Monseñor Aparicio recuerda que la fe no es ambigua, sino con obras y proclamación, siendo testimonio y luz para los demás

El Arzobispo de Cochabamba, durante la homilía dominical de este 12 de septiembre, con base en las lecturas destacó que la fe debe ser vivida con obras y proclamación, para una vida coherente de cristianos. Señaló que es necesario estar en el camino del Señor, lejos de ideologías o pensamientos del mundo.

Monseñor Oscar expresó que la fe, que es un don, es un regalo de Dios que va creciendo en la vidas; haciendo conocer y profundizar en Jesús, siguiéndolo e imitándolo así en el servicio y en el dar la vida por los demás. Además, dijo que definitivamente es ponernos en este plan de Dios, en este pensamiento de Dios, estando dispuestos a asumir la cruz.

Texto completo de la Homilía

Es, el evangelista Marcos que nos está acompañando durante este tiempo y al inicio del año litúrgico lo habíamos anunciado y también cómo en realidad, después del anuncio que Jesús hace del Reino de Dios que está presente y que la Buena Noticia debe ser anunciada, por tanto, era fundamental convertirse y creer en el Evangelio.

Este llamado que hace el Señor, de alguna manera también lo reconocen en el Evangelio de Marcos de manera muy explícita, hasta los mismos demonios lo conocen, le dicen: Tú eres el Hijo de Dios, te conocemos, saben quién eres y en caso de que nos vas a expulsar de este hombre, has, por ejemplo, que vayamos a esta piara de cerdos. Recuerdan este texto. Jesús es reconocido por los demonios. Saben quién es él Lo reconocen ya en los primeros capítulos de Marcos.

Ahora en el corazón del evangelio de Marcos, en este capítulo 8, es Pedro que lo reconoce como el Jesús, como el Mesías. Lo proclama, por tanto, no sólo lo conoce. No sólo sabe quién es él, sino que lo proclama como Cristo, como Mesías, como el Señor, como el Salvador. Frente a la gran pregunta que hace Jesús: ¿Quién dice la gente que soy yo? Unos que eres Elías, otro que eres un profeta. Pedro dice Tú eres el Mesías. Y vean que es el mismo corazón del evangelio de Marcos en el capítulo 8, porque Marcos tiene dieciséis capítulos. En el primero, hasta los demonios lo reconocen. En el corazón, es Pedro que lo reconoce y lo proclama. Y será después el centurión romano, que viendo morir a Jesús en la cruz, dice: Este realmente es el Hijo de Dios.

Pero concentrémonos entonces en este momento en que Pedro reconoce a Jesús como el Cristo, el Mesías, frente a la gran pregunta. Queridos hermanos, a nosotros también se nos hace esta pregunta de manera muy explícita, porque Jesús dice: Y ustedes, a sus discípulos, ¿Quién dice la gente que soy yo? Esta pregunta se revierte a nosotros, a cada uno y también como comunidad. Ustedes, iglesia en Cochabamba, ustedes comunidades de fe, ustedes familias cristianas, ¿Quién dicen que soy yo? O inclusive de manera personal. ¿Tú, tú, tú, quién dices que soy yo? ¿Quién soy yo para ti? Probablemente se trata, hemos dicho muchas veces, de la clave de la gran pregunta que en el largo de nuestra vida y nuestra existencia tiene que ser respondida.

Quizá no tenemos la capacidad, nosotros, de a una sola responder. Será nuestra experiencia de camino de discípulos misioneros que nos ayudará a ahondar en el conocimiento de Jesús, en su persona. Porque no estamos aquí profesando ninguna fe en algo o en cosas, o estamos procesando la fe en doctrinas, sino en la persona de Jesús. Por eso Pedro nos ayuda también a nosotros, la Iglesia nos ayuda a decir y reconocer: Tú eres el Mesías. Que está sea, por tanto, también nuestra respuesta. Pero, por otro lado, en la continuidad del trozo del Evangelio que hemos escuchado, hay algo que sorprende. Pedro, aquel que había dicho que tú eres el Mesías, lo lleva aparte a Jesús porque le ha escuchado. Para qué ha venido, y el mesianismo de Jesús. Vean que pese a que le dice Tú eres el Mesías, él tiene un concepto de Mesías diferente al de Jesús. Por eso lo lleva aparte y le dice No, Señor, esto no te puede pasar a ti. El mesianismo no es que pases por la cruz, tú mesianismo no es que tengas que entregar tu vida por los demás, sino más bien un mesianismo triunfalista. No puede ser lo que el profeta Isaías está diciendo en la primera lectura.

Escuchemos la respuesta de Jesús es una respuesta muy fuerte. Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, los reprendió diciendo: Retírate, ve detrás de mí, Satanás; porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres. Son frases muy fuertes. Aquel que ha reconocido que es el Mesías, de pronto es reprendido ahora por Jesús y llamado a que se ponga detrás y le dice Satanás.

Queridos hermanos, esto tenemos que entenderlo bien. Satanás literalmente significa adversario. Aquel que está en contra, aquel que se opone a aquel que no está en el plan de Dios, es el que no es justo. Es aquel que piensa como los hombres y no como Dios, es aquel que se ha equivocado frente al mesianismo de Jesús. Detrás de mí no puedes venir delante. Eres un obstáculo a mi misión. Ve detrás, Satanás, adversario. Debes pensar como Dios y no como los hombres, porque si no, estás haciendo también como los demonios que conocen quién es el Hijo de Dios, que saben quién es Él, pero no han profundizado su fe al punto de reconocer el mesianismo de Jesús que debe pasar por la cruz.

Hermanos míos, esto es muy fuerte también para nosotros. La fe, que es un don, es un regalo de Dios que va creciendo en nuestras vidas, es el proclamar a Jesús, a la persona de Jesús en la voluntad de Dios Padre, como se ha revelado Él, y que nos toca a nosotros profundizar el conocimiento de Él, proclamarlo como el Mesías, el Señor, en el servicio y el que da la vida por los demás, significa seguirlo a Él. Pero significa también otra cosa, significa definitivamente que nosotros queremos ponernos en este plan de Dios, en este pensamiento de Dios. Y estamos dispuestos a asumir la cruz.

Que nuestra fe, por tanto, sea una fe con obras y con proclamación, como dice Santiago. No puede ser nuestra fe ambigua o no puede no ser acompañada de las obras. Yo te mostraré por mis obras, mi fe, dice Santiago.

Hermanos míos, que nuestra vida sea coherente. Entonces vean que es un llamado muy serio, muy profundo a nosotros, que queremos ser discípulos misioneros suyos. Nosotros, que vivimos en esta sociedad, por tanto, también estamos llamados a ejercer un testimonio y luz para los demás, pero también el procurar a que esta sociedad viva en paz, de fraternidad, de reconciliación, en justicia, en el respeto profundo a la vida y por tanto es un mandato de Dios mismo que nos lo pone como gran imperativo. Nuestra gran respuesta al Señor, por tanto, depende también de aquello. Demostrémoslos no sólo de palabra, sino también con las obras. Amén.

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