Martes 16 Octubre 2018

La Iglesia universal celebró con gozo la Solemnidad de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, nacimiento de nuestra Iglesia.

El Arzobispo, Mons. Oscar Aparicio, quien presidio la Eucaristía en la Catedral Metropolitana expresó la importancia del Espíritu Santo en nuestra vida, para llenarnos de sus dones y brindarnos esa alegría que solamente podemos obtener de Dios. Invitó por ello a dejarnos llenar por él, dejando de lado todo aquello que nos daña, como el individualismo y el relativismo.

Indicó que con el Espíritu Santo tendremos la fuerza para seguir con el mandato del Señor Jesucristo, construyendo su Iglesia y anunciando el evangelio a todos los rincones del mundo, mostrando que la unidad y la comunión son posibles en la sociedad actual.

Video y Texto de la Homilía de Mons. Oscar Aparicio.

Hoy concluimos este tiempo pascual litúrgicamente. Sabemos que la historia, la historia de salvación de Dios también tiene una continuada y aunque ciertamente presente una novedad, tiene que ver con las raíces que han sido también proclamadas anteriormente. Por tanto estamos muy ligados, el Pentecostés a lo que es el acontecimiento también de la Pascua del Señor que hemos vivido este año entre nosotros.

Si recordamos bien, aquel que había padecido que había sido crucificado y sepultado, aquel Jesús de Nazaret que ha padecido todo esto; ese mismo has resucitado y esa es nuestra alegría y nuestro gozo. Es lo que experimentan las primeras comunidades, y esta alegría y este gozo, también ha llegado a nosotros.
Este mismo Jesús, este mismo que ha caminado en medio de nosotros aquel que ha anunciado su palabra y ha sido y ha anunciado la buena noticia, que para nosotros se convierte también en nuestra resurrección. Este mismo Jesús se presenta hoy a sus discípulos. Ellos están temerosos encerrados en sí mismos; y puede ser la situación de tantos de los seres humanos también hoy, inclusive tal vez la situación nuestra. Inclinados en nosotros mismos, temerosos de miles de situaciones experimentando probablemente un vacío muy grande. No olvidemos que, por ejemplo, hoy la depresión es uno de los males y de las enfermedades del mundo de hoy, contemporánea. La soledad de los ancianos es muy fuerte, un vacío profundo del propio ser. El egoísmo como uno de los pecados más serios y más grandes, es decir, el inclinarse a sí mismo.

Cuánta situación de consumismo de relativismo que existe en nuestras propias sociedades. Cuánta división y cuánta violencia que nos hace estar inclinados a nosotros mismos con miedos y temores.

Este mismo señor el que había sido crucificado y sepultado, el que se presenta a sus discípulos y les anuncia también la salvación, les anuncia la buena noticia que nosotros no estamos caminando hacia la muerte sino hacia la vida. Este mismo señor Jesús, hoy, se presenta también a nosotros.

Por eso el Evangelio es claro: “Al atardecer del día primero de la semana los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos”. Es el prototipo de todo temor es el prototipo de todo el cerramiento. Entonces, si ha sucedido ayer sucede hoy, Jesús entra poniéndose en medio de ellos les dice: la paz con ustedes. Queridos hermanos, es el primer regalo que nos hace Dios hoy, la paz, una presencia serena de parte de este mismo señor Jesús que permanecerá siempre hasta el fin del mundo; la presencia serena de un Espíritu que nos da serenidad, también a nosotros, que nos da paz, que nos da certidumbre de nuestro camino.

Es esta paz que nos habilita para poder enfrentar cualquier dificultad. Es esta paz que aviva nuestros corazones para descubrir al Señor: “Mientras les decía esto les mostró sus manos y su costado y los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al señor”. Por tanto hermanos, esta presencia vivificadora, esta presencia de paz de parte del Señor, esta presencia certera que habita en medio de nosotros trae esta hermosa y gran alegría.

