mar. May 21st, 2019

«Obedecer a los hombres, nos convierte en esclavos sin objetividad» Mons. Ricardo Centellas

«Hay que cuidarse de este espíritu humano, que camina por las sendas de la conveniencia y la apariencia»

Este domingo 5 de mayo, los obispos de Bolivia, reunidos en Asamblea celebraron junto al pueblo de Dios, la Eucaristía Dominical, en la Catedral de San Sebastián. Eucaristía que fue presidida por Mons. Ricardo Centellas, Presidente de la Conferencia Episcopal, y que fue dedicada a la juventud.

Durante la homilía, Monseñor Centellas destacó la presencia de los jóvenes, y de quienes tiene espíritu joven, quienes llenaron la Catedral. Remarcó dos frases: “obedecer a Dios antes que a los hombres” y “apacienta a mis ovejas”, con las que expresó que estamos llamados a vivir en Dios y no estar guiados por lo humano, mundano que solamente guía bajo conveniencias personales e ideologías que destruyen. Y en relación a la segunda frase destacó que, como discípulos misioneros, estamos llamados a acompañar a los hermanos a llevar la alegría del Evangelio, con palabras pero principalmente con acciones, que hacen crecer a los demás y buscan el bien de todos.

Video y texto de la homilía

Tercer domingo de pascua, estamos viviendo el espíritu pascual. Cristo ha resucitado, Aleluya, Aleluya es nuestra alegría, de toda la Iglesia.

Hoy, creo que de manera especial, han sido invitados los jóvenes y queremos darles nuestro saludo muy especial a los jóvenes. Yo digo Cristo vive, y los jóvenes con mayor fuerza dirán: vive. Cristo vive, vive.

En este ambiente de fiesta, en este ambiente de encontrarnos como hermanos en Cristo, hijos de Dios; quiero saludar fraternal y cordialmente a su eminencia, Cardenal Toribio; al Nuncio Apostólico en Bolivia, Monseñor Ángelo Accattino; a mi hermano Oscar, que anima la vida de esta iglesia en Cochabamba, a todos mis hermanos obispos, a los sacerdotes, seminaristas, a la vida consagrada creo que hay muchas religiosas que siempre nos animan con su presencia y a todos los hermanos que hoy estamos acá para alimentarnos de la palabra de Dios y de su vida misma.

Bienvenidos a esta celebración que ya es tradición y Cochabamba. Cada vez que hacemos nuestra asamblea de la Conferencia Episcopal de Bolivia, queremos compartir con ustedes nuestras inquietudes y hoy de manera especial queremos compartir esto, que hemos estado reflexionando estos días, el rumbo, la marcha, el caminar de la iglesia de Bolivia. Hacia dónde queremos caminar. Qué queremos trabajar de manera especial en los próximos 4 -5 años.

La iglesia boliviana está invitada a entrar, en esta fuerza, en esta vida guiada por el Espíritu Santo: Enviados por el Espíritu Santo para impulsar la experiencia del discipulado misionero; para que cada bautizado asuma este compromiso, de ser testigo de la acción de Dios, testigo de la presencia de Jesús, testigo de la propia conversión. Tenemos que mostrar al mundo que somos parte de Dios, que caminamos con Jesús, que vivimos de Jesús. Les invito a que todos podamos orar y que entremos en este espíritu para llevar adelante la vida y la misión de nuestra Iglesia en Bolivia.

Yo quisiera invitarles brevemente, hay tantas cosas que podemos hablar de la Primera Lectura, del Evangelio o simplemente quisiera invitarles a meditar dos frases; frases tan conocidas, pero que pueden hacernos reflexionar, que pueden invitarnos a renovar nuestro compromiso cristiano. La primera: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

Yo les invito a que meditemos esta frase, qué significan, qué quiere decirnos el Señor a través de esta frase. “hay que obedecer a Dios antes que los hombres”

Y luego en el Evangelio, este envío, este encargo, esta misión que Jesús le da a pedro y que nos da a cada uno de nosotros: “Apacienta mis corderos”.

Entonces a ver, brevemente qué significa: Obedecer a Dios. Cómo puedo obedecer, como niño, como joven, como adulto, como consagrado. Creo que obedecer a Dios significa anunciar, asumir y proclamar la vida de Jesús. En estos días, en lo cotidiano de mi vivir, interiorizar su manera de vivir, prolongar en este tiempo sus opciones y pensamientos; como ser este cuidado y la defensa por la vida integral de toda persona.

Tenemos tanto para aprender de Jesús, suficiente decir: el respeto a todo ser humano el respeto a cada persona. Tantas cosas nos ha enseñado, pero de manera especial creo que esto tenemos que ir aprendiendo cada vez con mayor profundidad y con mayor convicción.

Respetamos solamente en algunas circunstancias. En todo momento, obedecer a Dios significa entrar en la dinámica de promover la comunión, la comunicación, la comunidad y promover la fraternidad entre nosotros.

Jóvenes, les invito a que podamos escuchar este este llamado, esta inquietud del Papa Francisco que dice: Hagamos que este mundo vea que nos preocupamos por una cultura del encuentro.

Yo sé que ustedes son facebookeros, chateadores, ¿qué más son? Whatsapperos, Wasarimaqus. No, no sé si serán eso pero bueno por ahí van.

