Sáb. Abr 20th, 2024

La violencia, sistema de justicia, libertad y derechos humanos, es la preocupación de los Obispos de Bolivia

En el marco de la CXII Asamblea de Obispos de Bolivia, hoy los pastores de la Iglesia católica celebraron la eucaristía de este domingo tercero de Pascua desde el Santuario de Urcupiña en la Arquidiócesis de Cochabamba; en la oportunidad Mons. Aurelio Pesoa, presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana pidió a Cristo resucitado que reafirme la fe y devuelva la esperanza a los bolivianos, a quienes les exhortó a trabajar por un mundo y una Bolivia en la que sea posible vivir bien, con justicia, tolerancia, inclusión para todos, y se construya un país de verdaderos hermanos.

El obispo señaló que hoy hay muchas razones para perder la esperanza con motivos como: ”la guerra y su reguero de destrucción de familias lastimadas por el dolor y la muerte”, “la violencia y falta de respeto a los derechos fundamentales de los seres humanos”, “el sistema de justicia que son puro servicio a los privilegiados del mundo, pero que no sirven a la verdad, ni al pueblo, ni a los inocentes, ni a los desprotegidos”, y “la libertad que es el don que nos ha dado Dios, es despreciada, cada vez somos menos libres y se respeta menos al que piensa diferente, al que opina de otra forma, al que es otro y único”, sostuvo Mons. Pesoa.

Ante este contexto dijo que aún hay motivos de alegría para los fieles, pues si Dios camina con nosotros la vida tiene sentido, “Si Cristo ha resucitado la vida tiene sentido porque sabemos que Él está vivo y camina con nosotros y nos da fuerzas para luchar en la vida y para construir un mundo más humano, más cristianos y más fraterno, un mundo en el que vale la pena entregarse y amar, vale la pena ser honestos, vale la pena trabajar por la justicia, vale la pena dar la vida queriendo cambiar este mundo”, enfatizó Mons. Aurelio.

A continuación la homilía completa.

TERCER DOMINGO DE PASCUA (A)

Santuario Virgen de Urkupiña

Domingo 23 de abril de 2023 – Quillacollo-Cochabamba

1.- Los discípulos de Emaús, que la liturgia de Pascua nos presenta este Domingo, son ejemplo de personas que caminan sin esperanza. Ellos habían perdido la esperanza, tras la muerte de Jesús, a quien consideraban un fracasado más: “Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos días que sucedió esto”.

Esperábamos, pero ya no esperamos, porque Jesús, en quien habían puesto su esperanza, había sido víctima de la muerte. Una víctima más, un fracasado más, un muerto más en la historia.

2.- También nosotros caminamos muchas veces sin esperanza y, la verdad, es que hay razones para perder la esperanza. Especialmente los más necesitados, y tienen razones para perder la esperanza, porque son víctimas de la injusticia en la que vivimos. Porque una y otra vez se les promete días mejores, pero una y otra vez se les decepciona y no se cumple lo que se les promete.

Vivimos decepcionados con el ser humano que se transforma cada vez más en un lobo para el hombre, no en un hermano para los hermanos, sino en un depredador para los otros. No hay más que ver la guerra y su reguero de destrucción de familias lastimadas por el dolor y la muerte, propiedades fruto del sudor de toda una vida, que son destruidas por la violencia humana.

Y eso es solo un ejemplo de la crueldad en la que vivimos. Cada vez sufrimos más violencia y falta de respeto a los derechos fundamentales de los seres humanos. Ni siquiera la vida de un no nacido se respeta, o la de los niños que son sometidos a la violencia y al acoso de los adultos.

Vivimos en sistemas de justicia que son puro servicio a los privilegiados del mundo, pero que no sirven a la verdad, ni al pueblo, ni a los inocentes, ni a los desprotegidos.

La libertad que es el don que nos ha dado Dios es despreciada cada vez más en el mundo en el que vivimos y, también en nuestro país. Cada vez somos menos libres y se respeta menos al que piensa diferente, al que opina de otra forma, al que es otro y único.

