Arzobispo anima a seguir constituyendo familias que ayuden, sean modelo y testimonio en la sociedad, a ejemplo de la Sagrada Familia

En la Fiesta de la Sagrada Familia, Monseñor Oscar Aparicio recordó el importante valor de la Familia en la sociedad, pues si esta está se rompe o entra en crisis, la sociedad entra en crisis, reflejo de lo que se vive en la actualidad. Por ello animó a seguir el ejemplo de la Familia de Nazaret para constituir familias modelo y testimonio, que sean ayuda para los demás.

Subrayó además el valor tan grande de la mujer, la madre en la conformación familiar, reflejo del amor de Dios. Así mismo resaltó el hermoso regalo que son los hijos, pues en cada nacimiento, nace también Dios. “Por tanto, hermanos míos, demos gracias a Dios por nuestras familias; y aquellas que están en dificultad, recemos, para que puedan ser realmente reconstituidas y que puedan ser testimonio”, invitó Monseñor Aparicio.

Texto de la Homilía

Hemos iniciado la octava de la Navidad, es decir, como la prolongación, diríamos así de esta festividad del nacimiento del Señor, que nos ha traído tanto gozo y tanta esperanza, es la luz que ha brillado en medio de nuestras tinieblas. Es el nacimiento del Señor que nos trae justamente también este hecho concreto de saber que Él está entre nosotros, nos acompaña. Y en todo nacimiento de todo niño nace también entonces Dios mismo.

De hecho, es lo que está anunciando hoy día la primera lectura en este acontecimiento de la Sagrada Familia de Nazaret. Vean que es muy particular y muy significativo el hecho de que inmediatamente después de la Navidad o iniciado inmediatamente la octava de Navidad, ya se celebre esta gran festividad. Hoy, casualmente, es de manera mucho más inmediata. Solemos siempre, a veces, celebrar el domingo más cercano. En cambio, en esta ocasión justamente nos toca celebrar casi que inminentemente, de manera apresurada, diríamos así.

Por eso agradecemos en este anuncio que sea el mismo Dios que a través de su liturgia y a través de la Iglesia quiera darnos otra vez este hermoso y gran testimonio de la Sagrada Familia de Nazaret. Pero, como decía antes, aparece ya la promesa de Dios hecha aquella mujer, Ana, esposa del Cana, que pedía insistentemente un hijo. No sólo por el hecho de la maternidad, sino porque sin un hijo, un matrimonio como que no es completo.

Sabemos que la unión del varón y la mujer ya es un hecho sacramental fundamental en la vida de nuestra sociedad, es la célula propiamente también de lo que viene a ser la expresión del amor entre pareja. Pero también necesita dar un paso más allá, es decir, la constitución de la familia. Y pese a que hoy día, hermanos, haya tantas ideologías y tantas propuestas adversas aquello. Hoy podemos decir que está propiamente cimentada claramente lo que viene a ser el valor fundamental de la familia, el amor entre varón y mujer y la constitución de un hijo, una hija, constituye propiamente esta familia la célula de la sociedad.

Por eso ya aparece, repito, en la primera lectura, si ustedes se acuerdan, esta lectura ya la hemos iniciado también o lo habíamos escuchado en el tiempo de Navidad remarcando el nacimiento del niño, de Samuel, frente a la estéril, aquella que no podía dar hijos, Dios le concede. Por eso después ella le entregará o lo consagrará a Samuel. Hoy, repito, remarca algo fundamental, el nacimiento de este niño constituye una familia y es lo que estamos celebrando y lo que también de alguna manera están viviendo en esta situación concreta, Jesús, María y José. Estamos acostumbrados a llamar así en este orden. Jesús, María y José no decimos José, María y Jesús, pareciera una lógica más humana lo otro.

En cambio, remarcamos, esta importancia de qué Jesús, el nacimiento del niño, ha constituido propiamente a este matrimonio, lo ha elevado a tal situación de constituirlo como familia. Y hermanos, en esto tenemos que entonces de verdad dar gracias a Dios. Hay tantas familias acá. Remarcar la importancia vital fundamental de la familia. Animarnos nosotros a seguir constituyendo familias que ayuden y sean modelos también y testimonio en nuestra sociedad.

De hecho, si la familia se rompe, entra en crisis, la sociedad entra en crisis, tantísimos problemas tenemos. Tantos jóvenes escasos, por ejemplo, de figura paterna. O cuánta desorientación respecto también a lo que puede ser también la figura materna, que es fundamental en la familia, es verdad que los dos son fundamentales, tanto el varón como la mujer. Pero fundamentalísima, también, este amor, esta ternura de la mamá.

En el seno de la familia, en el seno del matrimonio, se crece bien en buen testimonio, si ambos también tienen este rol a cumplir. Por tanto, hermanos míos, demos gracias a Dios por nuestras familias y aquellas que están en dificultad, recemos para que puedan ser realmente reconstituidas y que puedan ser testimonio de este gran modelo de la Sagrada Familia de Nazaret.

El Evangelio, hermanos, es una maravilla, en el sentido que hay una serie de detalles de la palabra que sería lindo escucharlos y presionarlos o explicarlos uno a uno. No tenemos el tiempo suficiente. Sin embargo, remarquemos este hecho, Jesús va con sus padres a Jerusalén. Ellos no viven en Jerusalén, y cuando tenía 12 años; remarca aquello, 12 sabemos que es los años o el número de la totalidad, que representa también a las doce tribus de Israel, o que representa al nuevo Israel, es decir, el todo Israel o todo el pueblo de Dios, novedoso. Jesús parte con sus padres, creyendo que él retornaba a su casa con ellos, lo dejaron, casi que se olvidaron.

Sabemos las tragedias, hermanos, que puede significar de verdad perder un hijo, olvidar un hijo, desaparecido un hijo, la angustia de los padres. Pero bueno, encontrándolos casi como que se llena, me imagino, el corazón de esa mamá y de papá y se maravillan. Escuchen lo que dice: Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo, Hijo mío, por qué nos has hecho esto. Con toda razón le llama hijo mío. Es la Madre de Jesús. “Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Jesús responde. ¿Por qué me buscaban? Parece un poco dada a las respuestas, no es cierto. O sea, por qué me están buscando, por qué están preocupados de mí No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi padre. Mayor sorpresa todavía esta segunda respuesta. Y ellos no lo entendieron. Porque aquí, hermanos, hay un signo mucho más fundamental. Todo ser humano, como dice la segunda lectura, es hijo e hija de Dios. La figura que aparece aquí es de Dios Padre. ¿No debo ocuparme acaso de las cosas de mi padre? Y, sin embargo, dice la Escritura, él, Jesús regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Vivía sujeto a ellos.

Y su madre, por eso decimos que es fundamental la figura materna, conservaba estas cosas en su corazón. María está presente desde el anuncio del ángel al nacimiento del Señor, en la gestación, en el nacimiento, en la vida oculta de Jesús, en este momento particular y también en la crucifixión.

Queridos hermanos y hermanos, es lo que siempre hemos estado repitiendo tanto. El ser humano nace de las entrañas mismas de Dios, peregrina en este mundo y retorna a la gloria de Dios, al corazón de Dios en la Santísima Trinidad. Por eso la familia constituida aquí en este mundo, en esta tierra, no sólo es figura también de la Sagrada Familia de Nazaret, sino del amor mutuo en la Santísima Trinidad, que es nuestro camino, nuestro origen y nuestro destino final. Amén.

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