No se necesita grandes aparatos de sonido, grandes músicas, grandes bailes, ni siquiera alcohol para alegrarse; es una paz que llena profundamente de alegría. La presencia del señor es aquella que nos da esta alegría y una alegría profunda y serena. Hermanos míos la alegría viene del señor, la vida viene del señor, estamos en sus manos; no viene ni de los bienes, no viene ni de los títulos, ni del poder, no viene ni siquiera de los seres humanos a los cuales podemos querer, no viene del esposo ni de la esposa ni de la familia. Fundamentalmente la alegría el gozo y la paz vienen de Dios mismo.

Jesús vuelve a decir: “La paz con ustedes como el padre me envió a mí, yo también los envió a ustedes” y hace que la Iglesia nazca. Desde el acontecimiento de pentecostés el tiempo de la iglesia es real es decir, cómo Jesús se podrá manifestar, en nosotros, como asamblea; lo que decía también la primera y la segunda lectura: somos aquellos convocados de parte de Dios somos el cuerpo del mismo Señor presente en este mundo y son enviados, por tanto nosotros somos enviados, que tenemos también nombre y apellido. A nosotros se nos ha dado un encargo fundamental, constituir Iglesia y anunciar este evangelio, a seguir con la misma misión del Señor, hacer posible que el reino de Dios se haga presente en medio de nosotros; “y al decirles esto sopló sobre ellos y añadió reciban el Espíritu Santo”.

Hermanos míos se nos dona la gracia de Dios, se nos dona la fuerza de Dios, se nos concede igual que en el bautizo y en la confirmación, se conceden estos dones del Espíritu Santo. Se nos da su fuerza se nos crisma, se nos unge, se nos dice son otros cristianos; salgan de sus temores, salgan de sus casas, aviven su corazón, anuncien esta alegría que ustedes experimentan y tienen en su propio ser. Es el tiempo del Espíritu Santo, es el tiempo de la Iglesia, de nosotros como asamblea y es el tiempo del Espíritu Santo, la presencia de Jesús es también real, en estos dones en este Espíritu, en esta fuerza que debería vivificar toda nuestra sociedad, convertir a toda nuestra sociedad y entonces nos capacita también para perdonar los pecados; aquello que solo Dios podía hacerlo. Por eso sabemos que una de las causas de acusación justamente a Jesús, es porque se atribuye ser hijo de Dios y porque perdona pecados.

Hoy es transmitida también a la iglesia, esta capacidad perdonadora, también tiene la iglesia. Esta capacidad que nos da Dios y el Espíritu Santo, incluso se nos invita a poderse considerarnos en nosotros mismos o entre nosotros mismos.

Por eso hoy día creo que, hermanos, también aquella propuesta que les había hecho con la carta pastoral para Cochabamba: Que todos sean uno; donde se expresa la comunión, donde se expresa que la unidad fundamentalmente como Iglesia es necesaria, para brillar como un signo de paz de conciliación, de amor y una presencia del Espíritu que esté entre nosotros. Les invito pues entonces que acojamos también, no sólo esta Palabra, sino también aquella carta pastoral y caminemos junto a Dios, el Espíritu Santo; caminemos construyendo también este Reino de Dios en medio de nosotros.

Feliz cumpleaños Iglesia en Cochabamba, así hemos nacido; nuestras raíces están en el Espíritu Santo. En este momento particular que el señor nos hace nacer también y nos llama, nos invita a ser esta Iglesia, que aquí peregrina en Cochabamba. Y estemos abiertos a lo que el Espíritu también nos inspira, nos da.

Puede ser que muchas cosas nosotros no las comprendemos, puede ser que quedamos perplejos de algunas situaciones, puede ser que nos parece medio extraño alguna situación que puede acontecer; sin embargo cuando el Espíritu actúa, nos trae paz, serenidad, amor, capacidad de fraternidad, perdón de nuestros pecados. Nos trae comunión con Dios y con los hermanos, nos trae la vida y una vida en abundancia, nos trae el gozo que podemos anunciar, también, a los demás

Acojamos al Espíritu como hemos dicho en las secuencias, hasta hemos gritado de que vengan a nosotros. Por tanto vivamos bien este pentecostés sabiendo que vamos a seguir caminando también, en este ser testigos del Evangelio y anunciando la Alegría del Evangelio.
Amén

Carta Pastoral 2017

pcp

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