Mié. Feb 24th, 2021

«El Señor nos llama a sentir pasión por Él y apasionarnos por la humanidad caída» Mons. Carlos

Durante la Eucaristía por la Vida Consagrada, celebrada este martes en la Catedra, Mons. Carlos Curiel realizó la homilía, en la que alentaba a los consagrados a vivir en plenitud su vocación entregada en el servicio a los demás. Expresó la necesidad de ser instrumentos del Señor para el mundo, en especial para quienes viven en sufrimiento.

Haciendo referencia a la primera lectura señaló que el Señor nos hace mensajeros de la paz. “Es hermoso ver la vida consagrada desde sus diversos carismas siendo presencia viva del Reino”. Manifestando también que es necesario abrir las puertas del corazón para que ingrese el Jesús para que podamos hacernos hermanos los unos con los otros.

Recordó la comparación entre símbolo y diábolo, siendo el símbolo lo que nos une y es diábolo lo que nos separa. El Señor, es quien nos une, quien nos libera de ataduras y nos permite ser símbolo de vida, de vida en fraternidad, expresó Mons. Carlos.

Destacó un lema que la Vida Consagrada manejó en un encuentro, donde se hablaba de ser Apasionados por Cristo y por la Humanidad, con ello señaló que el Señor nos invita a vivir apasionados por Él y también a apasionarse por la humanidad en especial por la humanidad caída.

Refiriéndose a la fiesta celebrada, de la presentación del Señor, invitó a pedir a los Santos Padres de Jesús que nos tomen de la mano y nos presenten ante el Dios para decirle aquí estoy para hacer tu voluntad.  “María y José nos presentan con ese amor con el que llevaron a Jesús, para ofrecerlo al Señor. Esa es la Vida Consagrada, nuestra vida ofrecida al Señor, para llevar la Alegría del Evangelio allí donde Él nos envía”.

Refiriéndose a este difícil tiempo que vivimos por la pandemia, destacó que la Palabra de Dios debe ser luz para iluminar el camino de la vida Consagrada, “para saber discernir cómo situarnos ante esta realidad y responder con todo el corazón, con toda el alma y con todo nuestro ser, desde nuestra consagración; y así manifestar que Dios no nos ha abandonado y sigue presente en medio de nuestro pueblo y se hace presente en cada consagrado, en cada bautizado”.

Pidió que al igual que Simeón se pueda encontrar la luz para ir al encuentro del hermano y socorrerlo, siendo parábola de la fraternidad para un mundo herido.

“Demos gracias a Dios por la vocación, por cada Carisma que está llamada a ser mensajera de la Palabra de Dios, luz en el mundo”.

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