Arzobispo destaca la acción dignificadora y liberadora de Jesucristo sobre las personas e invita a imitarlo

Durante la homilía de este domingo 5 de septiembre, Monseñor Oscar Aparicio, recordó que el Señor está presente en la historia humana, buscando que cada persona se dignifique y sea libre, haciendo que cada uno salga de sí mismo y de sus egoísmos. Invitó con ello a ser imitadores de Cristo.

Monseñor Oscar expresó la importancia de tener el encuentro con Cristo, para que Dios accione en la vida de cada uno, y en esa respuesta de amor también nos asombremos, al colmo de nuestra admiración, porque reconocemos que Jesús todo lo ha hecho bien. A imagen de Él Nosotros también queremos tener esta actitud. Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Texto completo de la Homilía

He ido insistiendo todo este tiempo de esta continuidad de la Palabra de Dios, que a través de la liturgia y a través de todos estos domingos se nos va presentando esta gran figura de Dios como Padre, y la necesidad de hacer experiencia de aquello y descubrirlo como tal.

De hecho, vean que la primera lectura del profeta Isaías, otra vez es Dios que está presente Dios-Padre. Que el profeta tiene esta misión de mostrar a un Dios misericordioso que se abaja hacia su pueblo, que se preocupa de los suyos. Por eso dice: Digan a los que están desalentados sean fuertes, no teman. Ahí está su Dios. Si alguno está en esta situación de desaliento, de desánimo, de frustración, de crisis, de una situación exactamente, a veces, de no saber por dónde ir, sin muchas luces. No temas. Ahí está su Dios. Él mismo viene a salvarnos.

Es la actuación entonces mismísima de Dios que está presente en medio de nosotros, en las situaciones también, incluso de mayor adversidad, o de enfermedad o de muerte. Él viene a salvarnos. Y, de hecho, vean que esta palabra o esta frase de que Dios nos viene a salvar está resumida en el nombre de Jesús. Jesús, Dios nos salva, por eso la Palabra de Dios también hoy tiene toda una continuidad, porque de a poco, de a poco se nos va desvelando Jesús, el Jesús histórico, el Jesús que ha pasado en medio de este mundo.

Poco a poco lo vamos conociendo y vamos profundizando lo que es su persona. Por tanto, qué fundamental también a ser experiencia de Jesucristo nuestro Señor. Dios, que salva, Dios que libera. Dios que acude a nosotros. Dios que camina entre nosotros, que comparten nuestra mesa, que nos da su Palabra en la autoridad total y nos saca de nuestras esclavitudes. Jesús, que está presente, Jesús, Dios nos salva, también nos invita a entender esta experiencia real y verdadera de Dios Padre en medio de este mundo.

Por tanto, hermanos, yo les pido de seguro, que de verdad sea esto para todos y cada uno de nosotros. Profundizar el conocimiento de nuestro Señor Jesús a lo largo también de estos días y cómo la liturgia nos está acompañando.

Vean que hoy día se presenta el Evangelio de una manera muy singular. Jesús camina, o volvía de la región de Tiro, que pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea. Puede ser que para nosotros son un poco desconocidos estos lugares. Pero son históricos, son geográficos reales y verdaderos. Casi que me podría decir Jesús que volvía del Valle Alto por decir así, pasó por el Cercado el municipio de Cercado y se dirigió hacia Valle Bajo. Es decir, son lugares concretos. Tiro, Sidón, Galilea son lugares geográficos concretos, donde Jesús camina, donde Jesús anuncia la Palabra de Dios.

Y si, repito, actualizamos nosotros, esto, hoy para nosotros también es una verdad que está en nuestro territorio, en medio de nuestras calles. Entonces se le presentaron un sordo mudo, y le pidieron que le impusieron las manos. Sordo y mudo, no dice si es de nacimiento, pero lo que sí es verdad, el concepto de alguien que no puede hablar y alguien que no oye es alguien que está totalmente aislado. Y en el tiempo de Jesús era considerado muerto. Es alguien que no se puede comunicar, es alguien que está marginado, es alguien que de alguna manera no existe, porque vive en una intimidad total y una soledad única en el silencio de su yo.

Le presentan para que le imponga las manos, para que lo bendiga. Jesús lo separó de la multitud y llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Era la acción normal de un médico de aquel entonces. Jesús le toca los oídos. Jesús toca la lengua. Para saber cuál es su condición.

Y aquí viene lo maravilloso. Levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo. Si levanta los ojos al cielo es para acudir a Dios Padre. Y si le habla, aquel que no puede escuchar es para con su autoridad hacer presente y por su palabra aquello que después se realiza. Efatá, es decir. Ábrete

No sólo lo incorpora a la comunidad, lo incorpora a este mundo, lo incorpora prácticamente a la sociedad, lo incorpora a la comunidad religiosa. El que se abra los oídos y la lengua significa que Jesús no sólo tiene predilección por la persona humana, sino que quiere que la persona humana, tú, yo, salgamos de nosotros, de nuestra soledad, de nuestros egoísmos, de nuestro intimismo, de aquello que nos hace sufrir y abiertos a la Palabra de Dios podamos también proclamarlo como tal. Enseguida se abrieron sus oídos y se soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.

Hermanos, si nosotros descubrimos a Jesús, si tenemos experiencia de Jesús y que realmente Dios nos salva, es que es real y verdaderamente en medio nuestro, Jesús nos libera de las ataduras interiores que podamos tener. Jesús nos libera de nuestro egoísmo. Jesús nos libera de nuestro encerramiento. Jesús nos libera y nos hace partícipes de una comunidad y una sociedad. Nos invita a salir de nosotros mismos.

Jesús después, dice, le mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más proclamaban. Y en el colmo, es bella está esta frase, y en el colmo de su admiración, es decir, ya es demasiado, el colmo. Estamos colmados de admirados por lo que Jesús hace. ¿Y qué es lo que dice? Todo lo ha hecho bien. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Hermanos míos. Y nosotros también nos asombremos al colmo de nuestra admiración, porque reconocemos que Jesús todo lo ha hecho bien. A imagen de Él Nosotros también queremos tener esta actitud. Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

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