DIOS, TODOPODEROSO, CREADOR DEL CIELO Y TIERRA

Continuando con nuestros temas de formación, en torno al credo, reflexionamos y reconocemos a Dios Todopoderosos, creador del cielo y tierra. Reconocer la grandeza y majestad de Dios, y de no ser por nuestra fe en que el amor de Dios es todopoderoso. Descubrir que el mundo ha sido creado para la gloria de Dios.

  1. PADRE TODOPODEROSO

La confesión de fe de la Iglesia comienza confesando a Dios como Padre. Esta primera afirmación de la profesión de fe es, al mismo tiempo, la más importante. Junto a esta confesión, la fe cristiana añade “todopoderoso”, poniéndolo en relación con el Título de Padre.

La confesión de Dios como “Padre Todopoderoso”, quiere significar que el poder de Dios no es un dominio arbitrario y caprichoso sobre el mundo, los hombres y los acontecimientos, sino que expresa realmente la total y absoluta soberanía de Dios lleno de amor y de bondad

La omnipotencia de Dios

Confesar la omnipotencia de Dios significa que:

• La realidad del mundo no es confusión y caos (aunque a veces lo parezca)

• El mundo, los hombres y la historia no son fruto del azar o de la casualidad

• No somos marionetas dirigidas por una mano invisible

• No estamos en manos de un destino incontrolable e impersonal

• Dios no es proyección de nuestra debilidad o de nuestras necesidades.

La confesión de fe en un solo Dios, Padre Todopoderoso:

  • Describe a Dios como origen último, universal Y trascendente y como fuente creadora de vida.
  • Expresa la superioridad y dominio de Dios sobre todo lo terreno y lo celestial.

“Dios Todopoderoso” es el Señor de lo pasado y lo futuro, de lo que existe y de lo que sucede, de las cosas y de los hombres, del mundo y de la historia. Le reconocemos como Ser omnipotente que:

  • Todo lo crea, cuida y guía, que tiene en sus manos el mundo y la historia
  • Los hombres no son sus esclavos, sino sus hijos y sus amigos.
  • Llama a la existencia lo que no existe
  • Es capaz de hacerse débil para salvarnos a los hombres.

DIOS, CREADOR

Las afirmaciones de la fe cristiana en Dios creador las encontramos en las primeras páginas del Antiguo Testamento. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el A.T. nos ofrece dos relatos de la creación. (Gen 1,1-2; 2,4-25)

En los dos relatos se expresa un contenido que es el resultado del camino de Dios con su pueblo, Israel, y presenta una verdad de fe revelada.

Los cristianos, cuando confesamos que Dios es creador, queremos afirmar que:

  • El mundo no es fruto del azar, Dios lo ha creado, elegido y amado. “Porque tú has creado el universo, por tu voluntad, no existía y fue creado” ( Apoc. 4,11)
  • En la palabra creadora de Dios se funda la verdad y el sentido de lo creado. “Todo lo creaste con tu palabra” (Sb 9,1)
  • Las cosas proceden de la bondad de Dios y participan de ella “Y vio Dios que era bueno”
  • Dios crea con plena soberanía. “Y dijo Dios…hágase…y fue hecho” por eso, para expresar el carácter único de la creación de Dios, la Sagrada Escritura y la doctrina de la Iglesia hablan de la creación de “la nada”.
  • El primer sentido de la creación, es para la gloria de Dios y como la gloria de Dios es la gloria de su amor, la gloria de Dios es la salvación del hombre.

La fe en Dios creador no incluye solamente el acto de la creación realizado una vez para siempre. Esta incluye, al mismo tiempo, la conservación del mundo por parte de Dios. En la conservación del mundo, el acto de la creación se hace siempre presente: Dios lo cuida todo, lo sostiene todo, da vida a todo. Sin la continua conservación de Dios, el mundo, las cosas, volverían a la nada. El soplo de su Espíritu rodea y penetra las criaturas, las sostiene y las hace vivir.

DEL CIELO Y DE LA TIERRA

En la Sagrada Escritura, la expresión “cielo y tierra” significa todo lo que existe, la creación entera: las criaturas espirituales y corporales. Y para determinar y concretar el sentido de estas palabras, el credo las interpreta diciendo: “de todo lo visible e invisible”.

Lo visible: la tierra

La tierra es el espacio vital del hombre, el mundo material que Dios ha puesto en manos del hombre, el espacio de su existencia, la morada en que habita. Precisamente por eso, la tierra, su hermosura y su aprovechamiento son causa de la alabanza y de la acción de gracias a Dios.