Hay razones para desconfiar y para perder la esperanza. Ojalá los seres humanos nos demos esperanza unos a otros y seamos motivo de alegría y regocijo unos para otros, ojalá nos cuidemos los unos a los otros y no seamos motivo de dolor, tristeza y desconfianza.

3. – Pero los creyentes, los católicos, tenemos motivos para la esperanza y es que Cristo camina con nosotros, como caminaba con aquellos dos discípulos de Emaús. “Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo”.

La tristeza, la falta de fe, el estar centrados en los problemas no les dejaba verlo, pero Cristo estaba allí con ellos, caminaba con ellos. En nuestros días Cristo continúa caminando con la humanidad desesperanzada, con la humanidad víctima de las injusticias, tal vez no le podemos ver, pero está caminando con nosotros.

Y esto es así, porque Cristo no está en el sepulcro, no está muerto, no está donde ya no hay esperanza, sino que Cristo Resucitó, venció la muerte y sigue acompañándonos con su Palabra y en la Eucaristía, sigue presente en su Iglesia, sigue caminando con nosotros, si creemos en El.

La fe es la forma que tenemos de ver a Cristo presente y caminando con nosotros. Si creemos tendremos esperanza a pesar de todo, porque, aunque haya mucho mal, sabemos que Cristo está vivo y ha triunfado sobre la injusticia, sobre el mal y sobre la misma muerte.

Los injustos no triunfarán en la historia de la humanidad, triunfarán los justos. La maldad no triunfará, triunfará la bondad.  Los verdugos no triunfarán, triunfarán las víctimas. Dios ha dado la vuelta a la realidad resucitando a su Hijo Jesús.

No triunfaron los poderosos, el sanedrín judío y los representantes del imperio romano, sino que triunfó el pobre, el aniquilado, el injustamente condenado, el inocente condenado y muerto.

4.- Hay razones para la alegría y para la esperanza y esas razones no vienen de nosotros, pobres seres humanos pecadores, sino que vienen de la obra de Dios, vienen de lo que Dios ha hecho. Las razones para la alegría no vienen de lo que hemos hecho nosotros, sino de lo que ha hecho Dios: “Ustedes, por mano de paganos, lo mataron en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte”. Hechos de los Apóstoles.

¿Qué hicimos nosotros? Nada bueno. Matar al enviado de Dios, al Cristo. ¿Qué hizo Dios? Lo resucitó, rompió las ataduras de la muerte. Dios da vida, Dios da sentido a la vida, Dios está caminando con nosotros en la historia, dándonos razones para la esperanza y la alegría.

Si Dios camina con nosotros la vida tiene sentido. Si Él no está y, simplemente, murió, entonces no hay sentido alguno para la vida, porque tendrán éxito los injustos y los malvados, pero si Cristo ha resucitado la vida tiene sentido porque sabemos que Él está vivo y camina con nosotros y nos da fuerzas para luchar en la vida y para construir un mundo más humano, más cristianos y más fraterno, un mundo en el que vale la pena entregarse y amar, vale la pena ser honestos, vale la pena trabajar por la justicia, vale la pena dar la vida queriendo cambiar este mundo.

5.- Reavivemos nuestra fe en Cristo resucitado quien sigue caminando con nosotros, pidámosle que reafirme y nos devuelva la esperanza y nos ayude a caminar con sentido trabajando por un mundo y una Bolivia en la que sea posible vivir bien, una Bolivia con justicia, tolerancia e inclusión para todos y un país de verdaderos hermanos.

Cristo resucitado reanime la fe de todos nosotros en esta Pascua y su santísima Madre a quien veneramos en este lugar, bajo la advocación de la Virgencita de Urkupiña nos transmita su esperanza y su fuerza para vivir haciendo la voluntad de su Hijo.  Y Como suele decirse en Moxos es Pascua Aleluya, Aleluya. 

//CEB

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