sáb. Dic 14th, 2019

«El itinerario de adviento nos prepare a celebrar, como gran familia, el gozo de la Navidad, en paz y unidad» Mons. Oscar

Iniciando el camino del Adviento, Mons. Oscar Aparicio, en la celebración Eucarística Dominical, hizo la invitación a que como Iglesia Cochabambina, y frente a la situación vivida, tomemos el itinerario de estos domingos, iniciando la actitud Orante, rumbo a la navidad, y a la gran Eucaristía que celebraremos como Familia Arquidiocesana.

Monseñor Oscar, durante su homilía, en la Celebración Eucarística en la Catedral Metropolitana de San Sebastián recordó que en este camino de adviento hacia la fiesta del nacimiento del Salvador, reconocemos la presencia de un Dios que está presente en medio nuestro y camina con nosotros invitándonos a también caminar junto al hermano, junto a la hermana. Este es un llamado a esta siempre atentos ante las realidades que nos rodean.

Reflexionó sobre la dolorosa situación que en tuvimos que vivir como bolivianos, enfrentándonos y siendo usados en muchas mentiras, destacando que no es verdad que existan dos tipos de bolivianos por todos somos hijos de un único Padre.

Destacó que siguiendo nuestro ser cristianos hemos ido orando por la paz y la unidad. Es con ello que también se inicia un itinerario de adviento Arquidiocesano, iniciando, este domingo, con la Oración, que debe ser VIGILANTE, DIALOGANTE, INSISTENTE Y CONFIADA. Con ello invitó a seguir estas actitudes, y las que se sugieren en los próximos domingos, así celebrar la Natividad del Señor y juntos una gran eucaristía en la fiesta de la Sagrada Familia, como familia Arquidiocesana.

Video y Texto completo de la Homilía de Mons. Oscar Aparicio

Muy queridos hermanos y hermanas, estamos iniciando hoy el tiempo de Adviento, un camino. A mí me gusta mucho la palabra, más bien, itinerario. Itinerario nos explica o nos hace entender que es una postura de fe, es un camino que hacemos con esta actitud de mirar la vida, los acontecimientos, nuestro mismo camino y el objetivo al que estamos yendo; en este sentido también espiritual-

Adviento es un tiempo, justamente, de esta actitud que nos invita a empezar este camino y continuarlo, dar paso tras paso, para luego llegar justamente a la preparación de la Navidad. El tiempo de navidad, sabemos que se prolonga hasta el 6 de enero, donde celebramos la Epifanía del Señor.

Por tanto diríamos que es un itinerario, un camino de fe ciertamente, prepararnos bien para que el nacimiento del Señor sea aquello que hoy está anunciando la Palabra, sea una salvación para nosotros. Este Dios que se manifiesta; epifanía significa manifestación; este Dios que se revela que se nos muestra, es un Dios que viene a salvarnos, viene en ayuda nuestra.

De alguna manera podríamos sintetizar que este domingo primero de adviento, en esas palabritas que dice al final el Evangelio: Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá.

La actitud de entonces, nuestra, de decir ven Señor Jesús; nuestra vida, nuestra esperanza, estamos expectantes, queremos ciertamente que se cumpla en nosotros, en este itinerario, en este camino de fe que estamos iniciando también hoy.

Por otro lado hermanos, yo creo que esta palabra de Dios, toda palabra de Dios, la liturgia que nosotros celebramos domingo tras domingo, las Eucaristías escuchando la palabra de Dios, siempre es una propuesta y una manifestación de Dios a la vida nuestra.

La palabra de Dios no está fuera de nuestra historia. Dios mismo construye la historia de los hombres y nos acompaña. El Señor camina con nosotros; la vida misma los acontecimientos están iluminados por la palabra de Dios o incluso diríamos por la liturgia que se nos ofrece constantemente. La misa que celebramos, la celebramos en la vida, en nuestra vida, en nuestro caminar.

La liturgia que celebramos, por tanto, este tiempo de advenimiento, de espera de venida del Señor, de prepararnos seriamente es iluminada por la palabra de Dios y estos tiempos litúrgicos. No está desgajada entonces nuestra celebración de la vida nuestra.

Hemos vivido una profunda crisis, dos meses ya, pero así a fondo a formado una situación muy difícil, donde el mal casi que ha cobrado, por decir así, situaciones trágicas. Donde la presencia del mal o el alejamiento de Dios o las posturas radicales o el haberse creído que las mentiras son verdad, nos han puesto en un profundo, profundo, sentimiento, no solo de psicosis; porque yo no sé si a ustedes les ha pasado, hasta hemos perdido el tiempo y el espacio, no sabíamos dónde estamos, nos ha metido un montón de miedo. Han aflorado un montón de situaciones de revelar nuestros propios sentimientos.

En situaciones así de profundas crisis, hasta se sabe realmente las intenciones de los corazones de cada persona, de esta sociedad.

