño en muchas ocasiones y normalmente es un rebaño indefenso, necesitado de protección, necesitado de alguien que guie en el camino, necesitado de alguien que les conduzca a buenas aguas y a tierra buena; necesitados, para que después sean cobijados y alimentados.

Es una de las imágenes hermanos más hermosas que tiene Las Escrituras. Por eso se la pone que Jesus es el Buen Pastor, el que cuida de nosotros. Espero hermanos que tengamos esta experiencia hermosa de Jesús el Resucitado, en medio nuestro. No solo nos trae la alegría y la salvación, si no que sentimos real y verdaderamente su mano protectora. Es Alguien que nos acompaña en la vida, sobre todo en los momento de más dificultad. Es Alguien que cuida de nosotros, que nos conoce por el nombre, que nos habla de corazón a corazón. Te llama de manera concreta, te mima, te acurruca. En situaciones de dificultad, te permite ciertas veces que pasemos por pruebas y sufrimiento, pero no nos abandona jamás. Recurran hermanos a su memoria, a su historia, busquen en sus vidas: cuando el Señor les ha abandonado, por ejemplo. Cuando les ha dejado solos. Yo estoy seguro de que ustedes han encontrado siempre la mano protectora de un Dios que les acompaña. Un Dios que les ama profundamente, un Dios que llama por el nombre, que toca el corazón. Un Dios misericordioso, que también cuando estabas perdido o en pecado te ha perdonado. Un Dios que te sostiene, un Dios que va siempre acompañándote.

Yo me acuerdo hermano de cuando estaba en el seminario, había una imagen que me gustaba, y era de un hombre que siempre soñaba con Dios, con Jesús. Se soñaba que caminaba por la playa y era posible ver las huellas de los dos. Se veían los pasos marcados en la arena de las personas que caminaban. En una ocasión ve las huellas de una sola persona y se angustia, Señor porque me has abandonado. Justo en el momento más necesitado, porque te has ido. Y escucha la voz del Señor que dice, las huellas que ves sobre la arena, no son las tuyas, son las mías, porque yo te llevo sobre los hombros.

Queridos hermanos, queridas hermanas este es el Buen Pastor. Este domingo está para que descubramos a Jesús en nuestras vidas. Que nos dejemos amar, nos dejemos acurrucar, dejemos al buen pastor nos pueda cuidar de nuestras vidas, anhelos, de nuestras esperanzas, de nuestros sufrimientos y dolores. Este Buen Pastor es nuestro pastor, es alguien que se preocupa de nosotros. Que este domingo se haga un llamado fuerte a aquellos hombres y mujeres que, deben todavía, en nuestra generación, en este mundo, hacer sentir ese cuidado. Ustedes, me imagino, conocen también tantas vidas de religiosos y religiosas que cuidan niños, que cuidan hogares. Religiosas que apacientan un rebaño, religiosas que están atendiendo la evangelización en mostrar a Jesucristo nuestro Señor, dedicadas total y plenamente.

Conocen nuestros sacerdotes que pueden impartir los sacramentos dedicados total y plenamente al Reino de Dios; a la Iglesia y al anuncio y a la cercanía de Cristo el Buen Pastor, también a los que más sufren a los acongojados, a los más pobres. Si hay aquí algún joven o señorita que siente este llamado, no tenga miedo. El Señor lo llama a ser como el a ser Él buen pastor y buena pastora Él le va dar la fuerza y Él le va hacer feliz. Y además se necesita en este mundo buenos pastores y no asalariados. Se necesita escuchar buena voz, entrar por la puerta correcta. Porque yo Soy la puerta que se entra al redil, dijo el Señor.
Que anunciemos entonces, a Jesucristo el Buen Pastor, que le obedezcamos, que su voz sea como un bálsamo en los momentos de mayor angustia. Y que su voz a los que les está llamando sea tan firme y tan fuerte, que no les deje alternativa de ser generosos en la respuesta a lo que el Señor les está llamando.

Amen.

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