Iglesia reitera llamado a la reconciliación entre bolivianos

IglesiaViva// Este domingo 5to de Pascua, desde la Basílica menor de San Francisco en la ciudad de La Paz, Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, en su homilía ha reiterado el llamado de la Iglesia a la reconciliación entre hermanos bolivianos y dar fruto abundante permaneciendo enraizados en el Señor.

Homilía de Mons. Oscar Aparicio

Celebramos el quinto domingo de Pascua, lo que indica que tenemos un camino ya recorrido en esta festividad de la Pascua del Señor.

El anuncio de la Pascua ha sido claro y evidente no teman, “si ustedes buscan al que estaba sepultado y había muerto no está aquí vive” y de ahí son los testigos de esta resurrección que anuncian al mundo entero, esta inmensa alegría de la resurrección que nos alcanza también a nosotros.

Es el Pan vivo bajado del cielo, es aquel Señor que se presenta donde sus discípulos y les dice: “la paz con ustedes”, es una presencia serena la paz del Señor, es esta presencia de Él mismo, que permanece, que está entre nosotros, que nos acompaña en la vida, que nos da certidumbre en nuestra existencia y sobre todo que nos fortalece para enfrentar las adversidades de la misma historia y de la vida.

Decíamos que es justamente el Pan bajado del cielo, que se convierte en verdadero alimento y sustento de nuestra existencia, aquí en este mundo, pero también que ya de alguna manera está pre anunciando lo que vendrá.

Cuando celebramos la Eucaristía nos alimentamos de este pan y de esta bebida de salvación, pero también como preanuncio de lo que vendrá, es decir, esta acción de gracias y esta fracción del pan es también una manifestación eterna, porque si el Señor nos hace partícipes de la resurrección, nos regala también, nos dona su vida y por tanto nos regala este sustento concreto y material.

Por eso sabemos que el anterior domingo representaba esta hermosa figura del Buen Pastor, es el Buen Pastor que guía a sus ovejas y que las conoce y cubre de sus necesidades, es Jesús, que te cuida, que me cuida, que nos ama profunda y sinceramente, es el Señor que a su grey la conoce, somos sus ovejas y nos conoce. Pero al mismo tiempo nos llama a tener también esta tarea y esta misión a este mismo modelo.

Todos tenemos una pequeña grey la que hay que cuidar, a todos se nos ha confiado una misión al estilo del Buen Pastor, diríamos también al estilo de San José, que bueno que hemos celebrado ayer ciertamente la festividad del 1° de Mayo, pero que tiene como fundamento también a este hombre sencillo. Sabemos que este año, es el año que el Papa ha querido dedicarlo a San José, la figura de San José en esta paternidad, y en esta sencillez, y en esta profunda manera de custodiar al Señor, también a través del trabajo. Digo todo esto hermanos porque hay un recorrido, hay un paso, unos pasos que hemos hecho hasta llegar al hoy escuchamos esta palabra.

Otro signo fundamental: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”, bien hermanos, que figura más bella, aquellos que tienen experiencia concreta de lo que puede ser el fruto o la semilla, o aquello que significa cuidar de una plantita, en este caso de la vid, sabemos que es fundamental y esencial este aspecto de la raíz, el tronco y la planta, diríamos así.

Si Jesús dice “Yo soy la vid”, está hablando de algo fundamental, de algo que tiene sus raíces en este mundo, en esta tierra, que se enraíza a fondo a profundo, que nace, que permanece, que está presente sólidamente en este mundo. Pero después que produce hojas, produce ramas y que produce por tanto fruta, es el Señor.

¿Cuál es el fundamento de la vida, qué es lo esencial de la vida?

Es este Señor, este Buen Pastor, este Pan de la vida, es aquel que ha resucitado entre nosotros y que nos salva. Por eso es que hoy día nuevamente nos invite en este domingo a profesar nuestra fe, profesar la fe en Jesús y fundamentar nuestra vida en Jesús. Él es raíz, de Él proviene la felicidad y el enorme gozo, Él es el fundamento de la salvación, es un don suyo el que podamos tener esta vida y también estemos proyectados a la eternidad porque nacemos de las entrañas de Dios, peregrinamos en este mundo, pero caminamos hacia la gloria eterna de Dios.

