sáb. Dic 14th, 2019

Nuevos diáconos permanentes para la Arquidiócesis

Este próximo domingo 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, la Iglesia en Cochabamba se llena de alegría por la ordenación de nuevos ministros al servicio de las hermanas y hermanos.

Rafael Abasto y Franz Lavayén recibirán la ordenación de Diaconado Permanente, por imposición de manos de S.E.R. Mons. Oscar Aparicio, en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, a horas 16:00; celebración que llena de gozo a las familias de ambos próximamente ordenados .

Nuestros hermanos Rafael y Franz, que pertenecen a las parroquias de San Pedro y San Juan de Dios, respectivamente; durante muchos años han servido a sus comunidades parroquiales, en la catequesis como en distintos grupos parroquiales. Los próximos nuevos diáconos junto a sus esposas son agentes de pastoral activos y reconocidos por la feligresía.

El Diaconado Permanente

El diaconado es una vocación, es llamada de Dios concreta y particular que éste hace a algunos de los miembros de la Iglesia a configurarse sacramentalmente con Cristo Siervo, consagrando su vida entera al servicio de Dios y su Iglesia.

La vocación al diaconado permanente es distinta de la del presbítero. Tanto uno como otro tienen su función en la Iglesia. Todos los miembros del Pueblo de Dios están llamados a la santidad y al apostolado: los sacerdotes, los diáconos, los miembros de la vida consagrada y los fieles laicos; a su vez, todos participan en la misión de la Iglesia con carismas y ministerios diversos y complementarios.

El diácono contempla su triple ministerio al servicio de la Palabra, la Caridad y la Liturgia. Sus funciones se mueven en estos tres campos. Entre sus funciones litúrgicas, quizás las más visibles, están: asistir durante las funciones litúrgicas al obispo y presbítero, administrar solemnemente el bautismo, ser ministro ordinario de la comunión y exposición, presidir la celebración del matrimonio, administrar sacramentales, presidir los ritos fúnebres y sepulcrales, dirigir la celebración de la Palabra de Dios, leer a los fieles los divinos libros de la Escritura, instruir y animar al pueblo (pueden dirigir la homilía) y presidir otros oficios del culto y oraciones.

El diaconado permanente puede ser recibido por varones célibes o casados. Incluso lo pueden recibir miembros de institutos de vida consagrada. Si lo reciben célibes han de permanecer así durante toda su vida. Si el que lo recibe es casado no podrá volver a casarse si enviuda.

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