Formación: La Octava de Pascua

El tiempo de pascua que dura cincuenta días está marcado por una Octava que constituye su inicio. Se entiende por octava los ocho primeros días de la fiesta de pascua cuyo inicio es el domingo de Resurrección hasta el segundo domingo en el que celebramos la Divina Misericordia del Señor.

En efecto, estos días se viven con intensidad como si fuera un solo día debido a la preponderancia de la Resurrección del Señor. La intención litúrgica es que se viva gozosamente y con vivacidad la festividad de la Resurrección tal como celebrado el primer domingo de Pascua, pues es el hito del misterio de la salvación.

Vale subrayar que “la práctica de la octava religiosa la encontramos en el Antiguo Testamento con la fiesta de las Cabañas o los Tabernáculos (Lv23-26). Constantino la introdujo en la liturgia católica…De este modo, la semana de la octava de pascua es como un largo domingo que se prolonga ocho días, en el cual cada día es Día de pascua”. Históricamente hablando, la festividad judía del Pésaj que conmemora la liberación del pueblo hebreo dura siete días y ocho en la diáspora. Durante los siete días, el primero y el último son vividos con intensidad, oraciones especiales y comidas festivas. Aunque los días intermediarios “Jol Ha Mo’ed” son hábiles, se mantiene fuertemente el espíritu, el ambiente y la disposición festivos. Esta mentalidad tuvo cierto impacto en la vida cristiana. El fundamento bíblico aparece claramente en Lv 23, 5. El orden pascual llamado “Séder de pésaj” consiste en vivir la primera cena pascual narrando y transmitiendo el relato de la historia de la salida de Egipto y durante esta noche cuatro brindis forman parte del rito. Esta vivencia tiene rasgos en la octava de Pascua cristiana cuyos relatos bíblicos se centran en el misterio pascual: pasión, muerte y resurrección de Jesús.

La octava de Pascua fue admitida en el occidente cristiano a finales del siglo IV. Además, “no era ya tanto la representación y el símbolo del único misterio divino de la redención, como ‘la conmemoración histórica, réplica fiel de los acontecimientos de la redención en su orden cronológico: muerte, resurrección, ascensión, misión del Espíritu Santo’” . Así pues, la octava de Pascua tiene como trasfondo la proclamación del kerygma y vivirlo intensamente con gozo como si fuera un solo día alargado debido a su importancia incomparable, y el otro trasfondo es hacer que los neófitos gocen de la gracia bautismal, de hecho, pasan toda la semana vestidos de blanco, por eso se llama también “semana in albis”. En efecto, los textos litúrgicos de la semana in albis inspiran el anhelo de saborear la gracia divina y afirmar nuestra fe aumentando el fervor de la gratuidad hacia Dios que nos ha comunicado su propia vida divina. En la vigilia pascual se celebra el Bautismo y en su defecto se hace la renovación bautismal, y la octava permite vivirla en prolongación como si fuese en el mismo instante. Es sabido que la octava de Pascua mantiene el recuerdo de la noche luminosa y nuestro paso de la muerte en el pecado a la resurrección en la vida con Cristo, y los ocho días nos hacen vivir la frescura de la vida plena. Ahí nos damos cuenta que el viernes de dolor fue pasajero, la cruz sirvió de puente y que el domingo de Resurrección es permanente, la alegría marca la plenitud de la vida y permanece más que nuestros sufrimientos pasajeros. Que la Pascua de Jesús es nuestra Pascua y, por ende, vale afianzarnos en una conducta de verdaderos hijos de Dios iluminados por el Cirio Pascual, luz de Cristo que alumbra nuestros corazones.

Por eso, la liturgia propone durante la octava textos atinados y con mensajes relevantes. Lunes de Pascua: “Dios resucitó a Jesús, y todos nosotros somos testigos”: o sea, Dios ha confirmado la veracidad de la vida de Cristo que nos hace sus testigos. Martes de Pascua: “Subo a mi padre que es también vuestro padre, a mi Dios que es también vuestro Dios”: con la resurrección caen las barreras entre Dios y la humanidad. Miércoles de Pascua: “Se les abrieron los ojos y lo reconocieron”: los discípulos de Emaús, a pesar de la desesperación descubren al Resucitado en su camino, pues Él nos abre los ojos para verlo, arden nuestros corazones aún en los momentos difíciles que cruzamos. Jueves de Pascua: “Vosotros sois testigos”: Cada bautizado es testigo de la Resurrección, pues ha sido resucitado en el bautismo y está llamado a vivir siempre “resucitando, no muriendo”. Viernes de Pascua: “Es el Señor”: en la pesca milagrosa, los discípulos ven la acción y la presencia del Resucitado. Que nosotros también podamos ver a Dios en nuestra vida y afirmar “es el Señor”. Sábado de Pascua: “Id por todo el mundo y predicad a todos la Buena Nueva”: La Pascua nos hace misioneros, transmisores de la alegría y seductores de otros cristianos con nuestro estilo de vida. Segundo domingo de Pascua: “Felices los que creerán sin haber visto”: Como a Tomas, Jesús nos invita a creer en Él experimentándolo como “Señor mío y Dios mío” más allá de una vista física.

Que el Pregón Pascual de la vigilia nos haga cantar las maravillas de Dios salvador en nuestra vida, y que la proclamación de las secuencias nos haga saborear la gracia victoriosa del Resucitado, la cual, intensificada en la octava se extiende hasta cincuenta días de fiesta pascual. ¡Feliz fiesta de Resurrección a todos!

SALEH MOLL Francois, Misionero Xaveriano

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