Cuaresma tiempo de conversión, en ayuno, oración y caridad

con el miércoles de ceniza la iglesia inicia el tiempo de cuaresma, desde la catedral Metropolitana de San Sebastián, Mons. Oscar Aparicio, arzobispo de la arquidiócesis de Cochabamba nos invita a: “Vivir la Cuaresma con la mirada puesta en Dios en oración, ayuno y caridad”

Cuaresma tiempo de conversión en preparación hacia la pascua del Señor

Debemos estar en esta fase de preparación par que cada uno de nosotros hallemos la reconciliación con Dios, el mundo y nosotros mismos, es un tiempo de salida y encuentro con Dios y su Gracia.

Vivir con la actitud de ayuno, caridad, oración y penitencia

  • Ayuno: es importante y fundamental, una entrega y aislamiento del materialismo dirigiendo la mirada a Dios, tengamos hambre del señor
  • Caridad: es el amor, la atención en favor de quienes más lo necesitan, no ser consumistas sino al contrario ser quienes damos de comer a quienes no tienen. Nuestra atención a los demás hacia el otro permita crear una sociedad de bien.
  • Oración: no sean como los hipócritas, ustedes oren en silencio para escuchar a Dios, realizar una autoevaluación para reconocer donde hemos fallado, como personas, como autoridades, como sociedad, pidió no justificar lo malo sino al contrario orar y seamos iluminados para consolidar una conversión en la verdad
  • Penitencia: debemos reconocer que necesitamos ayuda, reconocer el daño que hemos provocado en nuestro entorno.

Con la imposición de las cenizas durante la celebración de hoy, miércoles, se inicia una estación espiritual -un tiempo litúrgico- particularmente relevante para todo cristiano que quiere prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

DATO:

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico al que se denomina “Cuaresma” está marcado por el mensaje bíblico que puede resumirse en una sola palabra: μετανοεῖτε, metanoeite, es decir «convertíos», o, literalmente, “cambiad vuestra forma de pensar”.

Este imperativo es propuesto a los fieles mediante el rito austero de la imposición de la ceniza, el cual, con las fórmulas «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 15) y «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás» (Gén 3, 19), invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión -la transformación de la mente-, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes hasta lo eterno, a aquello que no pasa jamás: Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de «conversión» es, así mismo, la palabra «penitencia»: penitencia entendida como cambio de mentalidad; penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.

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