Pero también son motivo y razón de no considerarla tan sólo como materia de explotación sin límites, de consumo egoísta e incluso de injusta repartición de los bienes y de la riqueza del mundo.

Lo invisible: el cielo – los ángeles

Junto con la tierra (visible), Dios ha creado el cielo (invisible). Con ello, afirmamos que el mundo es “algo más” de lo que afirma el materialismo.

Para la Sagrada Escritura, solo Dios es el cielo del hombre, es decir, sólo Dios y sólo en Dios encuentra el hombre la plenitud de sus deseos y ansias más profundas. El cielo está donde está Dios y donde está Dios, allí está el cielo.

En consecuencia, el cielo está donde Dios nos sale al encuentro y está cerca de nosotros. En el Nuevo Testamento “reino de los cielos” es una expresión equivalente a “reino de Dios”

La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe y cuando el credo afirma que Dios creó el cielo, se refiere también a estos seres que están especialmente cerca de Dios y le glorifican perpetuamente.

Los ángeles son:

  • Seres espirituales, no son materia, por lo tanto, son inmortales
  • Tienen inteligencia y libre voluntad, muy superior al hombre
  • Viven en sociedad, se dividen en órdenes y grados (serafines, querubines, etc.)
  • Su misión: celebración de la Gloria de Dios. (Sal 148). Toman parte del gobierno de Dios sobre la creación.

Los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque “contemplan constantemente el rostro de mi Padre que está en los Cielos” (Mt 18,10). Son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal 103,20).

Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles” (Mt 25,31). Le pertenecen porque fueron creador por y para Él” (Col. 1,16).

Desde la creación y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (Cfr. Gn 3,24). Protegen a Lot (Cfr. Gn 19), salvan a Agar y a su hijo (Cfr. Gn 21,17), detienen la mano de Abraham (Cfr. Gn 22,11) anuncian nacimientos (Cfr. Jc. 13) y vocaciones (Cfr. Is 6,6), asisten a los profetas (Cfr. 1 R 19,5). Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y del mismo Jesús.

Dios creó al hombre a su imagen.

A imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó. En los dos relatos de la creación el hombre aparece como culminación de la creación y como centro de la misma.

El hombre es un ser creado.

El salmo 139 dice: “cuando en lo oculto me iba formando y entretejiendo en los más profundo de la tierra, tus ojos veían mis acciones, se escribían todas en un libro, calculados estaban mis días antes que llegase el primero”

Según la expresión del salmista, Dios nos veía cuando estábamos formándonos; preciosa expresión que patentiza no sólo la diferencia entre el origen del hombre y de los seres vivos, sino la creación inmediata del ama por Dios.

Tiene un profundo significado, quiere decir algo importante y hermoso: el hombre es algo más que el resultado de una evolución biológica.

El hombre, cada varón o mujer, es querido por Dios de una manera única y completamente personal. Dios pensó en nosotros tal como somos, nos amó desde el primer momento y nos llamó a la existencia.

El hombre, imagen de Dios

El primer relato de Génesis afirma que Dios creó al hombre a “su imagen y semejanza”. pero ¿en qué consiste esta imagen y semejanza?

Significa que el hombre es constituido como señor de la tierra y de los demás seres vivos; que ha de cuidarla y servirse de ella, que es el “administrador” del dominio de Dios en la tierra; que se distingue por su alma espiritual, está dotado de razón y voluntad libres.

Dos consecuencias prácticas se pueden deducir de la creación del hombre como imagen y semejanza de Dios:

  • La dignidad de todo hombre ante Dios es el fundamento de la dignidad del hombre ante los hombres; y es también la razón última de la igualdad y fraternidad de todos los hombres. Por eso la vida del hombre es sagrada e inviolable, porque en el rostro de cada hombre hay un destello de la gloria de Dios. Solo Dios es el señor de la vida y de la muerte.
  • De la dignidad del hombre ante Dios se sigue la dignidad del hombre ante sí mismo, el derecho y el deber de la autoestima y del amor a sí mismo. Y más aún, le debemos amor al prójimo como a nosotros mismos. De donde se deduce que el hombre ha de buscar su realización plena no en lo que tiene, sino en lo que es. “el hombre vale más por lo que es que por lo que tiene” (Gaudium et spes, 35)

“Gracias al Padre que os ha hecho aptos para participar en la herencia de los Santos en la luz. En nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados. Él es Imagen del Dios invisible, Primogénito en toda la creación, porque en él fueron creados todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él, él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia. Él es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que sea Él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la Plenitud, y reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos. (Col. 1, 12-20)

diocesisdecanarias.net/

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