206 años de la fundación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada

La historia de los misioneros empezó en Francia y en un ambiente muy hostil. Después de la revolución francesa, justamente cuando toda la sociedad y la iglesia se encontraba en un proceso de reconstrucción. De hecho, la Iglesia tuvo que sobrevivir a un proceso de ataque y destrucción de los valores.

En este contexto Eugenio de Mazenod (1782-1861), que era un sacerdote diocesano, fundaría esta congregación para responder a los llamados que hacia la iglesia y la sociedad en este momento. Por eso tuvo que recurrir a sus amigos y convencerles de esta obra para la iglesia.

Fue la ciudad de Aix de Provenza donde se inicia todo para la gloria de Dios, cuando a Eugenio le viene la idea de tener un grupo de misioneros que puedan reconstruir la iglesia en Francia y tal vez fuera de Francia, porque ya algunos de sus amigos también habían emprendido la mirada fuera.

Pero esta historia tiene muchos matices. Porque Eugenio de Mazenod, quien sería el fundador, llegará a ser sacerdote después de muchas travesías. Su historia nos recuerda la migración, la precariedad y preocupación personal por todo lo que veía a su alrededor.

La vida de Eugenio de Mazenod refleja mucho de su tiempo, él era de familia noble, pero tuvo que abandonar Francia al estallar la Revolución; estudió en los barnabitas de Turín y Venecia entró en contacto con Bartolo Zinelli, en la Compañía de la fe de Jesús, que ejerció una influencia considerable en su formación. De regreso a casa, entró en el seminario de San Sulpicio y fue ordenado sacerdote en 1811.

Francia estaba devastada y podríamos decir descristianizada, porque eso su primer objetivo será, hacer frente a la descristianización y el abandono de la práctica religiosa en las zonas rurales de la Provenza, Eugenio de Mazenod, y algunos de los compañeros (François de Paule Henry Tempier, Joseph Hippolyte Guibert, Carlo Domenico Albino) organizó una compañía de sacerdotes para predicar misiones populares en el campo.

Pero oficialmente la fundación tuvo lugar en Aix – En-Provence el 25 de enero de 1816. Para la organización de las misiones los sacerdotes tomaron como modelo las experiencias misioneras de los Redentoristas de San Alfonso María de Ligorio y, para hacer más eficaz su predicación, recurrieron al uso del dialecto provenzal. Algo que dio mucho éxito porque la gente podría escuchar en su lengua, todos los mensajes.

Inicialmente, los sacerdotes formaron una sociedad de sacerdotes sin votos, como los oratorianos, pero en 1818 los miembros de la sociedad, tomaron los votos de obediencia y castidad, y en 1821 a la pobreza, dándole un carácter religioso a su congregación. En 1823 Fortuné-Charles de Mazenod, tío de Eugenio y obispo de Marsella, confió a su sobrino y a sus sacerdotes las misiones en su diócesis.

La congregación, originalmente llamada «Sociedad Misionera de Provenza», en 1825 tomó el nombre de «misioneros de San Carlos» y fue aprobada por el Papa León XII el 21 de marzo de 1826 como «Oblatos de María Inmaculada». «¿No os parece, escribe el Fundador a sus primeros compañeros, que es una señal de predestinación llevar el nombre de Oblatos de María, es decir, consagrados a Dios bajo los auspicios de María, cuyo nombre lleva la Congregación como un apellido que le es común con la Santísima e Inmaculada Madre de Dios? Es como para que se nos envidie; pero es la Iglesia la que nos ha dado ese hermoso título, nosotros lo recibimos con respeto, amor y agradecimiento, orgullosos de nuestra dignidad y de los derechos que ella nos da a la protección de la Todopoderosa ante Dios. No tardemos más en tomar ese bello nombre»

En el capítulo de 1831, los Oblatos de María Inmaculada decidieron añadir a los fines del Instituto para las misiones extranjeras, la dirección de los santuarios marianos (a ellos se les había confiado, el santuario de Nuestra Señora de Laus, Saboya) y la enseñanza en los seminarios.

El Papa Pío IX aprobó la ampliación de las áreas de intervención el 20 de marzo de 1851. En 1841, por invitación del obispo de Montreal, Ignace Bourget, llegaron a Canadá los primeros Misioneros Oblatos de María Inmaculada: los hombres se dedicaron al apostolado entre los indios y los esquimales y fundaron en Bytown el colegio, que luego dio lugar a la Universidad de Ottawa (dirigida por los Oblatos hasta 1966). Desde Canadá en 1847 los Oblatos extendieron su apostolado a Oregón y en el mismo año fueron llamados por el obispo Orazio Bettacchini a Ceilán, donde hicieron una importante contribución a la formación del clero local. En 1852 la Santa Sede confió el Vicariato Apostólico de Natal, Sudáfrica, a la congregación.

El fundador fue proclamado santo por el Papa Juan Pablo II el 3 de diciembre de 1995. La espiritualidad de la congregación encaja en el surco de la escuela francesa y Sulpiciana, pero con fuertes elementos originales, tomados sobre todo de San Alfonso María de Ligorio.

Hoy la congregación dedica mucho de su tiempo en la evangelización de los pobres, viviendo una espiritualidad encarnada en la realidad. Los misioneros Oblatos viven una espiritualidad, que parte del llamamiento de Jesucristo, que se deja oír en la Iglesia a través de las necesidades de salvación de los hombres, congrega a los Misioneros Oblatos de María Inmaculada y los invita a seguir a Jesucristo. Para ser sus cooperadores, se sienten obligados a conocerle más íntimamente, a identificase con él y a dejarle vivir en sí mismos. Esforzándose por reproducirle en la propia vida. De ahí que están impulsados a ser una congregación misionera. Su primer servicio en la Iglesia es de anunciar a Cristo y su Reino a los más abandonados. Lleva la Buena Noticia a los Pueblos que todavía no la han recibido y les ayuda a descubrir a la luz del Evangelio los valores que poseen. Donde la Iglesia está ya implantada, los Oblatos se consagran a los grupos más alejados de ella.

Lo intentan todo para suscitar o despertar la fe de aquellos a quienes son enviados, haciéndoles descubrir «quién es Cristo». Están siempre dispuestos a responder a las necesidades más urgentes de la Iglesia mediante varias formas de testimonios y ministerios. Siempre cerca de la gente con la que trabajan, los Oblatos prestarán constantemente atención a las aspiraciones de la misma y a los valores que posee. No temerán presentar con claridad las exigencias del Evangelio y abrirán con audacia nuevos caminos para que el mensaje de salvación llegue a todos los hombres.

La congregación está gobernada hoy por el superior general, P. Louis Lougen, de nacionalidad norteamericana, que es elegido por el capítulo general por un período de seis años y reelegido una sola vez; que al mismo tiempo es apoyada por dos asistentes generales y algunos consejeros generales, uno que representa a cada una de las regiones en las que se organiza la congregación. La sede se encuentra en Via Aurelia en Roma.

Al momento están presentes en 68 países del mundo y su presencia es significativa por obras muy marcadas entre los pobres. Pero también hasta hoy, los Oblatos de María Inmaculada se dedican a predicar misiones en las parroquias rurales, misiones ad gentes, realizar seminarios y educar a los jóvenes. Al 31 de diciembre de 2021, la congregación cuenta con 4. 042 religiosos, 2. 995 de ellos sacerdotes, en 979 casas.

Por: Guillermo Siles Paz. OMI-

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