Monseñor Aparicio llama a dejarse llenar por el gozo de la resurrección que ilumina las tinieblas de este tiempo

El Arzobispo de Cochabamba, en su homilía, en la Celebración de la Solemne Vigilia Pascual hizo un llamado para que la resurrección del Señor actúe en la vida de cada uno, pues este gozo se actualiza en todo tiempo; iluminando las tinieblas del sufrimiento, la muerte, la división y la guerra que quieren oscurecer a la humanidad.

En este sentido expreso que en el amor inmenso que Dios tiene con sus hijos no los abandona, se hace presenta en la vida de cada persona: “Recibamos, por lo tanto, hermanos míos, con todo gozo, con toda alegría, con mucha esperanza en nuestra vida propia, en nuestra historia concreta, este anuncio de salvación”.

Homilía de Mons. Oscar Aparicio – Solemne Vigilia Pascual

Muy amados hermanos y hermanas: Hemos esperado con ansia el celebrar esta Pascua, esta noche. Nos hemos venido preparando con una serie también, no sólo de la Palabra de Dios, sino con acontecimientos que nos han ido anunciando continuamente la dificultad que tenemos, y desafíos en este mundo. Somos testigos de cuánto sufrimiento, cuánto angustia, cuántas crisis, cuántas situaciones complejas, cuántos esfuerzos también de nuestra parte para ser buenos Discípulos Misioneros del Señor y hacer un buen camino cuaresmal.

Entre medio hemos encontrado todavía tanto sufrimiento, tanta muerte, tanta división, tanta guerra. Pero también hemos ido escuchando de parte de la Palabra de Dios este anuncio, de que, si hacemos un camino de preparación a la Pascua, lo hacemos en realidad confiados también en que Dios está presente en este mundo, en nuestras vidas, en medio de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, de nuestras familias. Por eso creo que hemos esperado con ansia esta noche para reafirmar aquello que ya hemos escuchado a través también de esta palabra y este anuncio. El fin del ser humano no es una tumba. El fin del ser humano no es la muerte. El fin del ser humano no es la soledad. El fin del ser humano no es la enfermedad ni las divisiones. Cristo, nuestra Pascua, ha resucitado. Él vive. Y, por tanto, nosotros también resucitaremos y viviremos.

Esta celebración la hemos iniciado de esta manera, como todos los años. Pero, y aunque sí pareciera que repetimos todos los años los mismos actos, en realidad se hace presente en el hoy. El fuego que hemos bendecido es un fuego nuevo. Este fuego nuevo ha encendido este cirio pascual, Alfa y Omega, principio y fin. Tú eres el tiempo y hemos puesto el año 2022. Es la luz que irrumpe las tinieblas. Es la luz que aparece. Es Cristo mismo que brilla en medio de nuestra oscuridad. Por eso ha sido tan significativo entrar, ciertamente uno dice como todos los años. Sin embargo, es una novedad, es Cristo que yo que irrumpe las tinieblas. Es Cristo que vence la oscuridad ¡Luz de Cristo!

Y hemos cantado este hermoso pregón pascual. Anunciando que esta luz será presente hasta el alba. Esta luz es Cristo, nuestra Pascua, que resucita hoy, hoy, en medio de nosotros, este año. En medio de esta nuestra historia, en medio de nuestras ciudades, resucita y nos ilumina a nosotros, a ti, a ti y a mí. Ilumina nuestras oscuridades y nuestra vida, hoy.

Hemos escuchado la Palabra de Dios abundante y que nos habla de la historia de la salvación. Dios que crea, Dios que salva, Dios que se ha enamorado, diríamos así, profundamente del género humano; y en el género humano te ama a ti y me ama a mí. Nos ha creado y nos ha creado para la eternidad. Por eso la historia de salvación en la segunda lectura que hemos escuchado se hace presente. Las aguas de la muerte no vencen al género humano porque no vencen a Dios, que pasa con fuerza y salva a su pueblo. Y nos salva a nosotros, de nuestras miserias, de nuestras esclavitudes, de aquello que nos mata, de aquello que nos separa de los demás, del desamor. Te saca de tu esclavitud, de tus pecados, de tus miserias. Es una palabra que acontece en medio de este mundo. Es una palabra que promete la salvación, la tercera lectura. Y nos promete a nosotros en este año, a ti y a mí. Por eso, la 4.ª lectura que hemos escuchado y también del apóstol Pablo, es ante todo esta palabra, esta luz. El Verbo encarnado está entre nosotros y habita entre nosotros, camina entre nosotros. Por eso nos alegramos.

Hermanos míos yo espero que ustedes tengan un gozo enorme en corazón. No hace falta emborracharse para manifestar la alegría. No hace falta grandes platillos y bombas y cohetes y todo lo que sea. Si hemos experimentado este amor profundo de Dios, ya esto es algo que llena el corazón de una manera increíble. El gozo es una serena alegría y una paz. Realmente estás resucitado.

Por eso el evangelio de hoy, que se cumple hoy es para nosotros. Si lo hemos escuchado atentamente, el primer día de la semana, domingo, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado, acongojadas. Lo curioso es que son mujeres. La mujer representa siempre esta figura de afectividad, de maternidad, de protección, de corazón diríamos así. Ellas, aunque saben que el Maestro, el Señor, ha sido crucificado y ha sido sepultado, guardan el amor profundo del Señor en sus corazones. Encontraron la piedra removida y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Ellas se llenaron de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, y en cambio, estos hombres que se le aparecieron les preguntaron. Escuchen bien, porque esta pregunta también es para nosotros hoy esta noche. ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, no está en el sepulcro, no está en la muerte, no está en las tinieblas, no está en la profundidad de las aguas. ¡Ha resucitado! Esta es la gran noticia para nosotros hoy, que nos debatimos en nuestros miedos, en nuestras miserias. Nos debatimos en la guerra, en las divisiones. No busquen entre los muertos al que vive. ¡Ha resucitado!

Recibamos, por lo tanto, hermanos míos, con todo gozo, con toda alegría, con mucha esperanza en nuestra vida propia, en nuestra historia concreta, este anuncio de salvación.

Las mujeres recordaron sus palabras, las palabras de Jesús y regresaron del sepulcro. Regresando del sepulcro, comunicaron a los 11 discípulos aquello que habían experimentado. Pedro se levantó y corrió hacia el sepulcro, acercándose no vio más que las sábanas. Entonces escuchen bien: Entonces regresó lleno de alegría por lo que había sucedido.

Hermanos míos, yo espero que, como Pedro, de esta celebración nosotros volvamos a casa así, llenos de admiración o llenos de admiración regresemos a nuestras casas por lo que hoy ha sucedido entre nosotros. No busque entre los muertos al que vive. Cristo. Nuestra Pascua ha resucitado. ¡Aleluya, Aleluya! ¡Aleluya, Aleluya!

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