Arzobispo de Cochabamba: “La presencia de la iglesia puede incomodar frente a divisiones, mentiras y corrupción”

Mons. Oscar en la homilía de este domingo 11 de julio señaló que la Iglesia cumple la misión encomendada por Jesucristo, cumpliendo su ser profeta, aspecto que genera incomodidad en quienes buscan la división entre hermanos y la defensa se ideologías que traen mentiras y corrupción.

El Arzobispo señaló que la iglesia está llamada a ser profeta aun sabiendo que habrá dificultades. Mencionó que la presencia del profeta puede incomodar frente a la mentira. Además, remarcó la dolorosa situación de confrontación entre bolivianos “Como si todos tuviéramos que estar bajo un solo régimen aquellos que no aceptan determinada ideología son enemigos”

La misión de los seguidores del Señor, de su Iglesia, lo confirma el mismo Jesús en el Evangelio donde manda a los doce para hacer presente el Reino de Dios que ya está en el mundo. “Dejemos que el señor nos llame y nos constituya como Iglesia, anunciadores de su palabra y nos permita vivir en paz y unidad”. Añadió que estamos llamados a ser una sociedad donde reine Dios, una nación de paz, reconociéndonos como hermanos, desechando violencia separación y corrupción.

“El profeta está llamado a anunciar la Palabra de Dios y que somos un pueblo, por tanto, que debería manifestar la paz, que debería reconciliarse entre hermanos. Que deberíamos reconocernos como hijos e hijas de un único padre, no divididos”.

Texto de la Homilía

El domingo pasado habíamos llegado también a alguna conclusión en la reflexión, escuchando las palabras de Dios. Y justamente centrado en el tema del ser profeta. Es más, incluso Jesús es aquel tomado de entre los hombres para poder anunciar esta alianza, o que el Reino de Dios está presente. Y aunque después dirá también que ningún profeta es recibido bien en su tierra. Siempre esta ironía aquí presente que el mismo Señor la ha podido experimentar.

Sin embargo, por nuestro bautismo, nosotros que hemos sido bautizados para ser sacerdotes, profetas y reyes, en realidad también se cumplía esta palabra no sólo en Jesús, sino también en nosotros. Y hoy se vuelve a recordar aquello mismo.

En la primera lectura, es el profeta Amós el que ha sido llamado a ser profeta. Vean la característica suya. Él mismo dice: “Yo no soy profeta ni hijo de profeta. Yo no he sido llamado para para ser este, este, este estilo profético que existía en el pueblo de Israel. Yo más bien soy un pastor y soy un cultivador, soy alguien que cultiva árboles. Sin embargo, Dios me ha sacado del rebaño. Dios me ha enviado y me ha dicho que profetice en su nombre”. Vean, por tanto, la característica fundamental del profeta es ésta. Llamados por Dios, convocados por Dios, sacados de la cotidianeidad de la vida de parte de Dios y enviado por Él mismo para anunciar su Palabra, para anunciar aquello que sea también que después será la Buena Noticia a los demás.

Siguen barbo, la tarea de este profeta no es fácil, lo dice propiamente. Debe recordar al pueblo y a sus dirigentes, que la alianza de Dios es eterna y hay que vivir en fidelidad a esta. Por eso su palabra no siempre es requerida o no es escuchada. La dificultad grande es justamente denunciar aquello que vive el pueblo y sus dirigentes, se han olvidado de la alianza de Dios, se han apartado de Dios mismo, han olvidado también a su pueblo. Y eso, evidentemente, no siempre se quiere escuchar. Si nosotros somos llamados también a ser profetas o la Iglesia está llamada y constituida a ser profeta. Después veremos cómo en el Evangelio esto se consolida. Sabemos tan bien, ciertamente, ya lo decíamos el anterior domingo, que habrá dificultades.

La misión del profeta no siempre es fácil. Y aquí hay hermanos, una característica fundamental también para nosotros, que ya los marcábamos el domingo anterior: El profeta debe permanecer siendo fiel, debe anunciar la Palabra de Dios, debe vivir la Palabra de Dios, debe ser constructor del Reino de Dios en este mundo, seguidor de Jesucristo, imbuido de su Espíritu.

Por eso es que muchas veces, incluso la presencia del profeta puede incomodar frente a la mentira. Estamos llamados a hacer algo fundamental nosotros, anunciar a Jesucristo nuestro Señor, anunciar su espíritu, que su reino en este mundo está presente. Un reino de paz, de amor, de justicia. Por eso ya la sola presencia de la Iglesia puede incomodar frente a, por ejemplo, las divisiones, frente a la mentira, frente a una cultura de corrupción, frente a una situación también de confrontación entre hermanos.

De hecho, si nosotros hemos visto o hemos escuchado tanta noticia, este tiempo es increíble. Es increíble la confrontación entre bolivianos. La violencia entre bolivianos. La división que se ha ido haciendo de a poco, de a poco, de a poco. Y se ha ido anunciando como si fuera la solución de algunos. Es decir, como si tuviéramos que todos estar bajo sólo un régimen. Aquellos que no aceptan aquello, no aceptan esta ideología, son como enemigos.

El profeta está llamado a anunciar la Palabra de Dios y que somos un pueblo, por tanto, que debería manifestar la paz, que debería reconciliarse entre hermanos. Que deberíamos reconocernos como hijos e hijas de un único padre, no divididos; porque tenemos ideologías diferentes o porque podemos pensar diferentes. Por eso, si nosotros en la iglesia vivimos esta unidad, como se nos estaba anunciando la palabra, Somos probablemente aquellos que anuncia lo que realmente tenemos que ser como sociedad boliviana. Por tanto, la misión nuestra también es importante hoy en nuestro, en nuestro país. En medio de nuestras ciudades, de nuestros pueblos.

 Y es lo que el Señor Jesús en el Evangelio lo remarca. Jesús llamó a los doce y los envió de dos en dos. Vean, es Jesús. No son los doce que se autoproclama o se denomina. Es Jesús que los llama y los envía de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos, es decir, para hacer presente la Palabra de Dios, la alianza que Dios ha hecho ya con nosotros. A no olvidar que el Reino de Dios está presente en este mundo con todas sus características. Anunciando el amor y la salvación de todos y para todos.

Constituye 12, que representa las doce tribus de Israel del Antiguo Testamento, es decir, el Nuevo Pueblo de Dios. Doce es el número de totalidad. Quiere decir que el Señor nos llama absolutamente a todos y nos indica o nos da esta misión de ser sacerdotes, profetas y reyes. Esta es la misión también nuestra.

Hermanos míos, todos los que estábamos aquí, los acompañan a través también de nuestros medios de comunicación que están en casa. Dejemos que el Señor nos llame y nos constituye como Iglesia, anunciadores de su palabra. El Señor nos permita vivirla en esta unidad, en esta comunión, en esta fraternidad; para ser signo de que toda sociedad, también la sociedad boliviana, también la sociedad cochabambina, está llamada, justamente, ser la expresión del Reino de Dios en este mundo.

Que el Señor nos ayude. Que el Señor nos pueda dar a todos nosotros este espíritu de construir una nación también de paz. Una nación de reconocernos como hermanos y como hermanas, desechando ideologías o corrupciones, o desechando también sobre todo esta violencia incubado en nuestra sociedad. Denunciando que las confrontaciones fratricidas entre hermanos no es un mandato de Dios; sino más bien, construir el amor, la paz, la unidad y la justicia.

Amén

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