Pero que la tecnología este mundo digital no nos perjudique ni anule la interrelación personal, el encuentro personal que nos enriquece, nos anima a marchar en la vida. Entonces pidámosle al Señor que nos bendiga, que nos conceda su espíritu para que rescatemos este hecho de vivir juntos, de caminar juntos, de sentirnos comunidad, de sentirnos pueblo, un pueblo que busca lo mejor para sí. No tenemos que olvidarnos que somos personas que crecemos en la interrelación personal y no en el aislamiento.

Obedecer a Dios significa luchar por la liberación integral del hombre, superando estos signos de esclavitud, como son la: indiferencia, el individualismo, el relativismo. No podemos ser, tampoco podemos alimentar este signo de la esclavitud de la indiferencia. Tenemos que ser, en este tiempo, personas comprometidas en la búsqueda del bien común, en la lucha constante por la dignidad de cada persona, especialmente de los más pobres.

Si eso es obedecer a Dios y la frase dice hay que obedecer a Dios, antes que los hombres; cuáles son los peligros de obedecer solo a los hombres o de qué peligros hay que cuidarnos. Creo que fundamentalmente se refiere a esta vida, que entra en la relación de dependencia y la sumisión.

Cuando solo nos apoyamos en los hombres hay el peligro de que se generen personas esclavas y sin objetividad, que viven de consignas irracionales y anti humanas; hasta llegar al punto de dar culto a una persona, sabiendo que las personas somos pasajeras. O apoyar a un sistema de intereses personales que van en contra de la comunidad y de la sociedad, que anulan prácticamente el trabajo y el servicio y la lucha por el bien común porque se imponen los derechos individuales por encima de los derechos colectivos. Nos hacen ver que trabajan por los demás, pero en realidad solo trabajan para sí mismos y por sí mismos.

De este espíritu hay que alejarse, hay que cuidarse de este espíritu humano, que camina por las sendas de la conveniencia y la apariencia; para perderse en mezquindades humanas y al final no hace otra cosa que ir en contra del mismo hombre.

Apartarnos de estas cuestiones, que nos hace vivir el mundo, como pareciera que el sentido de la vida es acumular y es todo lo contrario. El sentido de la vida, la profundidad de la condición humana, va adelante si se comparte. Hay que compartir la vida, los pensamientos, las inquietudes. O encontrar el sentido de la vida en privilegios, cuando lo más importante es el espíritu de servicio. Qué importa quién asume una responsabilidad, de una condición; lo importante es servir.

A veces se nos presentan estas inquietudes humanas que nos hacen ver qué cuanto más poder tengo y me mantengo en el poder, pareciera que estoy disfrutando de la vida, pero nos engañamos; porque el hombre crece en la sencillez y la humildad.

Esto vamos a pedirle, el día de hoy, a Dios; intentando interiorizar esta frase: “hay que obedecer a Dios antes que los hombres”. Que la prioridad en mi vida sea Dios, que mi referencia en mi vida sea Dios; y con mi testimonio haré algo para que en este mundo, la referencia sea Dios, sabiendo que uno de los signos de nuestro mundo es la ausencia de Dios.

Entonces, queridos hermanos, tenemos arduo trabajo.

Y finalmente esta otra frase: “Apacienta mis corderos” Yo creo que el Señor nos invita a acompañar al hombre de hoy, a acompañar a los niños, a acompañar, a los jóvenes, a los adultos y en esta ocasión de manera especial la Iglesia quiere orar y quiere expresar su preocupación por la vida de los jóvenes.

Ustedes jóvenes saben que hace muy poco el Papa Francisco les ha hecho una carta muy bonita, muy corta, en media hora ya lo leen.  La carta que el papá les escribe se llama “Cristo vive”.

El Papa dice que cada joven puede descubrir que Dios le ama, que Cristo vive en su corazón y en su mente para orientar su vida y que vaya descubriendo, poco a poco, la profundidad de su vida. Dice: no echen a perder su vida, cuídenla, constantemente acérquense a Jesús, descubran que este encuentro personal con Jesús es vital, no es accidental, no es de un momento, es de toda la vida. Y el que camina con Jesús, el que vive con Jesús, el que se alimenta de Jesús, siempre será una persona de bien, una persona positiva, una persona que trabaja por el otro; pero de manera desinteresada, una persona que no se queda en el odio, si no profundiza el amor; no se queden los resentimientos, vive el perdón.

Entonces queridos jóvenes, lean esta carta anímense y hagan que este mundo, hagan que nuestra sociedad, hagan que sus parroquias, que sus acciones pastorales se renueven; alcance nueva fuerza a través de ustedes. No se olviden, lean esta carta y medítenla

El Papa dice: los jóvenes no son el futuro, sino el presente. A ver, los jóvenes son el futuro, no, el presente. Entonces, actúen, pónganse las pilas y lleven adelante procesos formativos, procesos que nos ayudan a renovarnos a crecer y marchar adelante, muy bien.

Entonces, Jesús ha resucitado. Jesús ha resucitado, esta alegría vamos a comunicar al mundo, esta alegría nos acompañará y en esta alegría llevaremos adelante nuestra vida.

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