Nosotros somos los sarmientos y como dice la Palabra: Los sarmientos son aquellos que tienen como que dos propósitos hoy día; la necesidad de permanecer en la vid, en la planta, en el tronco, en la raíz, si no permanecemos en la raíz, no podremos tener vida. El sarmiento lejos del tronco de la vid se muere, todos lo sabemos, lo conocemos. Por tanto aplicado a nosotros los discípulos misioneros del Señor está muy claro y muy eminente el sarmiento vive porque existe la vid, la Iglesia está presente porque existe Jesucristo, si nosotros tenemos vida y podemos dar fruto es porque en realidad estamos cimentados, fundamentados en Jesucristo, la verdadera vid.

Recibimos la vida, recibimos el perdón, recibimos la paz, recibimos la resurrección. En realidad todo aquello nos viene como regalo gratuito de parte de este Dios que nos ama profundamente, lo esencial de los sarmientos aparte de estar necesariamente permaneciendo en la vid, es el que podamos dar fruto.

Si una plantita, una uva no da fruto, no sirve de mucho, puede servir para dar sombra, puede servir para ver la belleza, puede alegrarnos el corazón, también el verdor, en fin. Sin embargo esencialmente tiene que dar fruto.

Por tanto hermanos míos, aquí viene creo la gran propuesta del domingo de hoy, si permanecemos en el Señor, si de Él nos viene la vida y su Palabra, si con Él participamos en la Acción de Gracias y nos alimentamos de su cuerpo y de su sangre, si nosotros queremos ser este camino de discipulado del Señor seguirlo a Él y ser anunciadores de Él, fundamentalmente necesitamos también dar fruto abundante.

Por eso, la segunda lectura es clarísima, no solo de palabras, fundamentalmente de obras en la caridad y en el amor, al estilo de Pablo como decían en la primera lectura, al estilo de los otros discípulos que se embarcan en la aventura de anunciar el Evangelio, por tanto nosotros acojamos esta Palabra, permanezcamos en esta vid para dar fruto y fruto abundante, mucho más en el medio ambiente que nos toca vivir.

El llamado de la Iglesia a todos nosotros discípulos misioneros a construir una patria en la reconciliación, el amor y el perdón.

Por eso hermanos que es esencial también es el llamado de la Iglesia a todos nosotros discípulos misioneros a la Iglesia aquí en Bolivia a construir una sociedad, a construir unas familias, a construir una patria en la reconciliación, el amor y el perdón.

El llamado fundamental a ser reconciliados, a reconciliarnos nosotros, el vernos cara a cara es fundamental hoy más que nunca aquí en nuestra Patria.

Yo solo quisiera por tanto, recordar algunos pequeños pasajes que hace dos semanas ya los obispos de Bolivia hubiéramos dicho en nuestro mensaje al pueblo boliviano después de la Asamblea que ordinariamente la solemos tener.

Simplemente para recordar decíamos: “Somos bolivianos, somos hermanos, somos hijos e hijas de un único Padre, somos hermanos”, algo fundamental que tenemos en común es esto y hemos recibido de parte de Dios este mandato, de cuidar, de custodiar, de estar atentos que el fruto fundamental que hoy se nos pide es poder amarnos, ayudarnos, reconciliarnos, perdonarnos.

Y aunque alguno crea que esta no es nuestra tarea como Iglesia, hermanos míos, hoy tenemos que decirlo fundamental: “Llamamos seriamente a que busquemos la reconciliación entre hermanos”, no es posible la confrontación y no es posible el enfrentarse entre hermanos.

Decíamos los obispos “sabemos que uno de los dolores más grandes ha sido el de la pandemia, pero que se suman a esta angustia, una creciente polarización política que provoca divisiones e inestabilidad social y erosionan nuestras energías en confrontaciones que paralizan la construcción de un proyecto común de país y esperanzador”.

Estas dos semanas desde cuando ha habido este comunicado, somos testigos de cuanta violencia, cuanto feminicidio, cuanto odio, cuanto rencor. Si no se tiene el estar enraizado en el Señor, si hemos secado nuestro espíritu por intereses particulares, en vez de servir al pueblo, ignorando las necesidades reales de la población cada vez más desamparada ante la pandemia o ante también incluso la falta de trabajo y la pobreza creciente.

Cierto que somos bastante diferentes, pero esta diversidad cultural no puede ser motivo de confrontación, sino más bien una fortaleza y plataforma para caminar hacia la unidad y encontrar soluciones consensuadas a los problemas comunes.

Por eso decíamos “ante toda estas situaciones de sufrimiento, como pastores sentimos la responsabilidad de decir a la luz del Resucitado, que nos pide ser testigos de la vida nueva, de la esperanza y de la reconciliación, que nos lleven a la fraternidad y a vivir una cultura del encuentro. Somos bolivianos, somos hermanos, somos hijos e hijas de un único Padre”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: