Monseñor Oscar invita a vivir la alegría plena que viene de Dios, a partir de una conversión sincera

El Arzobispo de Cochabamba, en su reflexión de este domingo III de Adviento “Gaudete”, invitó a que durante este tiempo de preparación a la navidad, reconocer los motivos plenos de la alegría; pues Dios que ama tanto a sus hijos no los abandona y los convoca a una transformación de vida, para vivir en plenitud y gozo; así alcanzar la santidad, de la mano de la primera anunciadora, María en la advocación de Guadalupe.

En este sentido destacó que Dios es el primero en alegrarse, llenarse de gozo por cada uno notros: “Gracias, Señor, porque te has fijado en mí, porque me quieres y porque eres contento y alegre y gozoso, porque yo existo y es en ese reflejo de su amor que ha querido venir a salvarnos», dijo Monseñor. Con ello también expresó que en ese amor, el Señor viene a salvarnos y es necesario preparar sus caminos, para que a todos llegue la salvación.

Texto de la homilía.

Estamos celebrando este tercer domingo de Adviento, del advenimiento, de la venida del Señor. Tiempo de preparación, tiempo de una actitud, de decirle al Señor: Ven, Señor Jesús, no tardes. Una actitud de aclamación, una actitud de pedido para que el Señor nos auxilie.

Es el tercer domingo que ya en la tradición de la Iglesia es el domingo de la alegría, diríamos así, En latín se dice Gaudete, alégrense. Rapidito nos viene a la mente, yo creo, la exhortación del Papa Francisco, que hace más de tres años nos ha regalado cuando dice Gaudete et Exultante, es decir, alégrense y exulten al Señor. Y el contenido de esta exhortación va justamente en un llamado profundo hacia el camino de santidad.

Lo que profundamente alegra el corazón del ser humano, lo que da un gozo enorme, es justamente este camino y la fidelidad a este camino que da felicidad. Si tenemos algo en común todos nosotros es que estamos llamados a esta vocación común de la santidad.

Pero retornando a lo que es el domingo de hoy, esta gran proclamación o esta invitación a nosotros de regocijarse, de alegrarse, de estar contentos, de algo que nos llene profundamente el corazón. Vean que la Palabra está explicando algo muy concreto, el motivo, uno de los motivos fundamentales de la alegría está en el profeta Sofonías: “El Señor, tu Dios está en medio de ti, es un guerrero victorioso. Alégrate y regocíjate de todo corazón. ¿Por qué? Porque Dios exulta de alegría a causa de ti.

Fijémonos bien en esto. Es la alegría de Dios que, por causa de ti, de ti, de mí, se alegra profundamente. Nosotros, si podemos entrar en esta alegría, es porque Dios, el primero que se alegra, porque te ama profundamente, porque te ha mirado a los ojos, porque te habla de corazón a corazón. Porque su alegría es tan profunda y está alegre por ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría como en los días de fiesta.

Hermanos míos, y espero que al saberse amados por Dios. Al saber que Dios se alegra profundamente por tu persona, al saberse amados profundamente por Él, ya empecemos a experimentar esta alegría y este gozo, no hay nada mejor que saberse amados. Y si Dios te ama, si Dios es feliz porque tú existes ya es demasiado grande. Vean que es el primer motivo de la alegría.

Por tanto, por eso decía el salmo que bien lo hemos cantado: Aclamemos al Señor con alegría; y le decimos Bendito, gracias, Señor, porque te has fijado en mí, porque me quieres y porque eres contento y alegre y gozoso, porque yo existo, porque yo vivo, porque yo soy en este mundo.

El segundo motivo de la alegría, del gozo, está justamente en San Pablo a los Filipos. Es un Dios que nos acompaña. Es un Dios que permanece en nosotros. Es un Dios que ha de venir. Así dice Pablo: “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca”. Es el motivo profundo también de nuestro gozo y de nuestra alegría. El Señor viene. Viene nuestra liberación. El Señor viene y por eso estamos contentos. El Señor viene y nos trae la libertad. Viene el Señor y nos trae la salvación.

Nacerá Jesús significa justamente esto: “Dios nos salva”. Emmanuel significa “Dios con nosotros”. Segundo motivo, entonces, de este gozo, de esta alegría, está anunciada justamente, en este hecho, de que Dios está cerca, Él viene. Atentos, por tanto, preparemos bien los caminos. Preparemos bien todavía estas otras semanas que nos llega al momento de la Navidad, para saber que lo que estamos esperando es el mayor gozo, lo más importante que nos puede acontecer.

Y yo diría que, hermanos, es una cosa muy linda que haya coincidido también. El tercer domingo de Adviento, con la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe. La primera que sale, la primera que anuncia el Evangelio. La primera, predilecta y amada de Dios. Ella también a nosotros nos está invitando a entrar en este espíritu y en estas actitudes, en esta feliz espera. Pero también es Juan Bautista el que nos lo dice. Por eso hemos escuchado el Evangelio. Él llama a una conversión. Su bautizo es de conversión, a cambiar los caminos, a convertirse del mal, a reconocer que somos pecadores y hemos equivocado el camino, a enderezar las sendas, a reconocer que, por nosotros mismos, sin Dios, somos nada.

Y vean que de manera puntual a cada uno le dice que es lo que hay que hacer, frente a la pregunta: qué vamos a hacer, qué nos toca a nosotros Y qué bueno que nosotros también, si pudiéramos preguntarle. ¿Qué debemos hacer? Si es pronta la venida del Señor, si es un llamado profundo a la conversión, que también trae alegría y gozo. ¿Qué debemos hacer? ¿Qué debo hacer yo? Es la pregunta que nos involucra también a nosotros. ¿Qué debo hacer para participar de este gozo? ¿Qué debo hacer para participar de esta alegría? ¿Qué debo hacer para realmente convertirme? En qué debo cambiar. A que estoy llamado a la santidad. Ciertamente, entonces, ¿Cuál es el camino que debo seguir? Y vean que Juan Bautista, después es claro, él no se arroga de ser el Mesías o el Salvador. Dice Soy simple y sencillamente el precursor. Hay alguien que vendrá más grande que yo. Yo solamente les llamo a la conversión. Yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. Él ha venido para indicarnos al Mesías, al Señor, al Salvador.

Queridos hermanos, queridos hermanas, acojamos esta hermosa y gran invitación. Alegrémonos en esta festividad también junto con María, la mamita de Guadalupe, que el Señor nos conceda a todos nosotros realmente, como la misma Virgen decía, proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador. Amén.

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