Arzobispo invita a alimentarse de la Palabra de Dios para fortalecer la vida, frente a las adversidades

Monseñor Oscar Aparicio, en este domingo de la Palabra de Dios destacó la importancia de la Escritura en la vida del pueblo, para fortalecer, animar a cada persona, pues el Señor se hace presente por el gran amor que tiene a sus hijos e hijas.

El Arzobispo de Cochabamba subrayó que “Dios se abaja a nuestras vidas. Dios nos ama profundamente”, expresando que el Señor dignifica siempre a cada hombre y mujer. Es un llamado, por tanto, a escuchar su Palabra, que da confianza, serenidad y paz frente a las dificultades que en la vida puedan existir. 

Texto de la Homilía

Uno se pregunta por qué el Papa Francisco ha querido que este domingo sea el domingo de la Palabra de Dios y no más bien el domingo del Espíritu de Dios o de Jesús que anuncia la Buena Noticia. Yo creo que, hermanos, la intención es muy buena si la meditamos muy bien. Porque la Palabra de Dios contempla la persona de Jesús y porque el Espíritu transmitido por Jesús o teniendo una infusión en Jesús, es justamente aquel que hace presencia en medio de nosotros y que tiene relación con esta Palabra. Y es el anuncio propiamente o el contenido de la buena noticia de la Palabra de Dios y de lo que Jesús ha traído al mundo.

Por tanto, pensándolo bien, creo que ciertamente tenemos que agradecer al Papa por esta bella intuición de decir que este domingo sea el domingo de la Palabra de Dios. Hubiera sido bello entronizar la Palabra de Dios. Sin embargo, es propiamente Jesús la misma palabra. Y vean que la Escritura que hemos escuchado, está mencionando absolutamente todo esto.

Si nosotros vamos a la lectura del libro de Nehemías, se trata del pueblo de Dios que retorna del exilio, muchos años de estar en el exilio. Sabemos que es un tiempo profundo de crisis, un tiempo donde no se sabe bien qué hacer, de una desorientación total. El pueblo no tiene ni estado, ni templo, ni religión, ni ejército, ni siquiera digamos considerada como nación, sino más bien dispersa en medio del exilio en muchos lugares y sometidos también a esclavitud, de alguna manera han perdido, no sólo la libertad, sino hasta la dignidad. Y esto durante mucho tiempo. Hoy, se anuncia más bien la liberación, se anuncia el retorno. Por eso yo no voy a repetir la Palabra de Dios. Sin embargo, cuando dice: No estén tristes. Es un anuncio de esperar en el Señor, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes.

Hermanos, a mí me impacta estas últimas palabras. Recordemos en el tiempo navideño. ¿Cuál era el mayor gozo de Dios? Es lo que se nos anunciaba, la mayor alegría de Dios son sus criaturas, somos nosotros. Por eso de ahí nosotros podemos también, fundamentados en este gozo, en esta alegría de Dios, también encontrar nuestro gozo y nuestra alegría hoy. Vean que es hermosísima la mención, porque dice No estén tristes. Más bien deben estar alegres. ¿Por qué? Porque la alegría de Dios, este Dios que los ama. Este Dios que se goza de ustedes. Este, este Dios que ha encontrado un sentido enorme, diríamos a su existencia. Porque ustedes, el pueblo de Dios, son este gozo o es el contenido, es el objeto de este gozo. Hoy deben estar alegres, porque esta alegría del Señor es la fortaleza de ustedes. Quién está entonces en crisis, quién está triste, acongojado, diríamos desorientado, con miedos y temores, enfermo, debilitado, escuche esta palabra. La alegría del Señor es su fortaleza.

 Si somos fuertes en el Señor, si tenemos serenidad y paz, si tenemos certidumbre en esta vida, es porque Dios ha encontrado la alegría en nosotros. Dios se abaja a nuestras vidas. Dios nos ama profundamente. Dios hace posible el retorno de su pueblo a que tenga también una dignidad.

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida, hemos dicho en el salmo y concluye justamente aquello que estamos diciendo. La Palabra de Dios, la presencia de Dios, el amor de Dios, la misericordia de Dios, la alegría de Dios que está presente en nuestra vida, es aquello que también nos hace decir a nosotros Señor, reconocemos tu presencia, reconocemos tu palabra y esta palabra son espíritu y vida.

Por eso, en el Evangelio se relata justamente aquello que es el fundamento también para nosotros. Hemos escuchado muchas veces este Evangelio, pero si ponemos también atención, vean cómo comienza el evangelista Lucas: Muchos han intentado relatar ordenadamente todo aquello que ha sido el cumplimiento de la palabra entre nosotros. Yo también, querido Teófilo, es decir, amante de Dios, es un hombre que nos pone también a nosotros en este sentido. Tú que quieres a Dios, tú que quieres responder a Dios, yo te digo, aquello que he sabido investigar o escuchado y ordenadamente lo quiero demostrar o lo quiero dar a conocer. ¿Para qué? Para que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido. ¿En qué consiste la palabra? ¿En qué consisten estas enseñanzas? ¿En qué creemos? No sólo lo que se nos ha anunciado, sino en lo que nosotros creemos. Y después relata la vida de Jesús, el inicio de la misión de Jesús. Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan y todos lo escuchaban.

Jesús fue a dónde, a Nazaret, el lugar donde había crecido. El sábado entró en la sinagoga, como de costumbre, porque allí escuchaba la palabra, porque ahí oraba, porque ahí ofrecía el culto junto con sus hermanos. Se levantó para hacer la lectura y le presentaron el libro del profeta Isaías. Es la Palabra de Dios, es el profeta que habla en nombre de Dios. Jesús, puesto en pie en medio, que, siendo la Palabra, siendo la misericordia de Dios, dirá: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”. Hermanos míos, vean que aquí propiamente está la síntesis de todo este Jesús que es la Palabra, que es el rostro misericordioso de Dios, que proclama esta Escritura. Él está lleno del Espíritu porque ha sido ungido por Dios.

La misión de Jesús, ¿Cuál es? que se escuche esta palabra en todo el mundo, sobre todo aquellos que más lo necesitan. La noticia que llegue a los pobres, a los desconcertados, a los sin sentido, a los ancianos, a los enfermos, a los hombres y mujeres solos, a los miedosos, a los en crisis, a los desorientados, a los hambrientos, a los encarcelados. Que esta palabra y esta buena noticia llegue, por tanto, a nosotros, es el contenido de la Palabra de Dios, de la presencia de Dios en medio de nosotros. Y al último vean la actitud. Jesús cerró el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Se sentó para demostrar, qué cosa, la autoridad que tiene, lo que pronuncia, lo que dice, lo que vive, lo que hace, tiene una autoridad justamente venida de Dios mismo. Por eso todos estaban con los ojos fijos en Él. Y Él comenzó a decirles y aquí está lo bello y lo sorprendente. Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.

Hermanos míos, la Palabra de Dios, Jesús, el Espíritu suyo, la Eucaristía que celebramos, el pan partido para la vida del mundo., hoy se ha cumplido entre nosotros esta Escritura o esta Palabra que acaban de escuchar se ha cumplido en medio de ustedes. Les invito, pues entonces, hermanos, a entrar otra vez en esta alegría de Dios que es nuestra fortaleza. Amén.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: