«Estamos llamados a dar, a la humanidad, testimonios creíbles de la esperanza cristiana» Mons. Carlos Curiel

Mons. Carlos Curiel, Obispo responsable de la Vida Consagrada, envía una carta con motivo de la XXV Jornada mundial de la Vida Consagrada a los religiosos y religiosas de Bolivia.

” XXV JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA”

Querido hermanos y hermanos de la Vida Consagrada en Bolivia:

Hoy 2 de febrero celebramos la XXV Jornada mundial de la Vida Consagrada, y este año de una manera muy particular, marcada por la pandemia y sus consecuencias. Sin embargo, queremos que las Celebraciones Eucarísticas por este motivo, presenciales y virtuales, a lo largo y ancho de la geografía boliviana, sean una auténtica expresión de esa gratitud fecunda que caracteriza nuestras vidas, nuestra fraternidad en Comunión de Amor.

Quiero expresar a cada una y a cada uno de ustedes y a cada Comunidad, mi cercanía, mi solidaridad, mi fraternidad. Nuestro tiempo es un tiempo difícil que nos ha impuesto restricciones, confinamientos, medidas de bioseguridad, necesarias, pero que han afectado notablemente todas las dimensiones de la persona, nuestro estilo de vida, nuestra economía, nuestra misión, nuestras relaciones. Comunidades de diversos Departamentos hablan, como nos dice la carta de la Congregación para la Vida Consagrada, de desconcierto, de contagios, de muertos, de dificultades humanas y económicas, de Institutos que disminuyen, de temores…  pero hablan también de fidelidad probada por el sufrimiento, de valentía, de testimonio sereno, incluso en el dolor o en la incertidumbre, de compartir cada aflicción y cada herida, de cuidado y cercanía a los últimos, de caridad y de servicio a costa de la vida (cf. Fratelli Tutti –Todos Hermanos, cap. II). Esa “fidelidad que, a pesar del oscurecimiento de esta virtud en nuestro tiempo, está inscrita en la identidad profunda de la vocación de los consagrados: está en juego el sentido de nuestra vida ante Dios y la Iglesia” (cf. Francisco, Exhort.Ap. Gaudete et exsultate).

Ahora, más que nunca, se tiene que expresar en nuestras vidas, el lema del Congreso Mundial de la Vida Consagrada del 2004: “Pasión por Cristo, pasión por la Humanidad”. La pasión de Cristo por la Humanidad, manifestada en toda su vida y de modo singular en la Cruz, no es algo pasado. Se prolonga a lo largo de toda la historia; y en esta historia encontramos signos claros de su fecundidad. Hoy, en este tiempo, en esta pandemia, Cristo comparte las cruces de millones de personas en muy diversas partes del mundo. Él nos dirige de nuevo su exigente y estimulante llamada a seguirlo apasionadamente y a compartir –movidos por su compasión- su pasión por el ser humano.

En esta situación, los consagrados y las consagradas estamos llamados a dar a la humanidad desorientada, desconcertada, cansada, herida, testimonios creíbles de la esperanza cristiana, «haciendo visible el amor de Dios, que no abandona a nadie», y ofreciendo «al hombre desorientado razones verdaderas para seguir esperando». «Si nos fatigamos y luchamos es porque tenemos puesta la esperanza en Dios vivo» (1 Tm 4,10).

Queremos ser dóciles a la voz de Dios, a las enseñanzas de nuestro Maestro y a los impulsos del Espíritu que constantemente abre horizontes nuevos y lanza a etapas nuevas de evangelización. Se trata de discernir juntos, con conciencia global, qué está haciendo surgir entre nosotros el Espíritu de Dios, hacia dónde nos lleva y cómo responder –desde ahí- a los desafíos de nuestro tiempo y así ser signos del Reino de Dios “para el bien común” (1 Cor 12,7).

En este momento aciago para toda la humanidad, se hace más evidente que en la vida de los consagrados y las consagradas, “llevar las cargas los unos de los otros (Ga. 6,2), significa asumir los sufrimientos, las adversidades, los malestares. Se trata concretamente de hacer nuestra la invitación del Papa Francisco a “estar centrados, firmes en Dios, que ama y sostiene. Desde esa firmeza interior es posible aguantar, soportar las contrariedades, los vaivenes de la vida…”

Ánimo, Fuerza en el Señor. Que Él nos conceda el don de su Sabiduría y haga que la Vida Consagrada en Bolivia y en el mundo, sea signo concreto de la humanidad nueva, fundada en la libertad y en la comunión fraterna. Que nos conceda amarle con todo el corazón, vivir apasionados por Cristo su Hijo y, con el mismo Amor, amar a nuestros hermanos.

Con afecto fraterno,

Cochabamba 02 de febrero de 2021

Mons. Carlos Curiel Herrera
Obispo Auxiliar de Cochabamba

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