CREO EN JESUCRISTO, HIJO ÚNICO DE DIOS

Siguiendo la formación con base en el Credo presentamos este tema para conocer lo que significa el misterio de la encarnación, valorar la importancia de este acontecimiento en la historia de la Salvación. Descubrir las implicaciones que se deducen para la vida personal y de la comunidad cristiana.

1. JESÚS ES EL MESIAS (EL CRISTO)

Los cristianos confesamos que Jesús es el Cristo. Muy pronto las dos palabras de esta confesión de fe “Jesús” y Cristo”, se fundieron en una. Jesucristo, con la que desde los tiempos del Nuevo Testamento venimos nombrando a Jesús.

Jesús quiere decir en hebreo “Dios salva”. En su nombre está su identidad y su misión. En efecto, a lo largo de todo el Antiguo Testamento se repite la promesa de que Dios mismo, en persona, salvará definitivamente a su pueblo y a toda la humanidad.

Mesías quiere decir “ungido”. En Israel eran ungidos en nombre de Dios los elegidos los consagrados por el Señor para ejercer una misión señalada en su pueblo. Eran ungidos los reyes y los sacerdotes. Muy excepcionalmente lo eran los profetas.

Jesús no fue ungido o consagrado en una ceremonia, con aceite como otros elegidos de Israel. Su unción y consagración eterna fue manifestada en los comienzos de su ministerio público. En su bautismo por Juan, cuando “Dios lo ungió con el Espíritu Santo y con poder” (Hch 10,38), para presentarlo a Israel. Así Jesús es el Mesías prometido, el Ungido por excelencia.

Jesús tuvo conciencia de ser el Ungido de Dios, el Mesías, pero recibió y aceptó este título de otros con reservas y no permitió su divulgación. Para el desempeño de su misión, Jesús renuncia al poder político y a toda violencia e ignora el nacionalismo propio de ese tiempo, pues el Reinado de Dios que él representa, está abierto a todas las gentes.

Jesús es un Mesías muy diferente del soñado por gran parte del judaísmo de su tiempo. Su mesianismo es el propio del Hijo Único de Dios que, en su amor y obediencia filiales al Padre, siguió el camino trazado por Dios hasta su muerte de cruz.

2. JESÚS ES EL SEÑOR

Esta es una de las más importantes confesiones de fe cristiana. Pablo resume el mensaje de la fe de este modo: “Porque si proclamas con tu boca que Jesús es el Señor y crees con tu corazón que Dios lo ha resucitado de entre los muertos, te salvarás” (Rm 10,9).

En el Antiguo Testamento se le llamaba a Dios, Yahvé, este nombre se traduce al griego por Kyrios, que en castellano significa Señor. A Jesús le pertenece el mismo honor, alabanza, gloria y poder que a Dios Padre. Ante Jesús, resucitado y exaltado, doblan su rodilla en adoración y le proclaman Señor todos los seres (Fil 2, 9-11; Is 45,23). Nadie que ponga su confianza en el Señor, quedará decepcionado. Todo el que invoque el nombre del Señor, se salvará.

Jesucristo, único Señor de los cristianos

En un mundo, en que tantos poderes reclaman de los hombres sometimiento, los cristianos reconocemos un único Señor, Jesucristo, mediador de la creación y de nuestra salvación, así como creemos en un solo Dios Padre, principio y fin de todos los seres. (Cfr 1Cor 8,6)

Pablo les dice a los cristianos: “todo os pertenece, el mundo, la vida, la muerte, lo presente y lo futuro; todo es vuestro; pero vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios” (Cfr. 1 Cor 3,22).

A nada ni a nadie puede someterse incondicionalmente el cristiano, si no es a su único Señor. Someterse a su Señor, constituye para el cristiano su bien supremo, su gozo y libertad. Sometido a su Señor, el cristiano queda libre frente a todo poder terreno. Pero la libertad cristiana tiene su modelo e inspiración en Jesús, quien se sometió y sirvió libremente por amor.

3. JESÚS ES VEDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE

“Concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen

Misterio de la Encarnación.

La Anunciación a María inaugura “la plenitud de los tiempos”, es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos. María es invitada a concebir a Aquel en quien habitará “corporalmente la plenitud de la divinidad” (Col. 2,9). La misión del Espíritu Santo está siempre unida y ordenada a la del Hijo. El Espíritu Santo fue enviado para santificar el seno de la Virgen María y fecundarla por obra divina.

Juan, en el Prólogo de su evangelio del Hijo único de Dios a quien llama ahí mismo el Verbo, confiesa: “Y el Verbo se hizo carne, y acampó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14)

El misterio de la encarnación es central en la fe cristiana, la caracteriza y la distingue de cualquier otro credo religioso. La encarnación es un acontecimiento que tuvo lugar en un tiempo determinado de la historia, pero su origen está absolutamente más allá de todo el universo. Ha sucedido una única vez y para siempre. Dios: se ha unido a través de su Hijo definitivamente con el hombre y con su creación. Dios no dejará de ser nunca “Dios con nosotros”.

El Verbo se encarnó para:

  • Que nosotros conociéramos así el amor de Dios ( 1 Jn 4,9)
  • Para ser nuestro modelo de santidad (Mt 11,29; Jn 14,6)
  • Para hacernos partícipes de la naturaleza divina (2 Pe 1,4;

En el Credo Niceno-Constantinopolitano respondemos confesando: “Que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”.

Esta expresión de fe nos presenta a Cristo como verdadero Dios Hijo del Padre y, al mismo tiempo, como verdadero Hombre, Hijo de María Virgen. Debemos preguntarnos qué significa verdadero Dios y verdadero Hombre: Esta es una realidad que se desvela ante los ojos de nuestra fe mediante la autorrevelación de Dios en Jesucristo y dado que ésta –como cualquier otra verdad revelada- sólo se puede acoger rectamente mediante la fe.

Jesucristo hablaba a menudo de sí, utilizando el apelativo de “Hijo del Hombre” (Mt 16,28; Mc 2,28). Dicho título estaba vinculado a la tradición mesiánica del Antiguo Testamento, en efecto, deseaba que sus discípulos y los que le escuchaban llegasen por sí solos al descubrimiento de que “El Hijo del Hombre” era al mismo tiempo el verdadero Hijo de Dios. De ello tenemos una demostración muy significativa en la profesión de Simón Pedro, a la que Jesús confirma su testimonio llamándolo “Bienaventurado tú, porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre” (Mt 16,17) Es el Padre, el que da testimonio del H o porque sólo El conoce a H o (C r Mt 11,27).

Esta pues claro que, si bien Jesús hablaba de sí mismo sobre todo como del “Hijo del Hombre”, sin embargo, todo el conjunto de lo que hacía y enseñaba daba testimonio de que Él era el Hijo de Dios en el sentido literal de la palabra: es decir, que era una sola cosa con el Padre y, por tanto: también Él era Dios, como el Padre. Veamos algunas afirmaciones de Cristo relativas a este tema:

“YO SOY” en contextos muy significativos.
“antes que Abraham naciese, YO SOY (Jn. 8,58)
“Si no creyeres que YO SOY, moriréis en vuestros pecados” (Jn 8,24)
“Cuando levantéis en alto al Hijo del Hombre, entonces, conoceréis que YO SOY” (Jn 8,28)
“Yo y el Padre somos una misma cosa” (Jn 10,30).

Ante Cristo, Verbo de Dios encarnado, unámonos también a Pedro y repitamos con la misma elevación de fe “Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16).

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