Mié. Ago 10th, 2022

“Estén siempre enamorados, unidos, acompañados, pacientes y marianos” Mons. Iván Vargas a los nuevos Diáconos y Presbítero

Mons. Iván Vargas, Obispo Auxiliar de Cochabamba, ordenó Sacerdote a Rimmer Martinez y Diáconos a Wilson Condori y Solano Vasquez; pertenecientes a los Misioneros de Jesús Eternos Sacerdote. Durante su homilía les brindó 5 claves para poder vivir a plenitud su ministerio.

El Obispo a tiempo de explicar los importantes momentos del rito de Ordenación destacó además que el consagrado debe estar profundamente enamorado de Dios y su misericordia. También señaló el valor de vivir en comunión, en unidad. Con ello mencionó que siempre se busque el sabio consejo del hermano en la debilidad o en la tentación. Mencionó que debe ser pacientes con el pueblo de Dios, para ser buenos servidores y no tiranos. Y por último subrayó que todo debe estar de la Mano de María, protectora y guía.

Homilía de Mons. Iván Vargas

Reiterar mis saludos aquí a mi hermano obispo Monseñor Juan Gómez, obispo auxiliar de Cochabamba, a mis hermanos sacerdotes también, que en este momento están acompañando en esta alegría de la ordenación presbiteral y diaconal de Rimmer, de Wilson y de Solano, y saludar a todos aquellos hermanos que nos van siguiendo a través de las páginas virtuales del Facebook, como también de YouTube.

Hemos dicho que nos van siguiendo desde Italia, Uruguay, India, Filipinas, Perú, Independencia, Aiquile y las hermanas también que están aquí presentes de la Congregación de las Misioneras de Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote.

Rimmer está temblando y yo también. Somos ya dos. Es mi primera vez, mi primera ordenación, voy a decir así. Sin embargo, al igual que Jeremías, armemos de valor, armemos nos de la fuerza de Dios.

Y creo que es un acontecimiento muy importante para la Iglesia. Porque cuando hay ordenaciones toda la Iglesia se alegra, toda la Iglesia se alegra. ¿Por qué? Porque crece la esperanza. Un sacerdote no puede subsistir solo, si no tiene una iglesia. No puede estar por sí mismo si no está en la comunidad cristiana, en un entorno de fe que le sirve mucho al sacerdote de soporte. La mayor ayuda que espera una comunidad de fieles. Queridos Rimmer, queridos Wilson y Solano, la mayor ayuda que espera una comunidad de fieles es la santidad de su sacerdote. Unos fieles que buscan y van a buscar en ustedes que los acompañen en el seguimiento de Cristo. Un sacerdote también se debe conmover y estremecer cuando buscan en él la ayuda para su conversión.

Dentro de un momento vamos a realizar dos signos litúrgicos muy bonitos que están dentro de la ordenación de diáconos, como también otro signo en la ordenación de presbítero, que es la imposición de manos y la unción de las manos. La imposición de las manos en la liturgia expresa que, sobre nuestra cabeza, la cabeza del ordenado, por parte del Obispo y del resto del presbiterio, aquí presente, simboliza como una toma de posesión de Cristo. Una posesión de Cristo, de las facultades y sentidos del ordenando. En esa imposición de manos recibimos la gracia del sacramento del orden sacerdotal que nos configura en la mente, nos configura también en nuestro ser total con la con la vida de Jesucristo. Al igual que su visión de la vida, su forma de hablar, su forma de ser. Nos hacemos alter Christus.

Y otro signo muy bonito también que usamos en la liturgia de ordenación, es la unción de las manos. Es un signo sacramental que nos refiere al ser ungidos con el Crisma. Nos convierte en esta unción de manos, querido Rimmer, una extensión de Cristo de las manos de Cristo. Las manos del sacerdote están llamadas a sostener entre sus dedos lo más sagrado. Vas a consagrar la Eucaristía y desde hoy vas a Eucaristizarte. Qué bella de ver esta Palabra que me gusta utilizar mucho. Eucaristízarnos. Vas a poder consagrar, pero también al mismo tiempo vas a poder acariciar el cuerpo de Cristo y decirte en el momento también de la absolución en el sacramento de la Penitencia, hazlo siempre sin asco. Perdón la expresión, porque ahí vas a encontrar la miseria de la humanidad, en el sacramento de la Reconciliación. Y que esto te lleve a ti, querido Rimmer, como sacerdote, ya a poder servir mejor con tus manos consagradas a una santidad.

Nuestra Madre, la Inmaculada Virgen María, la limpia de toda mancha,tiene una capacidad de ser madre de los desheredados, de los pobres que hubiese podido tener siendo pecadora. Así han de ser las manos ungidas de ti, querido Rimmer, semejantes a las manos de María, tan limpias como capaces de tocar también las heridas del hombre.

Esta es la liturgia que vamos a realizar dentro de un momento, la vamos a celebrar. Sin embargo, desde mi experiencia de sacerdote ya a punto de celebrar 25 años de cura. Quisiera decirles a ustedes claves que les pueden ayudar muchísimo a vivir en plenitud su ministerio diaconal, como también su ministerio sacerdotal. 5 claves. Primero, enamorados. Estén siempre enamorados, unidos, acompañados, pacientes y marianos. 5 Claves.

