CREO EN UN SOLO DIOS PADRE

Iniciamos una etapa de formación cristiana, a partir de nuestra profesión de fe, el Credo. Con ello queremos acompañarte en tu hogar para profundizar en lo que creemos. Lo haremos los lunes, miércoles y viernes.

  1. UN SOLO DIOS

Dios toma la iniciativa.

Desde siempre el hombre ha buscado a Dios, movido por su sed de vida, de seguridad, de justicia, de fidelidad… en realidad, sin que el hombre fuera siempre consciente. Dios mismo le ha iluminado y sostenido, atrayéndole hacia Si por los más variados caminos de la religión y de la cultura.

Cuando hablamos de Dios, los cristianos hablamos de Alguien que ha tomado la iniciativa para comunicarse con los hombres como afirma el Concilio: “Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad (Cfr. Ef 1,9); por Cristo, la Palabra hecha carne y con el Espíritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina” (Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 2)

En la Revelación, Dios se desvela a sí mismo

La revelación es, ante todo, la manifestación y comunicación personal de Dios mismo, que ha querido darse a conocer al ser humano y comunicarle sus sentimientos e intenciones en una historia concreta. Dios ha querido darnos a conocer su intimidad, su ser trinitario:

Dios se revela como Padre que comunica su designio salvador en el Hijo por el Espíritu Santo.

La Revelación se realiza mediante obras y palabras.

Dios ha hablado y habla a los hombres. Se ha manifestado utilizando el medio humano de comunicación por excelencia: la Palabra. La revelación, como encuentro interpersonal entre Dios y los hombres, ha inaugurado un diálogo que atraviesa los siglos. Y culmina en la Encarnación de su Hijo, la Palabra eterna y definitiva de Dios a los hombres.

Esta palabra de Dios es eficaz, realiza siempre aquello que significa (palabras y obras) Por ello, las palabras dirigidas por Dios a los hombres van siempre acompañadas por sus acciones salvadoras realizadas en la historia a favor de los hombres.

Dios interviene en la historia y declara el sentido de su intervención; habla acerca de sí mismo y de su voluntad para los hombres, y verifica en la historia la veracidad de sus palabras. De este modo, a través de los acontecimientos y de las palabras, se desarrolla la trama de la historia concreta en la que Dios mismo, libremente, lleva adelante su diálogo con los hombres y los hace capaces de responderle, de acoger su presencia y participar en su vida.

Lo que dice Dios de Sí mismo.

La Sagrada Escritura nos habla de Dios al relatarnos la historia de Dios con los hombres y cuando nos describe, mediante hechos y palabras, lo que Dios es, quiere y hace por los hombres. Lo que Dios nos dice de sí mismo y hace en favor de los hombres.

La Historia de Dios con los hombres comienza con la elección de Abraham, al que promete la posesión de una tierra y una gran descendencia.

Con Moisés y la alianza comienza un momento decisivo de la historia de amor y gracia entre Dios y los hombres. Israel experimenta continuamente que Dios está con él y su nombre es “Yo soy el que soy” (Éx 3,14).

Yahvé, el Dios de Israel, es un Dios vivo, que ve la miseria del hombre, escucha sus clamores, se interesa por su vida, le guía y salva, abriendo la vida y el camino del pueblo a una nueva historia.

Desde la experiencia de la fe de Israel en Yahvé Dios, se va descubriendo y perfilando quién es Dios a través de múltiples imágenes.

  • El Señor es la roca, la fortaleza (Cfr. Sal 18)
  • Es único e incomparable (Is 49,18)
  • Trasciende todo lo humano y terreno, por eso es “El Señor” de los señores (Sal 8,2)
  • Es un Dios Santo, porque está más allá del mundo y de lo creado; su gloria llena la tierra (Is 6,3)

Atributos de Dios

Desde la revelación de su nombre a Israel hasta la revelación del Dios-Amor en Jesucristo,

la Sagrada Escritura va desgranando y presentándonos todos los atributos de Dios.

  • Lo conoce y lo sabe todo:
  • Lo puede todo, pero su omnipotencia no consiste en coaccionar o en oprimir, sino en defender los derechos del hombre contra la injusticia u opresión, porque es el Dios Justo que cumple siempre sus promesas por ser fiel y veraz.
  • Se vuelve hacia los pequeños, pobres, huérfanos y viudas.
  • Perdona los pecados e infidelidades, porque es un Dios de bondad y misericordia.
  • Su amor y su justicia no se oponen entre sí, pues si por amor Dios acepta incondicionalmente al hombre, este amor incluye la justicia por la que Dios hace justo al hombre pecador.

DIOS, PADRE

En el antiguo Testamento no aparece nunca la idea de Dios Padre del individuo, sino Padre del Pueblo. “Hijos sois de Yahvé vuestro Dios…Eres un pueblo consagrado a Yahvé tu Dios; Yahvé te ha elegido entre todos los pueblos de la tierra para que seas de su propiedad.” (Dt 14, 1-2)

Dios, Padre misericordioso, restituye en la condición de hijos.

Si Yahvé se queja de la conducta de sus hijos es por ver cómo ellos se alejan de su propio bien. Quizás se ha insistido en demasía en el honor ofendido de Dios y mucho menos en la ruptura de una relación filial con el propio Dios Padre. La querella que Dios entabla con su pueblo, acaba siempre con una invitación al perdón.

Reconocer la maldad o el pecado no es suficiente para conseguir el perdón; lo importante es restablecer la relación filial, que reconoce el amor paterno y ya no teme el castigo, pues es muy superior la confianza en el perdón del padre:

“Y sin embargo, Señor, tu eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero, somos todos obra de tus manos. No te excedas en la ira, Señor, no recuerdes siempre nuestra culpa, mira que somos tu pueblo” (Is 64, 7-11).

El afecto de Dios por su hijo, se expresa en el perdón que concede al hijo que reacciona ante la corrección divina:

“No nos trata como merecen nuestros pecados… Como un padre se enternece con sus hijos, así se enternece Yahvé con sus fieles. Pues El conoce nuestra condición y se acuerda de que somos barro” (Sal 103, 10.13-14)

DIOS, PADRE DE JESUCRISTO Y PADRE NUESTRO.

La revelación absolutamente nueva de Dios como Padre, acontece en Jesús. Es decir, en continuidad con el Antiguo Testamento, Jesús nos da una imagen de Dios totalmente nueva y perfecta: Dios es su Padre.

Es en el Nuevo Testamento, cuando Jesús nos revela que Dios es Padre en un sentido nuevo y sorprendente: el hombre había perdido la comunión con Dios a raíz del pecado.

Jesucristo recupera para el hombre esa relación y después de El podemos llamar a Dios “Abba”,… con esta expresión mostramos absoluta confianza en El, intimidad y cercanía. Somos hijos en el Hijo, Jesús es Hijo por naturaleza consubstancial al Padre y nosotros lo somos por adopción en el Hijo. (Cfr. Gal 4, 4-7; Rm 8, 14-7).

Esta realidad del hombre hijo de Dios, le implica reconocer a los demás hombres como hermanos todos hijos de un mismo Padre. Sólo Jesús conoce al Padre en su identidad más verdadera y sólo El lo puede revelar “Nadie conoce al Padre más que el Hijo” (Mt 11,27). Su misión consiste precisamente en dar a conocer a los hombres su nombre y glorificarlo.

Por medio de Jesús, el Padre se manifiesta como amor sin límites: ama a los justos y pecadores, a los que sufren y a los oprimidos, a los que maldicen y persiguen, perdona incluso a los asesinos de su Hijo. Jesús mismo lo recibe todo del Padre: “Todo me lo ha entregado mi Padre” (Mt 11,26), incluso las obras que realiza y lleva a cabo son las que el Padre le ha encomendado, hasta el punto que afirma:

 “El que me ve a mí ve al Padre. ¿Cómo me pides que os muestre al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que os digo no son palabras mías, es el Padre, que vive en mí, el que está realizando su obra. Debéis creerme cuando afirmo que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (Jn. 14, 9-11).

ORACIÓN DE ABANDONO AL PADRE

Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras.
sea lo que sea, te doy las gracias
estoy dispuesto a todo, con tal que tu voluntad
se cumpla en mí y en todas tus criaturas.
no deseo nada más.

Padre te encomiendo mi alma, te la entrego
con todo el amor de que soy capaz
porque te amo y necesito darme
ponerme en tus manos sin medida
con una infinita confianza
porque Tú eres mi Padre. Amén

Charles de F.

diocesisdecanarias.net/

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