Nuncio Apostólico anima a continuar siendo una Iglesia Sinodal en salida

Con motivo de la inauguración de la CIX Asamblea de la Conferencia Episcopal Boliviana, S.E.R. Mons. Ángelo Accattino, Nuncio Apostólico de Su Santidad el Papa Francisco, saludo a los Obispos de Bolivia y al Pueblo de Dios, animándolos a seguir en Camino Sinodal, siendo una Iglesia en salida, en comunión y escucha con cada uno de sus miembros; siguiendo el caminar de los eventos que marcan la vida de la Iglesia Universal y en América Latina y el Caribe.

Discurso de S.E.R. Mons. Angelo Accattino

Excelentísimo Mons. Ricardo Ernesto Centellas Guzmán, Primado de Bolivia. Arzobispo de Sucre y Presidente de esta Conferencia Episcopal,

Eminentísimo Cardenal Toribio Porco Ticona, Hermanos Obispos, Colaboradores de la Conferencia Episcopal, Miembros de la Prensa, Señores y Señoras:

Un agradecimiento cordial у fraterno por la invitación a participar de esta CIX Asamblea General, presencial, a la que asisto acompañado por el nuevo Secretario de la Nunciatura Apostólica, el Reverendo P. Aghabious Gergis, a quien deseo una feliz у fructífera estadía en esta hermosa y bendecida tierra boliviana.

Ante esta magna Asamblea deseo reiterar al Excmo. Mons. Ricardo Centellas una viva felicitación por la distinción recibida у celebrada el pasado mes de septiembre: la Arquidiócesis de Sucre y su Pastor, por Decisión Pontificia han sido honrados con la dignidad primacial. Los mejores votos de bien y de fecundidad apostólica y su irradiación a toda la Iglesia peregrina en Bolivia.

Saludo particularmente a S.E.R. Mons. Nicolás Renan Aguilera Arroyo, Obispo de Potosí, y a Mons. Víctor Iván Vargas Galarza, flamante Obispo titular de Bladia y Auxiliar de esta Arquidiócesis de Cochabamba. Esta Asamblea se enriquece con su participación activa y les da la bienvenida.

Deseo compartir con Ustedes las consideraciones que he ido haciendo en estos últimos meses y no puedo dejar de referirme a dos de ellas. La primera me parece de suma importancia y de actualidad inmediata. La primera, el inicio de la XVI Asamblea General Ordinaria de Obispos que tiene como tema «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. No se trata de una Asamblea como las anteriores. En este caso se trata de un “camino sinodal”, ya que se desarrollará a lo largo de dos años, pasando por fases locales diocesanas, continentales, para finalmente culminar en la fase de Iglesia Universal. De esta manera, el Santo Padre

Francisco no quiere dejar atrás a nadie, quiere escuchar la voz de cuantos más hermanos de todas las latitudes por una Iglesia siempre necesitada de actualización. «Sancta simul et semper purificanda», como nos recuerda el n.8 de la Constitución conciliar «Lumen Gentium”.

La segunda consideración se refiere a la puesta en marcha de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, con un significativo tema: “Todos somos discípulos misioneros en salida”, que tendrá lugar en su fase presencial entre el 21 y el 28 de este mes, o sea dentro de pocos días, en la Ciudad de México.

Me permito partir, para presentar mis reflexiones, de la Constitución Apostólica Episcopalis Communio, sobre el Sínodo de los Obispos, del 15 de septiembre de 2018. El Papa Francisco, con aquel documento, dispuso y estableció nuevas e inéditas normas para la realización futura de los Sínodos de los Obispos. Me detengo en el numeral 6: que dice: «El Sínodo de los Obispos debe siempre más convertirse en un instrumento privilegiado de escucha del Pueblo de Dios: Pidamos ante todo al Espíritu Santo, para los Padres sinodales el don de la escucha: escucha de Dios, hasta escuchar con Él el clamor del Pueblo; escucha del Pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama’». El Papa Francisco nos presenta así una Iglesia que escucha y que no solo acompaña. Nos muestra un Pueblo que no es un simple destinatario sino sujeto comprometido en la renovación eclesial. De una manera indirecta, el documento evidencia como un sector del Pueblo de Dios nunca o muy poco fue escuchado. Es decir, el Vicario de Cristo nos pide dar espacio a los que hasta ahora no lo han tenido adecuadamente, para que todos los cristianos, sin distinción, puedan colaborar en la labor de despertar algo nuevo en nuestra Iglesia.

