Arzobispo invita a la conversión con reconciliación y perdón, con puentes de amistad y amor, en ayuda mutua.

Monseñor Oscar Aparicio, en la homilía de este segundo domingo de adviento llamó a oír la voz del Señor, en este tiempo preparatorio a la navidad, que invita a un cambio de vida, para vivir en reconciliación y perdón, creando puentes de amistad y de amor, donde exista la ayuda unos a otros.

Expresó que en las dificultades y momentos de incertidumbre el Señor acompaña siempre y no se olvida de su pueblo. Invitó a vivir este camino de preparación a la navidad y al encuentro con el Señor. “Los invito, pues, entonces, hermanos, a acoger esta Palabra, a seguir en este camino, en este itinerario, también hacia la preparación de la Navidad, pero definitivamente al encuentro personal con el Señor, que es un poco toda la vida nuestra, debería ser toda la vida nuestra. Les deseo entonces un buen camino. Les deseo una buena conversión”.

Texto completo de la homilía

Segundo domingo de Adviento, iniciamos la segunda semana de este itinerario de fe, de preparación hacia la Navidad, hacia el nacimiento del Señor. Por eso ven que en esta hermosa corona también hemos encendido esta segunda velita para mostrar que ciertamente son cuatro, cuatro semanas que nos acompañan, de preparación, de Adviento hacia la Navidad.

Es un itinerario de gracia, un itinerario de escucha de la Palabra de Dios, un itinerario de ponernos en sintonía a lo que es también esta feliz espera, gozosa espera del Señor. La gran palabra, diríamos así, es esperanza, también para nosotros hoy que se nos anuncia.

Es un camino o un itinerario hacia lo que viene a ser ciertamente el nacimiento del Señor. Pero también son pasos que nosotros vamos haciendo con este recibir, propiamente, el mandato del Señor, dejarnos guiar por Él.

Vean que nuestro camino muchas veces puede ser tortuoso, puede ser difícil: como hay momentos también en los cuales podemos caminar, caminar llanamente. Es como cuando empezamos una peregrinación. Si subiéramos, por ejemplo, de peregrinos hacia el cerro San Pedro, donde está Cristo de la Concordia. Puede ser que al inicio vamos con mucha alegría, con mucho entusiasmo. A medida que el camino se hace más pesado, será más difícil. Y si todavía el subir a este cerro se hace cada vez más fatigoso y más penoso, ciertamente cuando llegamos a la cima podemos experimentar el gozo y la alegría de haber conquistado o haber llegado al fin.

Pero es un poco la muestra también de la vida normal, del camino del ser humano. Tenemos dificultades, existen un montón de obstáculos. Las adversidades se nos vienen también encima y es lo que experimenta el pueblo de Israel. Por eso es muy bella la Palabra de Dios cuando el profeta Baruc está anunciando a que tengan esperanza. Es un pueblo sufrido, es un pueblo caminante, es un pueblo peregrino; y sin embargo, escuchen lo que dice Baruc en nombre de Dios: Recibirás de Dios para siempre este nombre, Paz en la justicia y gloria en la piedad. Repito, porque son bellas las palabras o el nombre que le da al pueblo de Israel, Dios. Paz en la justicia y gloria en la piedad. Por eso el pueblo experimentando que lo que espera o lo que viene será bueno, dice: Grandes cosas, hizo el Señor con nosotros. O será lo que también San Pablo anuncia, y sobre todo en la última parte, cuando dice: Porque el que siembra, va con fatiga, pero luego, cuando cosecha, se alegra y rebosa de gozo.

Queridos hermanos, queridos hermanos, este segundo domingo de Adviento nos trae esta salvación. Este preanuncio anuncio de la salvación del Señor, del nacimiento del Mesías. Porque vean cómo el Evangelio menciona algo muy concreto, para nosotros puede ser un asunto de historia, o puede ser algo que no ponemos mucha atención. Pero escuchen bien, el año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea. No es un libro de historia, pero está mencionando algo que realmente ha acontecido en este mundo. Siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás.

El pueblo está sumido bajo el dominio del Imperio Romano y vean que todo de todo lado está sometido. Casi como que geográficamente decir son las cuatro regiones norte, sur, este oeste que dominan total y plenamente a este pueblo. E inclusive sometido está lo que pueden hacer las autoridades del mismo pueblo, Anás y Caifás. Más opresión que esto no puede existir. Es casi como experimentar otra vez la esclavitud en Egipto.

Dios dirigió su palabra a Juan. Aparece este gran personaje, Juan, el que vivía en el desierto, y dice concretamente: comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Como se había escrito en el profeta Isaías. Es decir, una voz grita en el desierto, preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Este tiempo de espera, este tiempo de feliz esperanza o de gozosa espera. ¿A qué nos está llevando? A estar dentro de los planes de Dios y lo que Dios mismo quiere proveer para nosotros. Allanar los caminos, aplanar los senderos. Si eso lo aplicamos a nuestra vida, significa que estamos llamados a la conversión de manera personal, a reconciliarnos, por ejemplo. A buscar el perdón, por ejemplo, a crear puentes de amistad y de amor, por ejemplo. Ayudarnos mutuamente, por ejemplo.

Y si lo aplicamos a la sociedad, a aquellos que proclaman la justicia o la verdad o defienden la vida, son aquellos que ponen su confianza en el Señor y los proclaman a los demás. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezado los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos.

Entonces, y aquí viene el hermoso y gran anuncio de este domingo de la Palabra de Dios, de este domingo y que nos invita a vivir toda la semana. Los hombres verán la salvación de Dios.

¿Por qué hacer un itinerario, un camino? ¿Por qué esforzarnos en que el Reino de Dios esté presente en este mundo? ¿Por qué decir Ven, Señor Jesús en este Adviento? ¿Por qué esperar algo? Porque justamente la salvación será vista y experimentada por los seres humanos.

Los invito, pues, entonces, hermanos, a acoger esta Palabra, a seguir en este camino, en este itinerario, también hacia la preparación de la Navidad, pero definitivamente al encuentro personal con el Señor, que es un poco toda la vida nuestra, debería ser toda la vida nuestra. Les deseo entonces un buen camino. Les deseo una buena conversión. Guarden en su corazón aquellas palabras y las promesas que el Señor nos hace, y les deseo, más todavía, que todos seamos testigos de ver la salvación de Dios, que se haga presente en medio nuestro. Amén.

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