Arzobispo destaca trabajo conjunto por Cochabamba e invita ahondar esfuerzos para alivianar las cruces de los habitantes

Este 14 de septiembre, en la Catedral Metropolitana se celebró la Eucaristía “Te Deum” por los 211 aniversario de Cochabamba. Monseñor Oscar Aparicio remarcó la necesidad de trabajar por mejores días para el departamento, frentes a las crisis que agobian a esta sociedad. Con ello, valoró el trabajo que conjuntamente se viene realizando, pero invitó a que, entre todos, se pueda persistir en servicio, así como lo muestra Jesús en la Cruz, reflejo de amor inmensurable.

Mons. Aparicio, a tiempo de traer a memoria los acontecimientos históricos del grito libertario cochabambino, remarcó la celebración de la Exaltación de la Cruz; signo para el cristiano de la entrega hacia los demás. Con ello señaló que nuestra sociedad aún lleva cruces de sufrimiento y división, que necesitan ser alivianadas para llegar a una verdadera “exaltación”.

La Eucaristía fue concelebrada por Mons. Iván Vargas, y P. Antonio Alcocer, vicario General.

Texto completo de la Homilía

Señor gobernador de Cochabamba, don Humberto Sanches y su esposa. Señor alcalde del Cercado del municipio de Cercado, Manfred Reyes Villa, su esposa. Veo que están otros alcaldes, también de otras ciudades. Bienvenidos y un gran saludo. A todos los concejales también, un gran saludo. Autoridades que nos acompañan, autoridades civiles, religiosas, militares y de la policía. Quiero saludar también aquí al maestro Koichi Fuji y a esta orquesta y estos cantores que han querido solemnizar esta Eucaristía. Y les saludo, porque quiero resaltar su presencia y creo que de verdad que el arte, que la música nos pueda ayudar a bendecir o a decir a Dios, a ti la gloria. Muchas gracias por también esta participación. A todos ustedes, queridos hermanos y hermanas.

Son 200 años de conmemoración de la gesta libertaria de 1810. Lo sabemos todos. Fecha de la remembranza histórica y el valor de la batalla liberada por Francisco del Rivero y Esteban Arze. De hecho, el himno departamental menciona todo este valor libertario del pueblo Cochabambino, Además de la constancia y las ansias de progreso. Por tanto, casi que podríamos decir, en resumen, ¡que viva Cochabamba!

Presentamos nuestra intercesión por todos los que habitamos en este suelo y esta intercesión del pueblo. Pero una oración que se eleva a Dios. Lo hacemos con las autoridades. Lo hacemos en esta catedral, en la Iglesia Madre, para decir: a ti, oh Dios, la gloria, lo hemos hecho de manera muy particular, cantando, tocando, este Te Deum Laudamos. A ti la gloria, a ti, oh Dios, te alabamos y te bendecimos.

Esta es la razón para encontrarnos hoy, esta mañana, para agradecer profundamente a Dios, para celebrar la Eucaristía como pueblo de Dios, como creyentes, sabiendo que Él nos está acompañando. Porque la base de toda sociedad es justamente Dios mismo. Él nos regala la fe, que es un don, y por tanto nosotros queremos expresar esta presencia suya y decirle A ti, oh Dios, a ti la gloria y la alabanza, te alabamos y te bendecimos. Te Deum Laudamos.

Hoy también es una hermosa y feliz coincidencia que celebramos la fiesta de la Exaltación de la Cruz y una devoción muy extendida por todo el departamento, símbolo del cristianismo. La máxima expresión del amor de Dios hacia los seres humanos, quienes hemos sido considerados como el objeto fundamental de su atención y, por tanto, en nosotros aparece la manifestación más clara de la realización de su proyecto salvífico. De hecho, en la escena del Evangelio que hemos proclamado hoy, Jesús revela el plan de salvación de Dios en este plan. Había un punto difícil de aceptar, es decir que el Hijo del hombre debía morir en la cruz para luego resucitar. Jesús recuerda el episodio de la serpiente en el desierto. Este episodio del Antiguo Testamento es prefigura de antemano, de la suerte misma de Jesús. Curiosamente, en la frase central del Evangelio de hoy se sustituye el término mirar por creer quedando, para que todo el que crea tenga por Él vida eterna. Por tanto, se trata de contemplar creyendo, es decir, asumir en nuestras vidas.

