Arzobispo anima a despojarse de temores y dejarse llenar por la luz de la navidad, el Niño Jesús, el Salvador

En el gozo de la Solemne Celebración de Noche Buena, presidida por Arzobispo de Cochabamba, en la Catedral, Monseñor animó a los fieles a no vivir en temores y dejarse iluminar por el Niño Jesús, que disipa las tinieblas de la vida; así como Iglesia peregrina proclamar: Gloria a Dios en el Cielo y Paz a los hombres amados por Él.

Monseñor Oscar expresó que Dios, en la humildad de su nacimiento, dignifica la vida de todo ser humano, y con él a toda la creación: “Si en el nacimiento del Señor, encontramos la expresión más grande del amor de Dios hacia nosotros, porque a ti y a mí el Señor nos toma por predilección. En tu nacimiento, en tu vida, en tu ser, Dios expresa propiamente este amor inmenso, grande”, dijo Aparicio.

Texto de la Homilía

Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Hemos cantado y repetido esta antífona todos nosotros, para también anunciar a nosotros mismos esta gran alegría y este gran gozo, aquello que hemos estado esperando durante también este tiempo de preparación hacia esta noche tan particular. Hoy aquí, en medio de nosotros, en nuestras familias, en nuestras ciudades y en nuestros campos, podríamos decir, en este territorio de nuestra Arquidiócesis de Cochabamba nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor. Esto es lo que estamos celebrando.

Por tanto, hermanos y hermanas, les invito a que entremos también en este inmenso gozo que ya se nos ha anunciado también el motivo de nuestro gozo, de nuestra alegría, radica sobre todo en este gran amor que Dios nos tiene, en la figura del Niño Jesús. Porque en el Niño Jesús, nace todo ser humano. En el nacimiento de todo ser humano se expresa el amor profundo de Dios hacia nosotros. O es lo que decía también prácticamente al final el Evangelio en este momento: en la tierra paz a los hombres, gloria a Dios en las alturas. Pero en esta paz o esta tierra, en este mundo, que la paz reine a los hombres amados por Él, a los seres humanos amados por Dios, por Él. Y esta es la profunda riqueza de nuestra alegría, de nuestro profundo gozo. Él nos ama profunda y sinceramente.

Hermanos, si esto hemos entendido, si en el nacimiento del Señor, encontramos la expresión más grande del amor de Dios hacia nosotros, porque a ti y a mí el Señor nos toma por predilección. En tu nacimiento, en tu vida, en tu ser, Dios expresa propiamente este amor inmenso, grande. Gloria a Dios en el cielo, paz a los hombres amados por Él.

Hoy día también podemos entonces expresar este gran gozo y esta gran alegría. Hermanos míos, no necesitamos demasiada bulla. No necesitamos ni siquiera grandes festines. No necesitamos gran lujo, regalos. No necesitamos demasiado, en este mundo, que se pueda expresar o intentar hacernos entrar en alegría, en gozo, en paz. La paz y el gozo que nos trae el amor de Dios sobrepasa absolutamente todo. Es una paz serena.

Es como esta paz de este niño, quién irrumpe en nuestra vida. Vean qué significativo y qué hermoso ver en brazos, traer al Niño Jesús, poder depositarlo en este pesebre. Él es el motivo de nuestra alegría. Él es el motivo de nuestra voz, de nuestro gozo. Es la presencia de Dios en nuestro mundo, que nos da paz, nos da serenidad, nos da certidumbre, pese a las dificultades que podamos tener. Ya sea en la crisis en la frustración, en la soledad, ya sea en la escasez de salud, ya sea hasta en la misma muerte, la paz y la presencia de Dios nos invita a entrar en este gozo enorme. La certeza de que nosotros vivimos y viviremos eternamente. La certeza de que este amor es lo que nos da gozo en plenitud, es justamente un Dios presente en medio nuestro. Hoy nos ha nacido en medio de nosotros el Mesías, el Señor, el Cristo. Un niño ha nacido para nosotros Jesús. Y ese nombre significa justamente Dios salva.

Cuando María y José se dirigían a Belén, para esto, que es históricamente cierto, este censo que se había ordenado, no encontrando posada, entran a un establo. Dignifican aquel lugar que puede ser no apreciado, dignifican total y plenamente aquel lugar que es el lugar de reposo de los animales. Dignifica al ser humano, dignifican total y plenamente este mundo y esta tierra con sus miserias. Dignifican nuestras casas, dignifica nuestro suelo, dignifican nuestras ciudades, nos dignifica a nosotros. Y es allí donde nace el Señor. María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre.

En esa región, dice la escritura, estaban también unos pastores que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. Miren hermanos, esto es muy significativo, porque ya el ser pastor es una situación difícil. El ser pastor ya es alguien que no tiene un lugar estable. El ser pastor significa no tener un techo donde abrigarse, pasar frío y hambre, no tener un lugar porque debe vigilar el rebaño. De pronto se les apareció el ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Hermanos míos este es un motivo más grande todavía de gozo y alegría. A ti que vives en las tinieblas, a ti, que vives con miedos, a ti que vives en oscuridad. Es a ti que vives en una situación difícil, a ti se te ha parecido una gran luz.

A ti te ha vuelto una gran luz. Es la presencia de Jesús, es la luz misma. Y aunque los pastores sintieron temor, el ángel les dice: No teman, porque les he traído una buena noticia. Hoy este ángel también se presenta a nosotros. No teman. No temas. ¿A qué tener miedo? No temas del mañana, no temas en la enfermedad. No temas en esta crisis. Cierto que es bueno procurar la solidaridad. Sin embargo, entra en este amor de Dios. No temas, te traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo. Hoy, hoy en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador que es el Mesías, el Señor. Y cual la señal. Este niño en un pesebre.

Por tanto, hermanos y hermanas, les invito a ustedes, los que estamos aquí presentes en esta catedral, los que nos acompañan a través de los medios de comunicación. Padre Javier Mejía, su familia, que celebran con nosotros, a todos los hermanos y hermanas de las parroquias, las comunidades, acoger el nacimiento del Señor con esta luz que nos envuelve a profesar nuestra fe, diciendo real y verdaderamente Tú eres el Cristo, el Mesías, el Señor. Y que todos juntos, todos juntos, toda la Iglesia en su plenitud, toda la Iglesia en nuestros campos y ciudades, todas nuestras familias, todos nuestros catequistas, agentes de pastoral, sacerdotes, religiosos, religiosas, todo el pueblo de Dios, podamos decir a una sola voz en esta noche: ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra, paz a los hombres amados por Él!
Amén.

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