«El Señor entra en tu vida, te da su paz. Digámosle: ¡Señor mío y Dios mío!» -Mons. Oscar Aparicio

Cerrando la octava de Pascua, en este domingo de la Misericordia, Mons. Oscar, durante su homilía, expresó nuestra necesidad de tener al Señor en nuestra vida, reconociendo que no hay más nada donde podamos encontrar paz y fortaleza; pues reconociendo y viviendo con Cristo resucitado alcanzaremos la vida verdadera.

Nuestro Pastor trajo a memoria nuestro caminar por el mundo, pero que no quedará allí pues se tendrá nuestra participación de la Gloria de Dios e0n la eternidad. Con ello recordó también los significados de este domingo, domingo de la octava de pascua, domingo “In Albis” y Domingo de la Divina Misericordia.

Monseñor destacó la escena de la presencia cercana del resucitado, cuando se aparece a los discípulos y les da su paz, que da certidumbre en esta vida; pues los discípulos contentos de ver a Jesús sienten la presencia del Señor, sobre todo en los momentos de mayor dificultad. “Esta Palabra sigue siendo muy fuerte en este tiempo de pandemia”.  

“Yo no se la situación de cada uno de ustedes, pero seguramente que cargamos las situaciones parecidas a los discípulos. Por eso estén contentos y alegres porque hoy el Señor vuelve a ratificar de manera persona o comunitaria: la paz esté contigo o la paz esté con ustedes”, mencionó el Arzobispo, destacando que nada nos puede separar del amor de Dios, pues su amor y su misericordia es eterna; es el gozo de los discípulos de estar con el resucitado, pues si Él vive, también vivimos con él.

Refiriéndose al accionar de Tomas, al estar incrédulo, pero que permanece con los discípulos, sus hermanos, hace experiencia del Resucitado, con la parición del Señor. “Aquel que quiere salir de sus dudas, proclama, profesa: Señor mío y Dios mío; Tú lo eres todo, en ti creo, a ti te profeso, eres el fundamento total de mi vida. Ya no hay otra realidad, no hay otro señor, no hay otro poder” “Miren cuan invitados estamos a esto: a que el Señor entre en tu vida, a que el Señor te de su paz, a que tú puedas regocijarte de su misericordia, de su perdón, Tú”.

Remarcó que esa experiencia de los discípulos también con el Espíritu, sigue presente entre nosotros y nos llama a vivir en comunidad, como expresó la primera lectura. “Que el Señor nos permita seguir caminando en esta experiencia profunda, continuando nuestro camino como comunidad, como Iglesia Cristiana”.

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