Fiesta de la Divina Misericordia – P. Miguel Manzanera SJ

La Fiesta de la Divina Misericordia fue instituida por San Juan Pablo II el 30 de abril del año 2000, durante la canonización de Sor Faustina Kowalska, religiosa polaca (1905-1938), elegida por Dios para ser mensajera de profundas revelaciones místicas.

En una de ellas Jesús le mostró su corazón del que brotaban sangre y agua como manantial de gracia y  misericordia, expresándole su deseo de que el Papa estableciera en el segundo domingo de Pascua la Fiesta de la Divina Misericordia, como invitación perenne al mundo cristiano para hacer frente a las dificultades y pruebas que sufrirá la humanidad en los años venideros, siendo ahora una de las fiestas recientes más celebradas en la Iglesia Católica.

Jesús reveló a Sor Faustina este gran misterio: “Dios es Misericordioso y nos ama a todos y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a mi misericordia”. Jesús quiere que confiemos en su misericordia y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones, «porque la fe sin obras, por sólida que parezca, es inútil» (Diario de Sor Faustina 723 y 742).

Cumpliendo ese encargo, el Papa Juan Pablo II en 1980 escribió la encíclica “Dives in Misericordia” (“Rico en Misericordia”). En ella recuerda cómo la niña María, hija de Joaquín y Ana, familia muy creyente, al cumplir tres años fue ofrecida como servidora en el Templo de Jerusalén. Allí Ella escuchó y aprendió los salmos, las oraciones y otras enseñanzas bíblicas, tan sólo conocidas por los sacerdotes y escribas de la Ley.

María reconoció que el Señor la llamaba para ser su Sierva y para concebir virginalmente en su seno al Hijo de Dios hecho hombre, al que pondría el nombre de Jesús (“Yahveh salva”), como Salvador de la Humanidad. Para ello se desposó con José, viudo mayor y con hijos, renunciando ambos a tener relaciones conyugales. Ella misma visitó a su pariente Isabel, mujer del Sacerdote Zacarías. Estos esposos, aun siendo ya muy mayores, dieron a luz a Juan el Bautista, quien a los 30 años, comenzó a bautizar con agua a las personas que deseaban lavar sus pecados, como también hizo Jesús cargando con los pecados de la humanidad.

María fue elegida para permaneciendo al pie de la cruz, unida a Jesús crucificado, sufriendo y participando ambos en el sacrificio de la cruz y experimentando la misericordia divina. Por eso Jesús poco antes de morir la constituyó como “Mujer”, su Esposa mística y también Madre de Juan, el discípulo amado, formando así la naciente Iglesia quien veneró a María como la “Nueva Eva” al pie de la cruz, con el “Nuevo Adán”, constituyendo así la “Nueva Iglesia” que se mantendrá fiel hasta el final de los tiempos. La Virgen María fue, es y será siempre venerada como la Madre de la Misericordia.

Hoy en día, se avizoran problemas mundiales con problemas casi insolubles como el coronavirus, la pobreza y las opresiones. Crecen las tensiones entre pueblos e ideologías que amenazan provocar una tercera guerra mundial de daños imprevisibles. Pero surge una nueva esperanza

La humanidad está llamada formar parte de la Familia Divina Trinitaria, Padre, Madre e Hijo, quien creó como su reflejo humano a Adán y a Eva, quienes sin embargo pecaron y rompieron su amistad con Dios. Pero la Familia Divina perdonó esa transgresión originaria y dispuso que el Hijo Divino se hiciera hombre, formando así la Sagrada Familia, reflejo sacramental de la Familia Divina.

En la cruz Jesús el Nuevo Adán renovó esa Familia Divina desposándose con María dolorosa, la Nueva Eva  imagen sacramental de la Rúaj Divina. De esa manera Dios rehízo el plan de salvación, posibilitando que todos los hombres que así lo deseen podamos formar parte de la Familia Divina Trinitaria (cf. Lucas 1, 46-50).

Ya el Papa San Juan Pablo II en el año 2.000, declaró Santa a Faustina Kowalska quien transmitió ese gran misterio de la Divina Misericordia, para celebrar su Fiesta el domingo siguiente al Domingo de la Resurrección. Como Madre amorosa la Iglesia nos concede la indulgencia plenaria a quienes celebremos esta Fiesta cumpliendo nueve días antes o después los siguientes requisitos: Confesar los pecados mortales no confesados, participar en la Santa Misa y recibir la Sagrada Comunión y rezar diariamente la Coronilla de la Divina Misericordia, tal como la misma Virgen confió a Santa Faustina:

Aquí sintetizamos el mensaje de Jesús a Santa Faustina: 1. “Los pecadores que depositen su confianza en mí Misericordia, obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien y les llenaré el alma con mi paz divina en la hora de la muerte».

2. «Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más un alma confíe, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo y sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias.

3. La misericordia debe ser la clave de tus actitudes hacia otras personas. «Exijo de ti obras de misericordia que surjan del amor hacia mí, siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formar de ejercer misericordia: la acción, la palabra y la oración».

4. La práctica del amor hacia el prójimo es una condición para recibir gracias. «Si un alma no practica de alguna manera la misericordia, no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Deseo que cada devoto haga una obra de misericordia al día. Si las almas saben acumular los tesoros eternos, no serán juzgadas, porque la misericordia anticipa mi juicio».

5. «Mi Corazón es la misma Misericordia. De este mar misericordioso se derraman las gracias sobre todo el mundo a través de tu corazón, como la sede de mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre todo el mundo». Por todo ello debemos ejercer y comunicar misericordia para solucionar los actuales conflictos familiares, sociales, económicos, políticos y religiosos que afligen al mundo.

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