Lunes 11 Diciembre 2017

Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta.

El 31de octubre de 2017 se ha firmado la “Declaración conjunta de la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos al finalizar el año de conmemoración común de la Reforma”. De esta manera concluye el Año del quinto centenario de la ruptura entre ambas comunidades eclesiales, reconociendo los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma y pidiendo perdón por los fracasos y las formas en que los cristianos hemos herido el Cuerpo del Señor y nos hemos ofendido unos a otro. Dada su trascendencia histórica hacemos un resumen de la Declaración.

Luteranos y católicos agradecen el camino ecuménico recorrido en los últimos 500 años. La peregrinación, sostenida por la oración común, el culto y el diálogo ecuménico, ha redundado en la eliminación de prejuicios, acompañada de una mayor comprensión mutua y la identificación de decisivos acuerdos teológicos. Por ello frente a tantas bendiciones a lo largo del camino, ambos grupos elevan los corazones en alabanza al Dios Uno y Trino por la misericordia recibida.

Este Año ecuménico comenzó hace un año con la oración común entre luteranos y católicos en Lund, Suecia. El papa Francisco y el obispo Munib A. Younan, entonces presidente de la Federación Luterana Mundial, firmaron una declaración conjunta con el compromiso de seguir recorriendo juntos el camino ecuménico hacia la unidad por la que oraba Cristo (cf. Juan 17, 21). Al mismo tiempo se comprometieron a coordinar el servicio conjunto de ayuda y solidaridad a sectores necesitados con la declaración de intenciones entre Caritas Internationalis y la Federación Luterana Mundial – Servicio Mundial.

El papa Francisco y el presidente Younan declararon juntos: “Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de quienes comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y la sed espirituales de nuestro pueblo de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que también progresen mediante la renovación de nuestro compromiso con el diálogo teológico.”

Entre las bendiciones de este año conmemorativo se incluye el hecho de que por primera vez, luteranos y católicos han considerado la Reforma desde una perspectiva ecuménica, lo que ha facilitado dar un nuevo enfoque de los acontecimientos históricos del siglo XVI que llevaron a la separación.

Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad.

El peruano Luis Enrique Ascoy, esposo, padre de familia, abogado de profesión, catequista, evangelizador y músico católico de Perú lleva 34 años al servicio de Dios. Y desde el año 1996 se dedica a tiempo completo al servicio a través de un emprendimiento familiar mediante la música, charlas, libros y la radio.

Dentro de esta importante semana desarrollada del 26 al 01 de octubre, por Fundación Jubileo, Pastoral Social Cáritas y Comisión de Hermandad, se dieron ferias, foros y forestación en la ciudad de La Paz, a continuación Francesco Zaratti, comparte la preocupación de la Iglesia por el recurso agua, como parte de uno de los temas abordado en el foro.

Jesús envía a los apóstoles con este mandato: “Vayan por todo el mundo y hagan discípulos míos (cfr. Mt 28,19). En el contexto del mundo de hoy puede surgir una pregunta: ¿ganamos algo si aceptamos el Evangelio y nos transformamos en discípulos de Cristo?

Jesús mismo, conversando con Pedro, ha dado respuesta: todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna (Mt 19, 29).

Ignorar o rechazar a Jesucristo significa perder la gran oportunidad de participar en la inescrutable riqueza de Cristo (cfr. Ef 3,8) y en la plenitud de su vida (cfr. Jn 10, 10). San Pablo manifiesta su fascinación por la oferta divina con estas palabras: ni ojo vio, ni oído oyó, ni ha entrado al corazón del hombre, las cosas que Dios ha preparado para los que le aman (cfr. 1 Cor 2,9). Por consiguiente el anuncio del Evangelio de Cristo trae un gran beneficio a la humanidad entera, mejor dicho, el supremo bien.

Mirada al mundo a la manera de Dios

Para una mejor comprensión de nuestro mundo es preciso que nuestra mirada sobre el mismo sea a la manera de Dios.

Una mirada de amor que sabe descubrir la bondad y la belleza en medio de toda realidad para amarla con ternura, una mirada de misericordia que aprende a mostrar el daño que produce el pecado personal y social para ofrecer la salvación a la humanidad y una mirada de fe que ayuda a convertirnos en discípulos-misioneros de un mundo nuevo.

Fuente: Instrumentum Laboris para preparar el Congreso de 2018.

Carta Pastoral 2017

pcp

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