Ya en la XV Asamblea General Ordinaria, que se celebró en octubre de 2018, los Obispos oyeron a los jóvenes y en la Asamblea especial sobre la Amazonía, del año siguiente, oyeron el clamor de los pueblos amazónicos. Ahora, estos dos nuevos eventos eclesiales hacen más evidente la necesidad de asumir más profundamente una actitud de escucha, como premisa necesaria al proceso de buscar nuevos caminos para la extensión del Reino de Dios.

Se percibe fácilmente un enlace de proximidad, correlación y sinodalidad entre la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos y la primera Asamblea Eclesial de América Latina у el Caribe.

Con ambas Asambleas se abre una ventana inédita en la Iglesia: todos los católicos pueden participar de ellas de manera libre y voluntaria, aún más, al hacerlo lo hacen desde una perspectiva sinodal, que es la base del discernimiento que iluminará los pasos futuros de la Iglesia universal de la Iglesia latinoamericana y del Caribe

Ambas Asambleas, por lo tanto, constituyen una inédita experiencia de escucha a todo el Cuerpo de Cristo. Así que este gran paso, evidentemente extraordinario, llena un vacío hasta ahora no colmado: todos los que pertenecen a Cristo pueden y deben decir su palabra, con respeto, humildad y libertad, para bien y provecho de toda la Iglesia.

Con la escucha al Espíritu Santo y a los hermanos que hoy propicia el Sínodo de los Obispos y la primera Asamblea Eclesial de América y el Caribe, se llegará al discernimiento de un tiempo nuevo que nos tocará vivir. Si todos vamos en la misma barca, todos podemos y debemos sugerir lo que sea mejor para que ésta siga siempre la ruta correcta. Es, por lo tanto, una escucha que no puede prescindir de la oración, del diálogo y de la sinodalidad.

La gran importancia eclesiológica, canónica, pastoral y ecuménica de ambos eventos eclesiales se deduce del hecho que la sinodalidad representa hoy, más que nunca, materia de fuerte actualidad. De hecho, junto a la colegialidad, la sinodalidad es una expresión fundamental de la comunión cristiana.

Caminar juntos no es tarea fácil cuando se desciende a la práctica, dado que abrir caminos y ponerse en camino requiere apertura y docilidad al Espíritu, cada uno según su función: laicos, pastores, Obispo de Roma. Se requiere capacidad de escucha de unos y otros y de todos a las inspiraciones del Espíritu de Dios. El Papa Francisco ya desde el inicio de su pontificado, nos ha hecho comprender mejor que el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. No se refiere a cualquier camino, el mismo Santo Padre nos los recuerda cuando afirma que «el Sínodo es un camino de discernimiento espiritual, de discernimiento eclesial, que se hace en la adoración, en la oración, contacto con la Palabra de Dios» (Homilía en la apertura del Sínodsobre la sinodalidad, 10 de octubre de este año). De hecho, solo así se podrán escrutar los signos de los tiempos, interpretarlos discernirlos a la luz del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia.

La iniciativa de la primera Asamblea Eclesial para nuestra región surgió, se podría decir, del mismo Papa Francisco, cuando ante la posibilidad de realizar la VI Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, expresó que la V, la que se celebró en Aparecida, tenía todavía mucho que dar e hizo pensar que podría realizarse “otro tipo de Asamblea”. Es así que ya desde inicios del año 2020, con los auspicios del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), se puso en marcha la preparación de esta Asamblea eclesial, con un decidido proceso de escucha que se ha prolongado hasta el pasado mes de agosto.

