Monseñor Aparicio destaca la dignidad, igualdad y complementariedad entre varón y mujer, y rechaza agresiones contra mujeres y niños

El Arzobispo de Cochabamba, durante su reflexión en este domingo 3 de octubre, subrayó que el ser humano tanto varón y mujer, tienen la misma dignidad, igualdad y complementariedad entre ambos, pues así Dios mismo lo estableció. Por ello eso es tan fuerte y tan doloroso, dijo, las agresiones y las afrentas entre hermanos, peor todavía si es contra la mujer o los niños.

Junto a ello enfatizó en la belleza del sacramento del matrimonio reflejo del amor de Dios, pues es en la fidelidad que se engendra la felicidad, situación que también viven los consagrados y consagradas. Monseñor señaló que pese a ideologías, posiciones y ataques que solamente generan división y confrontación, aún se puede ser “faros de testimonio, de que aquello que el Señor ha prescrito es posible, porque fundamentalmente es el amor de Dios, es la voluntad de Dios que está presente como base”.

Texto de la Homilía completa

Quisiera llamar a su recuerdo, a su memoria, lo que hace muy pocos días hemos celebrado aquí también en esta catedral, en ocasión de que muchas parejas de nuestra Arquidiócesis y algunas familias han querido renovar su matrimonio, es decir, aquel momento importante de su unión sacramental, nos ha traído mucha alegría. Por eso celebrábamos con la Eucaristía una renovación de todos estos hermanos en su unión, siendo testigos del amor de Dios en este mundo y propagando aquello que hoy sigue siendo absolutamente válido: La unión del varón y la mujer, que constituyen después una familia.

Llamo al recuerdo de ustedes a este acontecimiento, porque hoy la palabra hace énfasis también en aquello que ya hemos escuchado. Si nosotros repasamos un poquito la primera lectura, hay varios principios allí que nos ayudan a entender también esta realidad del matrimonio. Dios crea al hombre y la mujer Dios crea al género humano. Dios creó al ser humano. Y dice en concreto: los creó hombre y mujer. Por eso dice: No conviene que el hombre, el varón, esté solo, voy a hacerle una ayuda adecuada. Aunque el relato no es científico, pero está hablando de un principio fundamental, es decir, que Dios ama profundamente al ser humano y los considera y los concibe varón y mujer, complementarios. Por eso las expresiones que aparecen son bellas: El hombre puso nombre a toda la creación, pero cuando encuentra a la mujer, creada de su costado, es decir, del mismo elemento, dice: Esta sí que es hueso de mis huesos, carne de mi carne.

Son criaturas puestas en la misma dignidad y nacidos de un mismo elemento y del Espíritu de Dios. Por eso dice se llamará mujer, porque ha sido sacada del hombre. Es una forma de expresar aquello fundamental que estoy diciendo. El profundo amor de Dios al ser humano, en varón y en mujer se expresa también en esta relación concreta de un Dios que crea a imagen y semejanza. Quiere decir que Dios ha creado al hombre y la mujer, la familia, diríamos así, la ha creado a imagen de Él. Ese es un principio fundamental ya presenté en la primera lectura.

Otro principio que aparece muy claramente es esta complementariedad o esta igualdad de varón y mujer. Vean que el varón es capaz de poner nombre a los animales, a la creación, reconocer en la creación un cierto dominio. Sin embargo, cuando se presenta con la mujer, se da cuenta que es absolutamente igual. Aquí no hay entonces el hecho de que el varón sea superior a la mujer o la mujer superior al varón. Ustedes contrasten en estos principios con muchas ideologías y muchos principios que hoy se propagan por todo el mundo y que lo que más que hacen es solamente confundir. Hay una igualdad entre el varón y la mujer, los dos en la complementariedad, somos hijos e hijas de Dios y un único padre. Por eso es tan fuerte y tan doloroso las agresiones y las afrentas entre hermanos, peor todavía si es contra la mujer o los niños.

Por otro lado, el otro principio, que claramente se muestra aquí es el hecho de que el ser humano es un ser de relación, de comunión, no ha nacido ni ha sido creado para vivir a solitario. Vivimos, y si vivimos, existimos, es para tener relación con nosotros mismos, con los demás, con la naturaleza; y esto, hermanos, es fundamental. El hombre, el ser humano, ha sido creado para vivir en esta relacionalidad, y la mayor expresión de estas relacionalidad justamente se puede dar en el matrimonio. Por eso reconocemos como la célula de toda sociedad el matrimonio, la unión del hombre y la mujer que se complementan, la unión del hombre y la mujer que es por amor y es imagen también de la unión del ser humano con Dios, porque nos ha creado a imagen suya. Es propiamente la expresión más clara del hombre en relacionalidad el ser humano en sociedad. Y esto creo que lo sabemos también por experiencia. Uno no puede vivir en solitario, que el Señor, por tanto, nos bendiga todos los días de nuestra vida, decíamos en el salmo.

Y aunque hay muchos aspectos interesantes de la segunda lectura, simplemente quisiera remarcar aquello que ya está presente en el Evangelio. Cuando Jesús es increpado frente a una ley de Moisés, el es claro y es evidente: si Moisés les dio esta prescripción, es decir, la posibilidad de divorcio fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación esto no fue así. Dios los hizo varón y mujer. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne; de manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.

Hermanos míos, el sacramento del matrimonio justamente refleja todo esto. Llamados a ser testigos de la fidelidad de que es posible en este mundo el amor y el amor por siempre. La fidelidad concibe y crea felicidad. Por eso traía recuerdo de estas familias, de esta celebración a ustedes. Porque cuántos de ellos han expresado la hermosa felicidad, de decir ciertamente ha habido dificultades en nuestra unión y nuestro sacramento. Pero hoy lo podemos renovar y decir realmente que agradecemos profundamente a Dios por esta unión. Algunos ya tenían hasta más de 40 años. La fidelidad engendra felicidad. Lo mismo nos pasa a nosotros los consagrados, las hermanas pueden decir lo mismo. Mirando nuestra vida de tantos años atrás de habernos consagrado al Señor, hoy día podemos volver a decir gracias, Señor, y porque nos has dado felicidad en esta consagración.

Estás respuesta de amor es una realidad. Es posible constituir familias en este mundo pese a las contradicciones, pese a las ideologías, pese a tantos ataques, es posible también, hoy y se convierte como en una gran luz, como un faro de testimonio de que aquello que el Señor ha prescrito es posible, porque fundamentalmente es el amor de Dios, es la voluntad de Dios que está presente como base, también a esto que estamos diciendo.

Parece extraño que al final del Evangelio aparezca este otro trozo en el que dice: Y trajeron unos niños, para que los bendiga. Los discípulos, que no entienden muchas veces casi nada, los quieren separar. Sin embargo, dice que vengan en ellos. “Quien acepta el Reino de Dios como uno de estos niños, acepta absolutamente, en la sencillez lo que Dios está obrando. Y bendijo a los niños.

Hermanos míos, es otra vez el inclinarse de parte de Dios hacia el género humano, es inclinarse de parte de Dios a ti y a ti y a mí, y el realizar un plan de salvación en nuestras vidas. Podemos entonces concluir diciendo Alabado sea nuestro Dios y Señor. O como en el Salmo, que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida. Amén.

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