Dios, en su gran amor por la humanidad, no dudó en entregar a su propio Hijo para su salvación. Las circunstancias históricas concurrieron para que la redención se realizara por medio de la cruz. A partir de este acontecimiento, la cruz se ha convertido en señal de salvación para todo el que cree que Jesús es el que redime al ser humano. El hombre y el dolor humano son asumidos por Dios. En la cruz de Jesús, Dios salva a su criatura.

La cruz, por tanto, reconcilia. La cruz no sólo es un símbolo material, sino la guía de nuestra vida. Pero si ser cristiano es seguir al crucificado, ¿por qué rehusamos seguir sus huellas? Sólo desde el amor se entiende esta entrega y sólo el amor hace posible convertir en alegría las mayores angustias de la vida. Para el creyente, la cruz se expresa como la consecuencia de seguir a Jesús y los valores del Evangelio.

La cruz representa también todo aquello que nos hace sufrir. Incluso ese sufrimiento que aparece en nuestra vida, generado por nuestro propio pecado, o manera equivocada de vivir.

De hecho, nuestro departamento hoy padece innumerables cruces que la agobian y ponen en el límite su fe y esperanza. Pensemos en los signos de muerte que se nos presentan. La gran crisis que seguimos viviendo a causa del flagelo de la pandemia. Problemas que nos desgarran como sociedad Cochabambina. Por ejemplo, la división, la inseguridad ciudadana, la violencia intrafamiliar, los casos de violencia y feminicidio. Una de las más altas del país. La venta y producción de drogas, los problemas de contaminación ambiental. la poca protección a niños y jóvenes. la migración e inmigración, la basura, la falta de servicios básicos que no llegan a todos, por mencionar solamente algunos de los problemas.

Peor todavía si nos enfrentamos con nuestras propias limitaciones o propias divisiones, como ser campo – ciudad, norte – sur o nuestros propios egoísmos, que nos encierran en nosotros mismos y nos hacen solo buscar nuestro interés y no el de todos. Son muchos problemas, muchos desafíos.

Por eso, hoy, la Palabra y esta festividad de la Cruz nos invita a contemplar a Jesús en la cruz. Nos impulsa a una dinámica de reconciliación. Nos impulsa a que renovemos nuestra vocación de servicio a este pueblo más necesitado. Ahondar aquello que de alguna manera se está haciendo, por ejemplo, enfrentar los problemas de manera unificada, coordinada, lo que se está haciendo. Yo quiero saludar esto, que es tan importante también para este departamento. Y el servicio que está injustamente plasmada en la cruz, porque la cruz en la entrega de Jesús, por tanto, toda autoridad, todo servidor lo hace en este amor y en esta dimensión también que Jesús mismo nos está haciendo.

He escuchado a muchos de ustedes, señor gobernador, como también tantos concejales, el señor alcalde, tantos otros concejales, todos aquellos que tengan alguna labor de servicio: Lo fundamental de amar a este pueblo y trabajar por este pueblo. Lo fundamental en la unidad del servicio, la importancia de aunar esfuerzos. Y creo que éste es la mayor alabanza que podemos también hacer a Dios. Porque si lo alabamos, le decimos a ti la gloria, oh Dios, lo hacemos en los hermanos y ejercemos un servicio importante también en nuestra sociedad.

Reconozcamos, pues, esto, aunque tenemos que seguir aunando, seguir trabajando en todo aquello que el Señor mismo nos invita hoy a través de su palabra y de su mensaje.

La iglesia en Cochabamba no sólo quiere colaborar con una tarea conjunta que enfrenta la solución a tantos problemas comunes, sino que también felicita y acompaña las acciones conjuntas de nuestras autoridades, que de alguna manera podría ser nuestra manera de exaltar las cruces propias y de la del Señor Jesús.

Para terminar, quisiera invocar la presencia y protección de la Virgen María, que Ella nos enseña el camino de la Cruz, para luego llegar a la vida que Jesús nos prometió. Pido a Nuestra Señora de la Merced que nos acompaña aquí en su imagen. Es la imagen histórica. La “Caudillo” algunos le llaman, la que acompaña nuestras gestas libertarias. Por tanto, que en esta imagen o a través de esta imagen, que María, nuestra Madre, vele por todos y cada uno de los cochabambinos, los que habitamos en esta casa común y por aquellos que nacieron en esta tierra y habitan fuera de las fronteras de nuestro departamento. Te Deum Laudamos, a ti, oh Dios, la alabanza y la gloria. Amén.

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