vie. Oct 18th, 2019

«Obedecemos a Dios, no es nuestro querer o nuestra Política» Mons. Oscar Aparicio

Domingo sexto de pascua, las lecturas de este domingo nos dieron un adelanto sobre la presencia del Espíritu Santo. Es en esta persona de la trinidad que Mons. Oscar Aparicio realizó su reflexión en la Misa Dominical.

A tiempo de felicitar a las mamás, en vísperas de su día, 27 de mayo, nuestro Arzobispo señaló que Dios camina con su pueblo, en la figura maternal de la Virgen se ve la imagen de nuestras madres.

Recordó el caminar pascual que estamos viviendo, ya pronto a terminar este tiempo, que es siempre un llamado a algo nuevo en nuestra historia de vida. Y es que Dios, como en aquel tiempo y el actual, sigue obrando a través de su Santo Espíritu, Él que iluminó a las primeras comunidades cristianas en el primes concilio, Él que nos llama a vivir en la patria celestial que nos ha prometido y juntos, en la Paz de Cristo resucitado, caminar en este mundo con su paz y alcanzar la gloria eterna. Es por ello que nosotros somos conducidos e iluminados por Dios, no nos dejamos llevar por ideologías o por simples tendencias.

Video y texto de la homilía.

Una buena felicitación que el Señor les bendiga a través de la Virgen María. Ven que está aquí, ya, la imagen de nuestra Señora de la Merced y tenemos este motivo de todos los años, que esta imagen nos acompaña hasta la Coronilla. Celebramos allí la Eucaristía y reconocemos que ella nos está acompañando siempre.

De hecho es este acontecimiento histórico que ha determinado también que aquí en Bolivia celebremos el día de las mamás, el 27 de mayo. Por tanto, si mañana vamos a tener este este gran acontecimiento aquí como parte central, en Cochabamba; para toda Bolivia, anticipadamente y quería saludar a ustedes las mamás; hacer eco de aquello que es tan bueno para nosotros, reconocer la figura materna de la Virgen María, que son el reflejo de nuestras propias mamás. Entonces, las que están en el cielo y las que están presentes todavía aquí entre nosotros, muchas felicidades, que Dios les bendiga a través de la Virgen María.

Por otro lado hermanos tenemos la Palabra de Dios hoy, estamos en este acontecimiento de la pascua. Hemos iniciado nuestro itinerario, ya hace un tiempito atrás; ya habíamos mencionado el hecho de que la pascua, la festividad de la pascua, del paso de Dios por nuestras vidas; no solo del paso de la esclavitud a la libertad, del antiguo testamento, sino el paso de la muerte a la vida a través del nuevo Moisés, del nuevo diríamos así, el nuevo adán, de Jesucristo nuestro Señor. Aquel que ha muerto ha sido crucificado y sepultado hoy vive esto se prolonga durante todo este tiempo, desde la pascua hasta pentecostés. Incluso hemos dicho por qué son 50 días.

Es la fiesta de las fiestas, el acontecimiento más importante; el número perfecto multiplicado por el número perfecto 7 por 7, 49,  todo esto englobado en uno o más uno, diríamos también, que uno es Dios. Por eso son 50 días de júbilo, 50 días de anuncio total, días de glorificación a Dios por lo que Él ha permitido también para nosotros en este mundo. No sólo en el pasado sino hoy se actualiza también para nosotros, en este 2019, en medio de nuestras familias; nosotros que somos de carne y hueso, también con nuestras propias historias, con nuestros desafíos y nuestros éxitos.

Nosotros que tenemos nombre y apellido, a nosotros se nos ha aparecido el Señor, lo que el Evangelio hoy anuncia es cierto también para nosotros. Él ha deseado la paz e insuflado a sus discípulos el Espíritu Santo, soplado sobre nosotros también este espíritu de amor.

Y hoy de hecho la palabra de Dios recalca, abundantemente, la presencia de este Espíritu, es una forma de presentarse, de parte de Dios y de Jesús resucitado, en medio de nosotros. Y la acción del Espíritu Santo, es Dios entre nosotros, es Dios que actúa.

Vean la primera lectura por ejemplo: frente a las controversias que tenían las primeras comunidades, porque no todos pensamos lo mismo, no es cierto. Tenemos tanta diversidad, tanto pluralismo; cuánto es necesaria por ejemplo la comunión, cuanto es necesario hacer un camino de fe, de fraternidad, cuánto es importante que este espíritu nos ayude a nosotros para ponernos de común acuerdo.

Lo que narra los Hechos de los Apóstoles es exactamente esto, frente a algunos que pensaban que los paganos deberían cumplir todas las normas del judaísmo, había otros que pensaron que no; y al final llega esta hermosa y grande conclusión de los primeros dirigentes de las comunidades. Es muy linda la carta que Él mandando con Bernabé y Pablo y otros discípulos comunican a los hermanos.