¿Cuáles serán los desafíos de la Iglesia en el mundo y en nuestra región, en este tiempo de persistente pandemia Covid-19 y de otros desafíos culturales y religiosos? El desarrollo de ambos eventos arrojará, sin duda, elementos valiosos en este sentido, pero mucho dependerá del cómo estamos haciendo nuestro todo este proceso, de cómo lo estamos orando, animando socializando en clave de inclusión y participación pastoral. “La Iglesia se da al partir el pan, la Iglesia se da con todos sin exclusión” exhortó el Papa, en un video mensaje, a los miembros del CELAM, organizadores de la primera Asamblea eclesial para América Latina.

La sinodalidad para ser cabalmente entendida por el pueblo fiel deberá ser presentada, ante todo, mediante el testimonio de los Pastores, de los evangelizadores y de los catequistas, porque sin él vanas serían las palabras y la doctrina. El testimonio abre las puertas para que la formación de grupos de estudio y reflexión obtengan lo que se proponen: conocer a Dios en Cristo, porque sin Él no hay camino, y al no haber camino, no hay vida ni verdad. El testimonio de Cristo apunta a las periferias: concepto muy querido por el Sumo Pontífice que no solo tiene una acepción socio-económica y política sino más que todo existencial. Cristo va al encuentro de los enfermos, de los ciegos, de los sordos, de los cojos y los mudos, de los leprosos pero también de los dudosos, de los pecadores y de quienes, a pesar de todas sus riquezas, sienten en su corazón tristeza, desasosiego y debilidades de todo tipo. Son estos  episodios los que ratifican que Él hizo de este servicio a los necesitados el centro de su evangelización, quedando así como modelo inigualable para todo aquel que quiere ser discípulo suyo y misionero.

Las Asambleas episcopales, precisamente por su carácter colegial, son palestras reales de aquel caminar juntos, que es la sinodalidad. Ya el Papa Benedicto XV, en su Carta Apostólica «Maximum Illud, se refería, en cierta manera a ellas – dado que en aquellos tiempos no existían las Conferencias Episcopales – cuando se dirigía a los Superiores de Misión con estas palabras: “(…) sería de grandísimo provecho para la religión que los superiores de Misión, en el mayor número posible y en determinados tiempos, tuviesen sus reuniones donde poder aconsejarse y animarse mutuamente” (n. 29). Aconsejarse, animarse mutuamente.

 “En el clima cultural relativista que nos circunda”, nos han advertido los Obispos reunidos en Asamblea en Aparecida, “se hace siempre más importante y urgente radicar y hacer madurar en todo el cuerpo eclesial la certeza de que Cristo, el Dios de rostro humano es nuestro verdadero y único salvador” (Documento conclusivo Aparecida, N. 22).

Hay otros temas neurálgicos a tocar, que no dudo serán examinados a lo largo de estas jornadas de reflexión, oración y discernimiento por ustedes, queridos Señores Obispos; primeramente, la renovación de los principales cargos directivos de la misma Conferencia Episcopal actitudes que bien se ubican en las Asambleas episcopales, porque hablan de fraternidad entre los Obispos reunidos y de éstos con Pedro y bajo Pedro, en un tiempo propicio en que el encuentro, la escucha y el discernimiento se hacen no sin partir el pan, en camino y juntos, cumpliendo la voluntad de Dios.

Dado el contexto propicio que ofrece el amplio y largo proceso sinodal, ya mencionado, que va a empeñar a la Iglesia en los próximos dos años, es útil resaltar la dimensión sinodal de las Conferencias Episcopales afirmada por el Concilio Ecuménico Vaticano II en el numeral 23 de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, donde se subraya la similitud colegial de las Conferencia Episcopales comparándolas con la variedad de Iglesias fundadas por los Apóstoles en diferentes regiones del mundo, y concretamente las antiguas Iglesias Patriarcales, salvaguardando la unidad de la fe y de la única constitución del Cuerpo Místico de Cristo, diciendo que: “Esta variedad de las Iglesias locales, tendente a la unidad, manifiesta con mayor evidencia la catolicidad de la Iglesia indivisa. De modo análogo, las Conferencias episcopales hoy en día pueden desarrollar una obra múltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta”.

María, Madre de la Iglesia, Señora de Pentecostés, primera discípula de su Hijo, vele sobre nosotros, nos acompañe con su ternura y nos sugiera como un día en Caná: «Hagan lo que Él les diga».

¡Buen trabajo y gracias!

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