“El Señor te conceda también ser hombre de Dios, hombre de oración, sencillo, a imagen de San José” Mons. Oscar al nuevo Diácono Eduardo

Mons. Oscar Aparicio, en su homilía, en la Ordenación Diaconal de Eduardo Paredes Parra, expresó al nuevo ministro que es llamado a ser servidor, siendo el hombre de Dios en este mundo que necesita el pueblo, a partir de una actitud orante, a ejemplo de San José.

Homilía de Monseñor Oscar

Quien nos convoca es el mismo Dios. Nosotros damos una respuesta y es lo mismo que acontece hoy, con este hecho de esta ordenación, quien elige, quien llama es Dios, no somos nosotros, no son nuestros méritos, no son nuestros buenos deseos, nuestros propósitos. Es Dios quien elige, que pone los ojos en alguien, que lo convoca, lo llama y hace posible, por tanto, ya un camino. Un itinerario de fe, de respuesta generosa de parte nuestra.

Es lo que acontece con Eduardo Dios llama. Y vean que la lectura de la primera y la segunda lectura son propiamente aquello, aquella situación muy concreta, actualizada hoy en medio de nosotros. Hemos escuchado, por ejemplo, nombres propios en la segunda lectura. Nombres extraños para nosotros, ciertamente, pero que hoy podemos poner exactamente estos nombres en el caso concretamente de Eduardo. Porque si Él llama, llama a alguien en concreto, con una historia, un apellido, en medio de una familia, y en medio de una comunidad, de una iglesia, lo llama de manera concreta, evidente. Por eso la respuesta en el salmo ha sido la más adecuada también para nosotros mismos y en concreto para Eduardo. Alzaré la copa de la bendición, e invocare el nombre del Señor. Es casi como decir aquello que hemos visto en el momento cuando dice acérquese, el que va a ser ordenado diácono. Presente, heme aquí, aquí estoy para hacer tu voluntad y levantar esta copa de salvación. Es propiamente una respuesta, cierto del pueblo de Dios, pero la respuesta de personas concretas y en este caso concreto, es la respuesta de Eduardo.

Damos gracias a Dios por eso, en primer lugar, porque es Dios el que lleva adelante también una historia. Han pasado muchos, desde cuándo has iniciado el itinerario de fe y tu camino vocacional y habrá pasado de todo, de todos. Sin embargo, hoy podemos decir, Dios ratifica aquel llamado. Dios hace posible que, en medio de nosotros, en una fecha concreta, en un pueblo concreto, seas también ordenado como servidor.

Y aquí viene también lo hermoso de esta Palabra, no estamos a ser servidores en el pasillo, sino más bien servidores de un pueblo, un pueblo que camina, un pueblo que está siendo peregrino en este mundo y que se convierte en luz y en anunciador de la Palabra de Dios hacia todos aquellos que lo necesitan. Eres servidor de todo el pueblo, ciertamente, de la sociedad, pero de manera concreta en una comunidad, de manera concreta en esta iglesia local, de manera concreta en esta Iglesia que peregrina y camina aquí en Cochabamba y aquí sí que tenemos nombres propios, nombres concretos, historias concretas. Los que estamos aquí presentes y muchos más.

Es a este pueblo de Dios, es en esta iglesia que tú te incardinas, que eres perteneciente a esta iglesia y haces parte total y plenamente, pero al mismo tiempo servidor de Cristo. Hemos escuchado la oración inicial, este elegido tuyo sea activo en la acción, sea perseverante, sea constante. Que sea siempre fuerte y que nunca abandone la oración, porque en realidad es el hombre de Dios en medio de un pueblo que necesita ser servido para luego anunciar el Evangelio a los demás.

Yo espero que esto, Eduardo, te llena de gozo, de gozo, de paz, sabiendo que el camino tan poco es tan fácil. Si has encontrado en tu itinerario de vocación de todo, encontrarás de todo en tu servicio, también diaconal y en esta consagración o en este ministerio que Dios hoy día te concede, te lo regala y te pida que lo ejerzas.

Coraje, entonces, que el Señor te ha llamado y te ha elegido, con una actitud, decía, constantemente de humildad, de sencillez. Yo diría casi al estilo de José. No por nada estamos en esta capilla, no sólo es el signo de la vocación, no solo es el signo del seminario. No sólo es el signo de un Dios que actúa en este mundo, en esta historia y en las personas en concreto, es signo concreto, evidente de alguien que ha sabido ser en el silencio, en la sencillez. El hombre sencillo que ha sabido acompañar a Jesús y a esta Sagrada Familia en el silencio, en el respeto profundo, en la sencillez total, sin decir mucho, porque en realidad probablemente, a veces, demasiadas palabras. fundamentalmente es amar y ser.

Y esto sí que lo entiende cualquiera, desde el más mínimo hasta ya enunciado. Aquel que no habla bien el español o aquel que habla el quechua o lo que sea. El lenguaje del servicio de humildad, el lenguaje del amor, todos lo entendemos.

Eres llamado a ser servidor. Sé el hombre de Dios en este mundo y para hacerlo necesitas ser hombre orante. Has aprendido que no hay otra forma. Somos aquellos que contemplamos a Dios, o todo es vació, somos aquellos que renovamos constantemente en nuestro servicio y en este amor, en este Jesús que los ha llamado y nos acompaña, o si no todo es vano.

El Señor te conceda también ser hombre de Dios, hombre de oración, sencillo, a la imagen de San José, sabiendo que, confiando en Él, seguramente que podrás renovar constantemente la fidelidad y serás feliz. Porque el que es fiel es feliz. La fidelidad da felicidad.

La iglesia de Cochabamba se alegra por un hijo más, un servidor más, un hombre de Dios, un hombre orante, un hombre que se pondrá al servicio de esta Iglesia para que cumpla realmente su misión.

No estás solo, hay una comunidad, hay unos hermanos. Tu familia seguirá acompañándote y eso es lo hermoso, hermanos. Ustedes no pierden un hijo, ganan un hijo, no pierden un hermano, un tío ganan más bien alguien que está constante, que está al servicio también de ustedes, en el buen sentido de la palabra evidentemente. Se enriquece, por tanto, nuestra Iglesia en Cochabamba y nosotros agradecemos profundamente a Dios

Yo agradezco que me hayan permitido presidir esta Eucaristía. No estaba previsto así. Debía ser Monseñor Juan que presida la Eucaristía y ordenar directamente a Eduardo. Se ha resfriado Monseñor Juan y me ha tocado a mí suplirlo. Pero me alegra profundamente, sinceramente. Todo está dentro de los planes de Dios y lo que Él diseña, lo que él permite.

Personalmente, también quiero, tengo que expresar que trataré de acompañarte lo más que pueda.

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