Jueves 19 Octubre 2017

Cada vez que sé algo más de la vida de Helena, por cierto, hermoso nombre y de mucha historia, me da más tristeza. Trato de entender sus palabras que según testimonio de sus allegados, ella repetía, que su deseo de morir era sirviendo al Señor.

De lo que estoy seguro es que vivió con intensidad, amor y entrega, dio todo, incluso su vida por cuidar garrafas que servían para cocinar para los niños de la guardería, pero duele que sea de esa manera cruel y en esta tierra cochabambina que fue bendecida por tantos misioneras y misioneros que dejando sus familias y países han llegado y Helena una de ellas. Jesús eligió a 72 apóstoles además de los doce y les envío diciendo: Vayan; miren que les envío como corderos en medio de lobos (Cfr. Lc 10, 1-3). Ella era una de las elegidas y enviadas y única arma era su amor a Dios y al prójimo, fue encontrada por los lobos feroces, sus asesinos.

Nos estamos acostumbrando a lamentar un rato sobre asesinatos, violaciones, -violencia aquí y allá-, pero nada cambia en nuestras actitudes muchas veces y menos en la justicia. Me dio mucha tristeza enterarme estos días que uno de los “presuntos” asesinos (Romualdo Mamio do Santos), porque disque no podemos decir que es el asesino mientras el juez no dicta la sentencia aunque hayan encontrado los indicios (manchas de sangre, el puñal, la marca de garrafa…) con el lobo criminal, estaba en las calles sembrando muerte teniendo antecedentes penales por violaciones y asaltos. No logro entender la justicia boliviana.

He estado leyendo mensajes en las redes sociales de que Helena ahora es un ángel, Dios le tiene en su Gloria… seguro que sí, confío y soy un bendecido por el amor de Dios pero, así no. Una mujer que estuvo trabajando en misión en tres países diferentes, su reciente misión fue de ser una de las coordinadoras en el evento de la Jornada Mundial realizada en su tierra natal de Helena, Cracovia (2016). Una mujer que lejos de pensar en asegurar su futuro con cosas materiales o ejercicio de su profesión o formar una familia se entregó a la misión. En su muro de Facebook encontramos que contaba los días para llegar a Cochabamba y servir a niños y niñas que necesitaban alimento, cariño, educación en valores y crecer como personas de bien, misión no concluida. Deseo y anhelo que sea semilla de bien para nosotros que vivimos en esta tierra de Cochabamba.

Me quedo pensando qué estaría en su mente y corazón de Helena cuando decía: “Quiero morir sirviendo al Señor”. Comprendo que una vida vivida con pasión e intensidad es una de las mejores vidas entregadas.

P. Fernando Carrillo

Carta Pastoral 2017

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