Frente esta profunda crisis, como Iglesia, la Palabra de Dios aquí en Cochabamba, nos proponía claramente una primera actitud. Hay que escuchar primero a Dios que a los hombres, hay que escuchar la palabra de Dios, qué es lo que nos dice el Señor nuestro Dios, qué nos dice su Palabra. Por tanto ciertamente que nos ponemos en una actitud orante de oración sobre todo y ante todo es escuchando y en primer lugar a quien vamos a escuchar; a las voces que traen división, a las voces que nos dicen mentiras. Porque se han dicho demasiadas mentiras yo apuntaba por ejemplo el hecho de que nos hacen creer como si habría dos tipos de bolivianos; y eso es una gran mentira porque somos hijos e hijas de un único Padre. A quién vamos a escuchar, primero a Dios a través de su Palabra

Segunda actitud, queremos ser un pueblo orante y se acuerdan esta pequeña y sencilla oración, que la hemos hecho hasta como cadena. Hemos propuesto a orar, personal, familiar, comunitariamente y como sociedad aquí en Cochabamba: “Señor Jesucristo que dijiste a tus apóstoles, la paz les dejo mi paz les doy” Por tanto a quién pedimos nosotros que se nos conceda la paz. Quién es capaz de darnos una paz, nuestra, personal, comunitaria, familiarmente, clamamos a nuestro Dios, danos la paz. No mires nuestra debilidad, no mires la fragilidad de tu Iglesia, concédele la paz y la unidad.

Estas han sido actitudes que nos han ido acompañando en momentos de situaciones trágicas, que nos ha también tocado vivir a todos aquí en Cochabamba.

Hoy, el Adviento viene en una situación un poco diferente, gracias a Dios, pasos de pacificación se han podido dar. Quedan latentes muchas situaciones, ciertamente. Sin embargo hoy nuestro camino de adviento es un camino de preparación hacia la navidad, pero es un camino también de itinerario de fe que nosotros aquí en Cochabamba, en nuestra arquidiócesis, a través de esta liturgia y de la iglesia, tenemos que ir atentos también en algo fundamental.

Domingo a domingo daremos un paso, si domingo a domingo nos preparamos para la venida del Señor que nos traerá la gloria y la luz, nos traerá la salvación, que nuestro adviento también sea entonces un camino de preparación al interno de nuestras comunidades, porque somos una gran familia, que no estamos queriendo reconocernos por varios aspectos.

Nuestro primer paso, entonces, de itinerario, que sea esta actitud, siempre de oración, una oración que sigue pidiendo la paz, pero una oración vigilante, una oración que está despierta y atenta a lo que le dice su Dios, a lo que le propone su Dios; y al proponer Dios, por ejemplo el amor que lo hemos sentido tan grandemente, no solo nos pide el responder también a este amor de nosotros, sino extender este amor entre nosotros.

Si es un Dios que nos ha pedido y nos ha dicho: quién es el dueño de la vida soy yo, dice Dios a nadie le está permitido tomar la vida de un hermano. Si la vida es un don, es un regalo de Dios, ni siquiera por nuestros méritos, ni siquiera porque nosotros la hemos querido, es un regalo de Dios; esta vida debe ser cuidada, respetada.

Que nuestra oración sea vigilante, atenta, que nuestra oración sea dialogante. Sabemos que muchísimas cosas, hermanos, podemos arreglarlas en el dialogo, en el tú y yo. De hecho la oración también es eso no. Tenemos tantísimos ejemplos, que cuando nos ponemos orantes al Señor podemos pedirle, pero escucharle dialogar. Recuerdan en ese pasaje hermoso de Moisés., cuando moisés dialoga con Dios, intercediendo por su pueblo. Que nuestra oración sea insistente

Tenemos a veces el peligro ese de ser intermitentes, cuando nos aprieta el zapato si nos ponemos de oración. En este camino, en este camino de adviento, que nuestra oración se insistente, que incida y que nuestra oración sea confiad, porque estamos en las manos de Dios.

Este primer domingo de adviento, entonces, en este itinerario de fe queremos tener esas actitudes, queremos seguir preparando las otras actitudes en los siguientes domingos; ligados a la palabra de Dios y al itinerario que estamos haciendo del adviento, para luego celebrar la gran Navidad en nuestras comunidades, nuestras parroquias, nuestras comunidades de fe, nuestras familias y luego el último domingo de diciembre que celebremos, todos juntos, como una gran familia, somos familia Arquidiocesana, somos familia de fe.

La sagrada familia de Jesús, María y José se celebrará  el  29 de diciembre. Por tanto, acogiendo la propuesta de la liturgia que nos ofrece también hoy, haremos este itinerario de ir reconociéndonos como hermanos, estos pasos también hacia celebrar la navidad pero hacia a celebrar la gran Eucaristía de una gran familia cristiana que celebra a su Dios, la salvación que nos trae y la vida que nos regala.

Amén.

 

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