«Nos duele que se atente contra la vida y la salud, el otro es nuestro hermano» Mons. Oscar Aparicio

Este domingo XIX del Tiempo Ordinario, nuestro Pastor, durante su homilía, nos pidió mantener nuestra fe y confianza en el Señor, que nos dice: «NO TEMAN SOY YO». Expresó que el Señor es quien nos salva y nos invita mirar en el otro a nuestro hermano. Con ello remarcó que es doloroso ver que se atente contra la vida y la salud, dejando que primen ideologías o intereses particulares.

Iniciando recordó brevemente las últimas homilías En la que el Señor nos hace una llamado, al cual deberíamos nosotros siempre buscarlo y en el cual, apoyando nuestra Fe, nuestra esperanza, encontrar el mayor sentido de nuestra Vida. Recordando así la actitud de  nuestro Señor, siendo providente e invitándonos a que seamos quienes, con su ejemplo, “miremos y demos una mano” a nuestros hermanos.

Así como, nuestro Señor se presentó anteriormente con su providencia, misericordia, amor profundo, ahora se presenta como un Dios que da la paz y serenidad. Nuestro pastor destaca las palabras de inicio de las lecturas, “Tranquilícense, soy Yo no tema. Un Dios por tanto presente en nuestra vida”. El Señor ante estas circunstancias y desde los inicios, se presenta como una brisa suave y te habla al corazón.

Ahora que pasamos esta crisis sanitaria, se han incrementado los problemas sociales, a causa de la mezquindad humana. Ante las situaciones de sufrimiento, dolor, perdida y otras por las que ahora estamos pasando, se hace visible la frágil de cada uno de nosotros. Mons. Aparicio, dijo: “les decía el anterior domingo el Señor nos conceda el don de serenidad, de paz. Guardar y esperar en Él, procurando que el Señor haga esto en nosotros”.

Tenemos muchas propuestas desde la psicología y otras ciencias para vencer la depresión que emerge en estas circunstancias. Sin embargo, debemos reconocer que el Señor está ahí para nosotros. Así se refirió nuestro Obispo, apoyado en las escrituras, nos invita: “Podemos descansar en el Señor, que nos concedan esta serenidad y esta paz. Escuchemos su palabra, tranquilícense. Soy Yo, Soy Yo, es esté Jesús que lo hemos conocido, que se manifiesta, que nos tiende la mano. Es aquel que siempre está en la vida”. Es así que, nuevamente se nos hace el llamado a poner nuestra confianza en Él, en poder buscar y reconocer su presencia en nuestra cotidianeidad.

“En estos tiempos de tempestad, de tormenta busquemos a Jesús. Crezcamos en esta capacidad de descubrir la presencia de un Dios, que puede estar en la suave brisa. Un Jesús que camina, o en el rostro de los niños, de los ancianos, de los enfermos. En la solidaridad entre nosotros, en la manifestación del buscar el bien de los demás y en la solidaridad entonces, de compartir nuestro pan. En la serenidad de la oración, en la serenidad de la sociedad, en el contacto con la palabra de Dios, en la celebración de los sacramentos, en la vida, en lo sencillo, en lo cotidiano”.

Es tiempo de expresar y poner en práctica lo que se proclamaba en el salmo, “Muéstranos Señor tu misericordia y danos tu salvación”, decía nuestro pastor, para poder reconocerlo en nuestra vida. Asimismo, en las escrituras nos pone como ejemplo la actitud de Pedro cuando se presenta Jesús en las aguas. Cuando empieza a caminar en la tempestad se hunde, pero se hunde por sus miedos e incertidumbres y lo primero que él hace es gritar “Señor Sálvame”. Sabiendo que somos débiles y frágiles tomemos la actitud de Pedro y busquemos la gran misericordia de Dios.

Para concluir, Nuestro Pastor hace énfasis en el mensaje del apóstol Pablo junto a una reflexión: “El apóstol se conmueve, manifiesta su preocupación y su dolor. Porque el pueblo de Israel no ha escuchado a su Dios. Nosotros podríamos decir que entramos en un gran sufrimiento y un gran dolor, justamente por el hecho de que se hallan actitudes de personas que, buscando el bienestar personal o su ideología, o su poder; presentan actitudes en contra de la vida, en contra de la salud. Esto también nos duele de por vida”. Ante esto somos llamados a tener la capacidad de estar más a halla de estas actitudes y ser capaces de reconocer a nuestro Señor en nuestro hermano, no solo por se hijo de Dios sino también por que es parte de esta nación.

“Pidámosle al Señor, nos conceda la conversión de nuestros corazones, la gracia que el mismo nos quiere infundir, y sigamos también en esta lucha. ¡Señor Sálvame!”; Mons. Oscar Aparicio”.

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