Es interesante la mención que dice: el Espíritu Santo, quiere decir en nombre de Dios, porque nosotros nos hemos puesto delante de él. A quien obedecemos es al Espíritu Santo, reconocemos su acción en medio nuestro. No es nuestro querer solamente, no es nuestra política, no es nuestros planes partidarios o no partidarios, no son nuestros propósitos, no son nuestros estatutos, es el Espíritu Santo que ha soplado sobre nosotros.

“El Espíritu Santo y nosotros mismos hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables”, y sólo dos que lo mandan como recomendación. Esto hermanos se trata, así se dice históricamente también en la Iglesia, como el primer concilio de toda la iglesia. Es el primer momento en el que la acción del Espíritu hace que la asamblea convocada, es decir la iglesia, pueda discernir y obedecer al Espíritu. Y así entonces, a través de los siglos, que llega hasta hoy.

Por tanto los concilios, por tanto las reuniones, por tanto las oraciones, también las celebraciones son una acción del Espíritu en medio nuestro. Y que nos ayudan también a darnos la luz, y nos ayudan a poder también entrar en la fraternidad y en la comunión.

Nosotros que somos venidos de distintas razas y naciones nosotros que somos tan diferentes, los unos de los otros, si la Iglesia es una, es justamente porque vive a través de esta acción del Espíritu. Reconocemos su accionar, reconocemos su presencia entre nosotros mismos. Si nosotros pensamos cuántas diferencias existirán, cuántas diferencias, cuantas barreras, el gran milagro que aparece también hoy es que estas barreras pueden caer, estos frenos, estas murallas, estas diferencias pueden desaparecer y nosotros también podemos entrar en comunión.

Por eso, qué bueno que aquí en Cochabamba nuestro plan pastoral, insistimos en aquello queremos caminar a ser una Iglesia de Comunión, que brille en este mundo, en esta Cochabamba. Que brille en esta sociedad el anuncio de que la iglesia es comunión, común unidad, unidad común, porque el Espíritu Santo y la presencia de Dios nos lo da. Y nos pone una perspectiva bella, es lo que dice el apóstol Pablo en la segunda lectura, la Ciudad Santa.

¿Nosotros podemos vivir esto? Yo creo que sí. Nosotros podemos ser la perspectiva de esta ciudad celeste, de esta ciudad santa donde se vive en la fraternidad, en la concordia, de reconocernos como hermanos y hermanas, también en este mundo en esta tierra, yo creo que sí, porque es promesa del Espíritu Santo es promesa de Dios. Estamos caminando a tierra segura, estamos caminando en buenos pasos, estamos yendo hacia la gloria de Dios.

Este es nuestro destino, ustedes han escuchado algo del destino, no es cierto, no es una palabra tan cristiana porque a veces se piensa que el destino es algo que tiene que acontecer y hagas lo que le hagas, si tienes mal destino te va a venir encima. Ese no es el sentido cristiano. La predestinación es que nosotros estamos llamados a la gloria de Dios. Hemos nacido de las entrañas mismas de Dios, peregrinamos en este mundo pero nuestro camino es la Ciudad Celeste, es la nueva Jerusalén, hacia allá, hacia la gloria de Dios estamos caminando, el ser humano, tú, yo, hemos sido creados para esta eternidad, para la gloria de Dios, para habitar junto a los hermanos y a las hermanas en esta gloria de la mismísima trinidad.

Esto nos tiene que poner más contentos todavía, entonces hermanos. Yo sé que la muerte en este mundo nos trae mucho vacío. Yo he enfrentado muchas situaciones en este día de amigos, personas muy allegadas que han dejado este mundo, duele, da un gran vacío. Sin embargo nuestra esperanza y nuestra perspectiva es la vida, la resurrección, en Cristo nuestro Señor; es esto lo que nos ha prometido.

Por eso el Evangelio dice, el que me ama será fiel a mi palabra y mi Padre lo amará e iremos a él y habitaremos en él. Somos templos del Espíritu Santo, somos aquellos llamados a vivir en la ciudad, la nueva Jerusalén, la ciudad y la gloria de Dios.

Esta paz que nos ha dejado la podemos vivir también hoy, la paz del resucitado. “Les he dicho todo esto antes que se suceda, para que cuando se cumpla ustedes crean”. Estamos llamados, hermanos míos, hermanas mías, a creer y aquello que el Señor Jesús nos ha dado. Ha insuflado también, ha soplado sobre nosotros, ha donado a nuestras vidas el Espíritu Santo. Dios mismo que habita en nosotros que nos acompaña y nos da la certidumbre hacia donde también estamos yendo.

Felicidades entonces comunidad cristiana, no solo a las mamás, sino a todos nosotros. Debemos estar agradecidos a un Dios que actúa de esta manera y entonces felicidades discípulos misioneros del Señor, y es una invitación, esta felicitación, a permanecer fieles en la palabra y la promesa de Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

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