«En los inocentes, en los humildes, Jesús sigue siendo crucificado» Mons. Oscar

Domingo de Ramos, inicio de la Semana Santa, Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba reflexión sobre la realidad que se sigue repitiendo en nuestros tiempos, donde Jesús sigue sufriendo y siendo crucificado en los más humildes, los más indefensos, a causa de los poderes políticos, económicos y sociales.

Con ello llamó a reconocer verdaderamente a Jesucristo como mesías y redentor de la vida de cada uno. “Que la muerte de Jesús convierta a los corazones para, sobre todo y, ante todo, defender la vida y afanosamente buscar la paz”, mencionó Monseñor Oscar.

Homilía de Mons. Oscar Aparicio – Domingo de Ramos

Hemos iniciado esta celebración junto con los jóvenes, allí en la Plazuela Sucre, escuchando el Evangelio, que Jesús es proclamado como Rey, reconocido como el Salvador, como el Mesías, el Cristo. Y sentado en un palillo, ha sido también el que, abatiendo las palmas, es recibido en la ciudad.

Estamos iniciando la Semana Santa, el sentimiento que percibo que nos embarga es un sentimiento de encuentro, de alegría. Así como han presentado estos jóvenes. Una alegría que embarga, reconocer al Señor como el Cristo, el Mesías, el Señor, Aquel que viene y que nos salva. Nuestro camino cuaresmal ha sido un itinerario de fe, un itinerario, pero también de ver nuestras realidades, nuestra situación concreta. Por otro lado, ha sido reconocer la presencia real y verdadera de Jesucristo que viene, que salva, que libera, que está entre nosotros, que camina entre nosotros.

Es un Dios que se acerca, no es un Dios lejano. Es alguien que está entre nosotros. Por eso, repito el gozo y la alegría de saber que Jesús nos acompaña, es algo que lo podemos expresar. Y lo hemos hecho de esta manera, así, sencilla, reconociendo que el Señor entra en nuestras vidas, entra en nuestras familias, entra en nuestra ciudad. Parecía o pareciera bastante irónico, que más bien ya entrando en el templo y aunque todavía tenemos las palmas, podemos agitarlas y rendir culto a Dios. Hemos escuchado una palabra, que empieza a anunciar la muerte, la destrucción. Aquellas tinieblas, aquellos que han querido apresar a Jesús, condenar a Jesús, han cumplido su propósito.

Hemos escuchado esta vez el evangelio de Lucas, un diálogo grande y extenso de Jesús con algunos, en primer lugar, con Pedro y sus discípulos; haciendo énfasis en algo muy claro y muy evidente. Jesús ha deseado ardientemente comer esta Pascua con sus Discípulos. Anunciando la pasión que Él mismo tendrá. Y anunciando que beberá de este cáliz. Vean que Lucas es el primero y el único en realidad de los evangelistas que menciona la fracción del Pan la Última Cena. De esta manera habla de la noche de Pascua. Habla de aquella gran noche en la que el Señor ha deseado participar y compartir con sus discípulos y aquellos como representación de la humanidad. Y da indicaciones muy precisas, muy claras. El por qué y el para qué ha venido a este mundo.

A precio de sangre nos ha rescatado. El amor profundo demostrado en la cruz del Señor está también claramente hoy día, reflejada en aquello que vivimos todos los días cotidianamente. El Señor sigue salvando, el Señor sigue participando en nuestras mesas. El Señor provee nuestras mesas, el Señor se acerca a nosotros, a los desvalidos, los pobres, los que faltan de libertad, a los que están en la soledad. El Señor nos habla de tú a tú, de cara a cara.

Y yo creo, hermanos, que hoy es muy evidente lo que dice el Señor. He deseado participar esta Pascua con ustedes. Y vean que tiene un hermoso, un hermoso sentido este. Porque hemos estado un poco medio ausentes, un poco encerrados en nuestras casas. Hoy, gracias a que la situación se pone mejor respecto a esta crisis sanitaria, podemos celebrar así entre nosotros, como lo hemos solido hacer cada año. Por eso la procesión, por eso la alegría de los jóvenes, por eso el batir de las palmas, por eso este templo lleno, para reconocer que el Señor que está entre nosotros ha deseado ardientemente celebrar esta Pascua del Señor. Estamos iniciando la Semana Santa, por tanto, prevemos y nos auguramos que sea una semana llena de una experiencia de Jesús que está acompañándonos y que está entre nosotros.

Inmediatamente después de este participar de Jesús. Con sus discípulos, de las indicaciones que Él da, se lo ve a Jesús en el lugar del huerto de Getsemaní. “Oren para no caer en la tentación”. Y después habrá un diálogo, esta vez de Jesús con su Padre. Dice muy poco el evangelista Lucas de aquello, sin embargo, lo esencial lo dice: Yo quisiera no beber este cáliz, Padre, se haga tu voluntad y no la mía. Posteriormente, casi como que hay otra vez otro diálogo. Esta vez de Jesús con Judas el traidor: Con un beso entregas a tu Señor, al Mesías, al Salvador. Jesús, siendo arrestado, es condenado a muerte. Un detalle muy claro, que dos veces menciona quien es liberado en lugar de él: Barrabas, uno que estaba condenado por sedición y por homicidio. Un malhechor.

La gente dice: Suelta Barrabás y crucifica a Jesús. Y después aparece otro diálogo entre Pilato, Herodes y Jesús. A Herodes no le dice nada. A Pilatos le dice algunas cosas más. Simplemente reafirma aquello que él ha anunciado Tú eres el Hijo de Dios.

Tú lo has dicho. Es verdad. Soy el Hijo de Dios. Pero hay otro detalle ahí que hemos escuchado atentamente. Desde ese momento, Pilatos y Herodes se hicieron amigos. Los corazones torcidos, los espíritus contrarios al amor, a la vida, el egoísmo y el poder se confabulan contra Jesús. Pilatos y Herodes son como el símbolo del poder presente en este mundo, que solo busca aquello. Esta es la gran denuncia hoy en medio de nuestro mundo agitado por corazones extraviados y agitado porque aquellos que buscan solo el poder se convierten también en asesinos homicidas, aquellos que van sobre todo contra los más inocentes. Ya sea por el poder político, ya sea por el poder económico, ya sea por el poder social. Definitivamente. Hoy Jesús sigue muriendo a causa de aquello. En los inocentes, Jesús sigue siendo crucificado. Y los poderes del mal se han confabulado contra Jesús y los inocentes.

Por eso nos hemos inclinado cuando Jesús expira. Por eso nos hemos arrodillado en la humildad total, no sólo porque Jesús ha muerto en aquel entonces, sino porque Jesús sigue muriendo hoy. Y porque de rodillas queremos clamar a aquellos poderes que calmen la guerra. Que de rodillas queremos clamar por espíritus que busquen la vida y la paz. De rodillas. Queremos reconocer que Jesús nos ha salvado a todos. Y que reconocernos como hermanos y hermanas, hijos de un único padre, es fundamental.

Queridos hermanos y hermanas, que la muerte pues de Jesús sea una muerte redentora. Que la muerte de Jesús de verdad nos salve. Que la muerte de Jesús convierta a los corazones para, sobre todo y, ante todo, defender la vida y afanosamente buscar la paz. Amén.

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