¿Qué quiere decir esto? Primero enamorados, enamorados, pero a tope, como San Juan de Ávila decía en olla hirviendo no se paran las moscas. En olla hirviendo, no para las moscas. Es una reflexión espiritual bastante profunda cuando el corazón no está hirviendo en el amor de Dios. Cuando el corazón no está hirviendo en la misericordia de Dios, en esa experiencia del misterio pascual de Dios, con mucha facilidad, con mucha facilidad, las moscas van a parar en ustedes, es decir, las tentaciones. Pero si están totalmente enamorados del misterio pascual de Cristo, si están totalmente enamorados del amor y de la misericordia de Dios, van a ser fuertes.

La segunda clave, Unidos, como Jesús dijo Padre, que todos sean uno, como tú y yo somos uno para que el mundo crea. Ustedes son religiosos y qué gran responsabilidad, la comunión entre ustedes. Para mí la comunión es una vida religiosa, es una gran responsabilidad que tienen. Una gran responsabilidad que tiene que ser el testimonio de unidad, el testimonio de comunión, el testimonio de fraternidad. Dando ese testimonio de fraternidad, de comunión y de unidad, la gente va a creer en ustedes; porque muestra como Jesús dijo Padre, que todos sean uno.

La comunión vence la acción tentadora, porque solamente unidos podemos experimentar la corrección fraterna. Si estamos en comunión, vamos a poder lograr la corrección fraterna. Pero si estamos aislados, si estamos dispersados como congregación, como comunidad, imposible de aceptar la corrección fraterna.

Tercera clave, Acompañados, una frase que me llama mucho la atención del Papa Francisco, qué dice. Le preguntan, Santo Padre, ¿qué es la fidelidad? ¿Qué es la fidelidad? Y el Santo Padre responde, dice: la fidelidad es la debilidad bien acompañada. ¿Qué quiere decir esto? Buscar el sabio consejo del hermano, en nuestra debilidad o en nuestra tentación, buscar el sabio consejo del hermano en nuestra debilidad o en nuestra tentación. Y esto, este viejo sacerdote, pero jovencito en el episcopado, voy reiterando siempre a estos jóvenes sacerdotes que están conmigo en el santuario y están cansados quizás de escucharme igual Rimmer, y hora los repito también aquí, lo que decía este gran santo San Maximiliano Kolbe. Él decía a sus seguidores: La consagración no nos roba, no nos arrebata nuestra naturaleza humana.

La consagración no nos roba, no nos arrebata nuestra naturaleza humana, porque la naturaleza humana reclama lo suyo, la naturaleza reclama lo suyo. Por eso, desde la consagración querido Rimmer, querido Solano y Wilson, desde la consagración, desde su consagración de hoy, empieza una gran batalla, empieza una gran batalla; porque la naturaleza reclama lo suyo. Y si en esta batalla ustedes no están armados de la oración, no están armados del amor de Dios y de la misericordia de Dios, van a ser presas fáciles de la tentación, presas fáciles de la mundanidad. La naturaleza siempre va a reclamar lo suyo, siempre va a reclamar lo suyo, pero armémonos porque desde hoy empieza la gran batalla. No tengan miedo, no tengan miedo. Pero empieza la gran batalla y decirles en esta batalla si estamos solos, vamos a perder, si estamos solos vamos a perder.

Por eso les digo busquen ayuda. Busquemos la dirección espiritual, el sacramento de la Reconciliación. Por más presbíteros, por más obispos que seamos, necesitamos del sacramento de la Reconciliación. Necesitamos una dirección espiritual porque la batalla empieza.

Cuarta clave, Sean Pacientes. La experiencia me dice, todos los días estamos bombardeados de necesidades de la gente. La gente viene a la parroquia con tantas necesidades. La gente acude a nosotros con tantas necesidades. Pero si no estamos ardientes en el amor y en el servicio, serán tiranos. La Iglesia no quiere tiranos la Iglesia quiere servidores. La Iglesia quiere comprometidos con el ministerio. No tiranos de la gente, de dictadores, de la gente. Basta ya de esos tiranos y dictadores que tanto daño hacen a la Iglesia. Ustedes, en cambio, tienen que ser pacientes con la gente, porque la gente vendrá a ustedes con sus necesidades, con sus dificultades, con sus problemas. Nunca les falten.

La quinta clave Marianos, sean Marianos, agárrense de las manos de María. Ella nos lleva a su hijo. Ella nos enseña a amar a su hijo y ella nos dice como dice el báculo ahí, haga lo que él les diga. Ella, en las frías noches de oscuridad, los fortalecerá, los llenará de fe. Como ella también fue tan fuerte al pie de la cruz. Agárrense del Rosario, porque el Rosario es la mano de María que nos hace descubrir el gran amor y la gran misericordia de Dios.

Ojalá le sirva esto, les ayude a desempeñar su ministerio con mucha fidelidad, con mucho amor y, sobre todo, con mucha misericordia. Amén.

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