Arzobispo llama a la conversión para vivir en amor, reconciliación y paz, con Dios, los hermanos y la creación

Iniciando el tiempo cuaresmal, Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba, en su homilía de este Miércoles de Ceniza, invitó a reconocer la fragilidad humana, que hace que se viva en pecado, con egoísmos, división y guerras. Con ello llamó asumir una conversión sincera, así retornar a Dios en el amor, asumir el cuidado de la casa común y buscar la reconciliación y paz, reconociendo a todos como hermanos; destacando el pedido de paz por Ucrania.

Monseñor expresó que, en este tiempo de cuaresma, es importante vivir la caridad, respondiendo al amor que Dios da y sea compartido con todos. Destacó además la actitud de la oración, que no sea egoísta: “Somos hermanos entre nosotros, llamados a extender relaciones de amor, de amistad. Llamados a rezar los unos por los otros. Llamados a solidarizarnos los unos a los otros. No en contra del hermano”.

Homilía de Mons. Oscar Aparicio

La Palabra de Dios hoy nos introduce en lo que es este tiempo de la Cuaresma y también este día particular del Miércoles de Ceniza. Vean que la primera lectura es un llamado a la conversión, a reconocer que somos pecadores al reconocer que erramos, que fallamos, que vamos por otro camino. De hecho, de hecho, pecado literalmente significa no dar en el blanco. Es como cuando pensemos en un arquero que está practicando tiro al blanco y falla o no da, no da en el blanco. Ciertamente es una figura literal, pero en realidad se nos está indicando propiamente que, si no estamos en el camino correcto, no estamos respondiendo a lo que Dios nos ha creado, que no estamos en el camino correcto, no somos justos o nos hemos desviado justamente de este camino, o hemos empezado a creer que a través de otras cosas viene la vida y la felicidad, nos equivocamos, erramos, pecamos.

No solo, por tanto, es un llamado de tipo moral y ético que ciertamente también puede resultar pecado. Pero en realidad se trata también de toda actitud que desconoce al amor de Dios o que desconoce a Dios mismo y le obedecen los planes. O es esta actitud concreta que ir es ir contra la misma naturaleza, ir contra esta causa común. O es ir contra los hermanos y contra sí mismo. Por eso es cierto que el llamado de la Palabra de Dios y el llamado de la Iglesia, hoy, es a reconocer que nos hemos equivocado, que hemos pecado y por tanto no estamos en el camino correcto, o no respondemos al amor profundo que Dios nos ha dado.

El equívoco más grande es propiamente desconocer a Dios. El equívoco más grande, por tanto, es desconocer una buena relación o no provocar una buena relación con los hermanos. Por eso uno que se reconoce pecador se reconoce limitado, se reconoce haber errado. Es aquel que se pone en camino de conversión. Hemos pecado, Señor, contra ti. Ten misericordia de nosotros, ten piedad de nosotros. Vean que es la primera actitud a la que este tiempo de Cuaresma nos está llamando.

Por otro lado, se menciona en un tiempo muy importante tiempo de gracia, de intensificar algunas actitudes fundamentales de la vida cristiana. Si estamos hablando del amor, hablamos de la caridad, caridad no solo se reduce a entregar una monedita. Caridad se reduce a justamente a este amor profundo que se manifiesta a Dios en respuesta al gran amor que Él nos ha dado, pero también se manifiesta en el amor a los hermanos. Por eso la guerra, la violencia, es algo brutal, que es propiamente un pecado de los más grandes que hay. Porque hemos sido creados para amar.
Hemos sido creados por la caridad de Dios, por el amor de Dios, para participar plenamente del amor de Dios y entonces peregrinar en este mundo, manifestando también este amor. Nuestra vida cristiana debería ser siempre aquella que responde al amor de Dios y se esfuerza por entrar en este espíritu de relación, de amor entre los hermanos, de amor, de perdón, de misericordia, de aceptación del otro.

El defender solo intereses personales, el solo manifestar el poder en contra del hermano, el entrar en actitudes que para beneficio personal o por placer personal destruye al otro, es pecado. La caridad es aquella que debería imponerse en este mundo, el amor.

Por otro lado, si es tiempo de gracia, si es tiempo bueno, es tiempo también de penitencia, de reconocer lo que somos frágiles, débiles, pecadores, que no siempre estábamos en el camino correcto. Que cuantas veces erramos y a veces sea por omisión, o sea también en conciencia. Porque nos rebelamos justamente a esta caridad y a este amor. Tiempo de vestirse de saco sayal y de imponer ceniza sobre nuestras cabezas. Vean que he sentido, por tanto, profundo tiene este miércoles de ceniza. Reconocemos nuestra fragilidad. De hecho, después de bendecir las cenizas, diremos o el celebrante dirá: “Conviértete y cree en el evangelio”, o dirá “Del polvo eres y al polvo retornarás.

Hermanos míos, no somos Dios, por más que queramos expresar el gran poder, definitivamente no somos dioses, somos frágiles. Del polvo nacemos y al polvo retornaremos. Hay una necesidad imperiosa de retornar nuestros pasos al camino de Dios, de retornar a la caridad y al amor. Por eso, otra vez la guerra, la violencia, la matanza es propiamente un llamado contrario a lo que Dios nos está diciendo hoy. Ya tiene gran razón el Papa Francisco de dedicar este día, hoy en la Iglesia universal a la oración, al ayuno, a la penitencia por la paz en Ucrania.

Queremos estar también nosotros presentes en esta situación y todos, aunque esté lejos, nos aterra la situación que se está viviendo. Queremos pedir por la paz. Si nos vestimos de saco y sayal e imponemos las cenizas en nuestra cabeza, es también para reconocer ciertamente nuestra fragilidad y a ser un clamor público al mundo entero que lo que queremos es paz y no violencia y muerte. No a la guerra.
Tiempo de oración. Tiempo de escuchar a Dios. Oración más que todo y sobre todo significa esto, ponernos a la escucha de Dios. Abrir el corazón, abrir los oídos a su Palabra, a lo que Él nos ha llamado. Somos creaturas suyas, somos amados por Él. Somos aquellos que peregrinamos en este mundo, que terminará un día esta peregrinación, pero estamos llamados a participar de la gloria de Dios. Por tanto, somos creados para la eternidad. Queremos escuchar entonces aquello que Dios nos dice, queremos nuevamente renovar la fe. Queremos renovar nuestro camino y nuestra obediencia a un Dios que nos hace hijos e hijas de un único padre.

Somos hermanos entre nosotros, llamados a extender relaciones de amor, de amistad. Llamados a rezar los unos por los otros. Llamados a solidarizarnos los unos a los otros. No en contra del hermano. No en contra del hermano. Por eso, todo juicio tiene su parte contraria, porque va en contra de alguien. Por eso toda herida que hagamos al medio ambiente tiene su contrario justamente a lo que puede significar la preocupación por el otro. Por eso, todo acto que va en contra de sí mismo, de la naturaleza, del hermano y de Dios, es pecado. Que sea, pues, el Señor que nos ayude entonces en estas actitudes de oración, penitencia y ayuno, de caridad profunda, a que en esta Cuaresma nosotros podamos incrementar todo aquello.

Hoy queremos reconocer nuestra limitación. Somos pecadores y piden y pedimos perdón y misericordia. Hoy queremos que se nos imponga la ceniza para reconocer esta limitación nuestra y ser llamados a la conversión y ser llamados a conciencia de que somos limitados y pedir misericordia de Dios. Hoy rezamos y ayunamos por la paz en Ucrania. Amén.

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