«Cómo enfrentar la crisis actual: únicamente en el amor a Dios y al prójimo» Mons. Oscar Aparicio

A pocos domingos de concluir el año litúrgico, el Señor, a través de las Sagradas Escrituras, es desafiante para no vivir nuestra fe solamente de palabras sino de acciones. En particular, este domingo nos invitó al amor, amar a Dios así como Él nos ama y poder derramar ese amor en el hermano, buscando también ser el prójimo para el otro; allí radica el bienestar la solución a las dificultades y crisis, como lo expresó Monseñor Oscar en la homilía.

Monseñor comenzó rescatando las enseñanzas de Nuestro Señor, mediante las actitudes de Jesús frente a las controversias o preguntas de los fariseos en aquel entonces. Asimismo, recordando el mensaje del anterior domingo “Dios hace la elección, Dios regala la vocación, Él es el que convoca, Él es el que elige y se nos invitaba a una disponibilidad total. A nosotros nos toca aquello, nos toca ponernos en esta apertura de un Dios que hace su obra”, dijo Nuestro Pastor, haciendo énfasis en que durante las situaciones que acontecemos debemos poner todo en su justo lugar. 

Muchas veces nos enfrentamos a nuestras propias limitaciones para poder llegar a ser justos como Nuestro Señor. En una mayoría nos enfrentamos con la incapacidad de amar inclinándonos o realizando actitudes que van en contra de la enseñanza que Él nos dejó, Amarnos los unos a los otros. Nuestro Pastor nos hace nuevamente presente “El Señor nos da la capacidad de reconciliarnos, esta en los planes de Dios, en la norma de Dios, en el deseo de Dios mismo que nosotros podamos crecer en este amor”.

Hoy la Palabra nos muestra nuevamente ese Amor, ese llamado del Señor para con nosotros. Una vez más estamos llamados a tener disponibilidad plena para la invitación de Nuestro Señor y hacer crecer su Reino como hijos verdaderos. Mons. Aparicio, dijo: “estamos todavía en este mes misionero, somos débiles, frágiles, amados por Dios y enviados a proclamar su Palabra. Bien hermanos, aquí radica nuestra grandeza en la capacidad de reconciliarse, de perdonarse y de mirar a los demás como tales, es decir, como hermanos e hijos e hijas de un único padre”.

Tomemos en cuenta para esta invitación la respuesta el salmo de este domingo “Yo te amo Señor mi fortaleza”, frase destacada por nuestro Pastor: “Si Dios nos ama tanto, estamos dispuestos también a amar y reconocer una cosa en este amor, en esta respuesta: En un Dios que nos ama profundamente esta nuestra fortaleza”. 

No olvidemos el primer mandamiento y más importante que el Señor nos entrego “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”, es decir, amaras con toda tu vida, tus pasiones en especial con todo tu ser y hacer. Esta es la respuesta que Jesús da a los fariseos en las lecturas de hoy. Mons. Aparicio nos recuerda: “La cruz, si notros la observamos, el máximo amor presente en este mundo es la de Jesús. Que nos ha amado hasta el extremo de dar la ultima gota de su sangre; y muere, con la cabeza miranda al cielo y los pies pegado a la tierra. Es decir, en esta verticalidad del amor de Dios presente en este mundo y la respuesta del ser humano. Pero con los brazos abiertos en esta manifestación horizontal que se traduce en el amor a los hermanos, en esto radica la Palabra hoy.”

La construcción de un país, la respuesta a las crisis que enfrentamos (internas y externas) radican en nuestra capacidad de amar. Es por esto que Nuestro Pastor al final nos recalca: “Radicara en esta capacidad de respuesta al amor de Dios y la capacidad de amarnos los unos a los otros creando una comunidad de fe, de amor y de fraternidad”.

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