Iglesia llama a escuchar el mandato de Dios en amor al prójimo y respeto de la vida, más aún de los inocentes.

El Arzobispo de Cochabamba en la homilía dominical remarcó que el Amor es un mandato de Dios, y que en ello se construye la sociedad, lejos de odio, división y controversia; viendo al otro como hermano y en defensa de toda vida, en especial de los más inocentes.

Monseñor Oscar Aparicio expresó que es imperante escuchar la voz de Dios que “nos ama profundamente” e invita a responder a ese amor, además con actitudes de amor con los hermanos. Señaló que alejados de ese amor se tiene situaciones de sufrimiento “la división, la controversia, las divisiones fratricidas son algo realmente que hiere a Dios mismo. La necesidad de reconocernos como hermanos y reconciliación en Bolivia, en nuestras familias, en nuestras ciudades, es indispensable, fundamental”.

Texto de la Homilía

Hemos visto cómo se va presentando a Jesús, como el que salva, como el que camina junto a nosotros, el que tiene la autoridad sobre también los demonios o las fuerzas del mal. Aquel que libera, aquel que está en medio de nosotros y camina, es el Dios que salva, el Emmanuel, Dios con nosotros.

Jesús, en su misión, es aquel que va proclamando el Reino de Dios, la presencia del Reino de Dios. Dios presente, por tanto, en este mundo y que debe reinar en este mundo. El mensaje particular de Jesús está justamente en aquello, que Dios está presente y Dios camina en nosotros. Y serán después los discípulos que dirán: El Reino de Dios está entre nosotros, referidos a la persona de Jesús. Él mismo, se convierte en el objeto y el motivo de justamente el Reino de Dios, que ya está presente en medio nuestro.

Pero también hemos visto a Jesús que progresivamente va anunciando a lo que ha realmente venido, es decir, a dar la vida por los demás. Y, de hecho, no hay mayor amor más grande que el que da la vida por sus amigos, así dice la misma palabra. Jesús lo va anunciando, va diciendo de que el camino de Él es hacia la cruz. Hemos sido rescatados a precio de sangre por el eterno y grande amor que nos tiene. De alguna manera es el sumo sacerdocio de Jesús, lo que en la segunda lectura hoy se nos está expresando.

En este camino, por tanto, de Jesús, en este itinerario, hoy vemos como el evangelista Marcos nos está anunciando algo muy concreto, es decir, aquellos que han visto en Jesús un peligro, aquellos que quieren eliminarlo, aquellos que quieren ya presentarlo ante el Sanedrín o las leyes. Aquel que quiere, que quieren que sea condenado y muerte, es justamente aquellos que hoy de alguna manera le están provocando constantemente en las preguntas o poniéndolo en evidencia.

Un maestro se acerca, un escriba se acerca y le pregunta, para ponerlo a prueba o para ponerlo en evidencia y después que tenga motivo para condenarlo. Y le dice: ¿cuál es el primero de los mandamientos? Vean que propiamente se ha metido con aquello que ya se nos ha anunciado en la primera lectura, el corazón de la ley, el corazón de la creencia y de la fe del pueblo de Israel. En qué cree Israel, cuál es el primer mandamiento, ¿a ver qué vas a decir? Jesús respondió, responde con la Palabra de Dios: El primero es Escucha, Israel. Escucha, Israel.

Hermanos míos, estamos acostumbrados a tantas veces decir escucha, escúchame. En nuestras discusiones incluso decimos, escúchame, escúchame, pues. Pero no siempre escuchamos, nos quedamos con nuestro, con nuestro pensamiento. Este es un imperativo enorme: Escucha, atiende, pon los oídos atentos y el corazón abierto, de lo que se te va a decir. Es demasiado importante, no vayas con defensas. no vayas con prejuicios. No vayas con ya tu pensamiento. Escucha, escucha lo que se te va a decir. El Señor nuestro Dios es el único Señor. No hay otro Dios fuera de esto. No hay otro dios. Y tú, y tú amarás al Señor tu Dios, escuchen bien, con todo tu corazón, con todo tu corazón quiere decir con todo lo que son tus sentimientos, con todo lo que son tus afectos, con todo lo que significa el responder al amor. Con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu alma, es decir, con todo tu ser, con lo que eres, con lo que eres, con todo tu ser, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas, con todo lo que tienes. Con todo lo que puedes representar, algo de fuerza, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y tu espíritu, con todo tu ser y con todas tus fuerzas. Responderás a este amor de esa manera y hace hincapié en algo más Jesús, amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Los mandamientos, hermanos, se resumen prácticamente en esto la relación con Dios y con los hermanos se resume en esto. El cumplimiento de lo que viene a ser la promesa de Dios se resume en esto. Nuestra respuesta a la relación con Dios se resume en esto, y nuestra respuesta o nuestras relaciones humanas se resumen en esto. Y que después podemos traducir en muchas otras cosas más.

Por eso, cuando se dice que si se ama sólo a Dios o se dice que se ama a Dios y no se tiene atención del hermano, se es mentiroso. O se puede decir que amo al hermano, pero no amo a Dios, igual es una mentira. Hay una íntima relación entre el amor de respuesta a Dios y la íntima respuesta de lo que viene a ser también el amor al otro.

Queridos hermanos, queridas hermanas, la propuesta de Jesús es muy clara. Si nuestras relaciones van mal, si nuestras divisiones son un grito al cielo, si nuestra falta de respeto a los enfermos es algo que clama, si nuestras injusticias están presentes, es algo que hace sangrar. Si no respetamos la vida total y plenamente, la vida del otro. El respeto profundo por todo lo que tiene, por todo lo que es, por todo lo que significa, hermanos míos, estamos incumpliendo aquello que el mismo Dios nos ha dado.

Les invito, pues, entonces que nosotros aceptemos este amor de Dios profundamente, porque sabemos que nos ama profundamente al extremo de dar la vida por nosotros, pero aceptando este amor los respondamos también con gratuidad y entonces se extienda el amor de Dios o la respuesta del amor a Dios, se extienda también a los hermanos y a todo lo que significa.

Queremos construir una sociedad. Hemos dicho tantas veces somos hijos e hijas de un único Padre. Por tanto, la división, la controversia, las divisiones fratricidas son algo realmente que hiere a Dios mismo. La necesidad de reconocernos como hermanos y reconciliación en Bolivia, en nuestras familias, en nuestras ciudades, es indispensable, fundamental. El respeto a la vida es fundamentalísimo y es mandato de Dios. Nadie, nadie puede tomar la vida de su hermano, mucho más si es inocente.

El Evangelio sigue diciendo el escriba le dijo. Muy bien, maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que É. Y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios. Estás respondiendo con la Palabra de Dios, pero también con lo que Jesús ya le había dicho. Se pone un poquito en un sentido medio arrogante, no es cierto. El escriba dice bien, Señor, has respondido muy bien, tienes razón. Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo. parece irónico, no cierto. Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo, porque este ha comprendido, el escriba ha comprendido algo más. Tú no estás lejos del Reino de Dios, y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Hermanos míos entremos en el espíritu de este Evangelio. Que el cumplimiento de los mandamientos nos ayude sobre todo a, en síntesis, tener estos dos, que representan la síntesis de los demás, Amara a Dios sobre todo y al prójimo como a nosotros mismos.

Amén.

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