Iglesia llama actuar con sabiduría, escuchando al pueblo, y que este obre en paz, sin confrontación ni búsqueda de poderes.

El Arzobispo de Cochabamba, en su homilía, hizo un llamado a actuar en busca del bien común, despojándose de egoísmos. Con ello llamó a que la jornada de paro se realice en paz, sin confrontación y ni búsqueda de poderes. Pidió que las autoridades sean sabias en escuchar a un pueblo que está demandando.

Monseñor Oscar invitó a reflexionar, con sabiduría, sobre dónde muchas veces se busca la felicidad, en egocentrismo, materialismos, que no dejan a la persona despojarse de sí mismo para poder alcanzar aquello que es importante, la vida eterna. Así invitó a pedir a Dios que ilumine para depositar la vida en Él, pues para Dios nada es imposible.

También enfatizó en el día de la Mujer Boliviana, felicitándolas y pidiendo que “de verdad, la sabiduría, la escucha de la Palabra de Dios, les ayude también a ser gobernantes en lo que les corresponde, porque ustedes son las que manejan normalmente el hilo de la familia, el hilo de la sociedad y tantas otras cosas”.

Homilía de Monseñor Oscar

Amados hermanos y hermanas, vemos como la Palabra de Dios está todo este tiempo, cada vez profundizando en lo que es la persona de Jesús y la necesidad también entonces de sus discípulos y en el seguimiento radical.

Se dirige también a nosotros, no sólo son los protagonistas de la Palabra de Dios, hoy, que aparecen o son mencionados sino, en aquellos estamos incluidos nosotros. Por tanto, la Palabra de Dios siempre debe ser tomada de manera de parte nuestra, es un mensaje a nosotros. Es una llamada de atención, o es una propuesta, o es un camino, o es un itinerario. Esta palabra se tiene que actualizar en esta asamblea el pueblo de Dios.

Y aunque la primera lectura está referida, por ejemplo, a Salomón y al pueblo de Dios, y el cómo él conduce este pueblo. La segunda lectura está a una comunidad pequeña. Y Jesús, que se dirige a sus discípulos, nos incluye también a nosotros. Por eso veamos en primer lugar lo que dice este Evangelio.

Cuando Jesús estaba en camino, un hombre corrió hacia él y arrodillándose, le preguntó, Es un hombre, es aquel de aquel momento, puedes ser tú, puedo ser yo. Le pregunta: Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? Se supone que este es un apasionado de la búsqueda de la verdad, por la pregunta, es alguien que conoce de la de la escritura. Es alguien que conoce las leyes, es alguien que busca la verdad, la justicia, la paz. Es alguien bueno, diríamos así, porque la pregunta es muy sabia. Jesús, en cambio, le responde diciendo: ¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos. Si este hombre es bueno, quiere encontrar a Jesús o le dice Bueno, tú también eres bueno, igual que yo. Está afirmando esto. Pero la respuesta es realmente sorprendente: Sólo Dios es bueno, por tanto, no busques en mí aquello a lo que realmente he venido, o no busques en mí aquello que en realidad sí lo soy, pero es algo más que se necesita ser. Tú conoces los mandamientos. Ve y cúmplelos.

Este hombre cumplía los mandamientos, se lo repite: Todo esto lo he cumplido desde la juventud. Jesús lo miró con amor y le dijo Sólo te falta una cosa. Ya eres hombre, bueno, ya eres recto ya no es que haces mal a los demás, compartes muchas cosas. Me imagino que estás apreciado por tus amigos. Has constituido una buena familia. Aparentemente es como mucha otra gente, a veces, cuando viene y se confiesa padre, yo no he hecho ningún mal a nadie. No tengo enemigos. Ya está bien, ya está bien. Eres bueno. Puedo ser bueno. Qué buena gente decimos nosotros, no: qué buena gente. Sólo te falta una cosa, ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme.

¿Dónde está la clave de la felicidad, en los bienes, en el ser bueno, en el prestigio, en la fama, en los títulos, en la buena casa, en la buena comida, en los lujos? Y si vamos más allá, en las ideologías y los postulados que nos dicen que fuera la verdad, esta u otra cosa, aunque sea a grave costo, al costo de los demás, de pisotear al otro. O a costa de no compartir y apoderarse sólo para sí, lo que puede pertenecerle también a los demás. ¿A guardar un corazón cerrado en sí mismo, egoísta y no poder compartirlo con los demás? A una incapacidad de amar, a no orar por los demás, incluso por los que te hacen daño, a no prestar a aquel que puede no devolverte, a compartir tus bienes porque no son la fuente de la felicidad o no es el mandato de Dios.

Este joven se entristeció al oír las palabras y se fue apenado porque poseía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dijo a sus discípulos: Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de los cielos. Y después, frente a la pregunta otra vez de los discípulos, vuelve Jesús a decir: Hijos míos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entra en el reino de Dios. En las murallas de Jerusalén hay una puerta llamada aguja, muy estrecha, los camellos no podían entrar por allí. Se refiere un poco aquello. No, es que es una agujita al que nosotros conocemos para ponerle el hilo, no, sería una comparación un poco absurda. En este caso dice un camello por esta puerta no pasa. Es difícil que un rico entre en el Reino de los cielos porque su corazón está poseído. Cuídense de esto. Y aquí habla, hermanos, algo muy bello también para nosotros. Lo que es imposible para los hombres, lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.

Que el Señor nos acompañe por eso es hermoso el salmo que hemos hecho: Señor, sácianos con tu amor, Señor, sácianos con tu amor. Que aprendamos de Salomón lo que hemos escuchado en la primera lectura. Salomón es uno que recibe el reino en dificultades muy grandes, el reino de Israel. ¿Qué es lo que pide? No pide riquezas, no pide fama, no pide belleza, no pide lujos. Pide sabiduría, cual sabiduría, la de conducir a su pueblo según la voluntad de Dios, según los mandatos y los preceptos de Dios, buscando el bien común sobre todo de los más necesitados. Buscando constantemente la paz. Se convierte en el mayor de los grandes estadistas del mundo, un verdadero gobernador o gobernante, que puede conducir a su pueblo según los preceptos de Dios. Y, de hecho, todos los años que transcurren de Salomón son llenos de paz.

Esto también nosotros pidamos entonces, la escucha de la Palabra de Dios, como dice la segunda lectura, la sabiduría que Dios nos conceda, de saber dónde debemos depositar nuestras fuerzas y en quien nos debíamos inclinar, o a quien deberíamos realmente adorar o hacer caso. No a los ídolos, no al dinero, no a la fama, no a aquello que no tiene ni siquiera raíz. Esto pedimos también para estos días que nos vienen, de los cuales tenemos tanto miedo.

Si se anuncia un paro, que sea en reclamos, de acuerdo, que pueden ser justos. En sabiduría, en paz, evitando la violencia y las confrontaciones; no detrás del poder, sino del bien común. Que nuestras autoridades sean sabias al escuchar al pueblo. Un pueblo que está demandando.

Y esto mismo de alguna manera pedimos para las mujeres. Felicidades entonces a ustedes que, de verdad, la sabiduría, la escucha de la Palabra de Dios, les ayude también a ser gobernantes en lo que les corresponde, porque ustedes son las que manejan normalmente el hilo de la familia, el hilo de la sociedad y tantas otras cosas, felicidades entonces.

Que el Señor a todos nos conceda esto que hemos vuelto a decir siempre en el salmo Señor, sacia los con tu amor. Amén.

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