“Que este 2022 aceptemos la gracia de Dios, las bendiciones que Dios nos da y que también seamos como puente de bendición para los demás” Mons. Oscar

Primer día del año, solemnidad de Santa María Madre de Dios, Monseñor Oscar Aparicio enfatizo en la importancia de la Bendición. Dios que bendice a su pueblo y en ese amor con el Padre, sus hijos Bendicen, es decir, “Bien Dicen” del Señor, como también entre hermanos, hijos de un único Papá y de María madre de todos; actitud para este 2022.

Invitó a que cada vida sea una bendición para sí y para los demás, entrando en conciencia de ser hijos de Dios y hermanos. “Normalmente decimos que es Dios quien nos bendice, ciertamente, pero también nosotros, en reciprocidad, podemos devolverle o recíprocamente decirle que lo amamos profundamente. Y nuestro camino de fe, nuestro itinerario de fe, está en esto. Nuestra vocación a la santidad, que es común a todos nosotros, tiene que expresarse justamente en aquello, en nuestra respuesta al amor de Dios”, dijo el Arzobispo.

Texto de la homilía

Hermanos y hermanas, iniciar el año de esta manera, es decir, celebrando la Eucaristía, es una gracia que Dios nos lo regala también en esta mañana.

Pero no hay que entrar en presunciones. Quiero decir que uno puede decir sí, que yo hago un inicio de esta manera celebrando la Eucaristía y como que menospreciando un poco la actitud de tantos otros hermanos y hermanas que más bien han celebrado de otra manera; más bien con humildad, con sencillez, decir bueno, nosotros queremos de verdad tener esta actitud de celebrando la Eucaristía, la acción de gracias por antonomasia, para justamente encontrarnos, reunirnos y agradecer profundamente a Dios por este año que se va y por el año que viene.

Es hermosa la festividad de hoy. Santa María, Madre de Dios. Vean que a María se le da muchísimos títulos también Madre de la Iglesia, Nuestra Señora, por ejemplo, aquí de la Merced, que es nuestra Copatrona, Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de la Paz, en fin, o Urcupiña, la Patrona de la Integración. En fin, hay tantos títulos, tantas advocaciones para ella. Pero el hecho de pensar que es la Madre de Dios es ponerle este título y reconocerla como tal, es reconocer algo fundamental en nuestra vida. Es un don, un regalo de parte de Dios, una bendición diríamos así de parte de Dios para nosotros el tener una Madre y que sea la Madre de Jesús, la Madre de Dios.

Y vean que la Palabra de Dios de alguna manera está remitida justamente a esto, al decir bien, bendecir. Muchas veces estamos acostumbrados a decir palabras por costumbre o son palabras estereotipadas. Por ejemplo, a veces nuestro saludo es ¿cómo estás? Bien. Aunque uno no está tan bien o tenemos estas estas así muchas veces este modo de hablar o miles, miles de deseos. Te deseo este año nuevo que Dios te bendiga. Que Dios te bendiga. Y todas las familias y montón de personas lanzan siempre esto. Dios te bendiga y a veces es estereotipada casi por costumbre.

Pero si nosotros meditamos bien, vean que Dios mismo siempre habla bien de nosotros, dice bien de nosotros. Nos bendice total y plenamente el hecho de estar presente en nosotros, de ser el Emmanuel, el Dios con nosotros, en nosotros y que camina junto a nosotros, ya es una manifestación total de la bendición de Él. Y se trata de ser conscientes más bien de aquello. Dios derrama su gracia, Dios derrama su amor ya escuchábamos también en el anuncio de la Navidad. Si somos felices por algo, es porque te ama profundamente Dios. Porque el gozo de Dios somos nosotros, sus creaturas, sus hijos e hijas. Por tanto, todo es gratuito, todo es gracia, todo es bendición de Dios.

Si Dios camina con nosotros en la historia de la salvación, todo aquello que Él ha manifestado es una bendición enorme, importante que nosotros seamos conscientes de aquello o vayamos caminando en la conciencia de aquello que significa el ser amados por Dios, bendecidos por Dios, agraciados por Dios.  Nos ha tenido en cuenta, nos ha amado profundamente, nos bendice y camina junto a nosotros.

Por eso cuando hablamos de María como Madre de Dios y Madre nuestra, estamos hablando de una bendición enorme. Dios se ha dignado elegir a una de nosotros, de nuestra casa, de nuestro pueblo, de nuestra naturaleza, para ser la Madre de Dios. Es una gracia. Es casi que la humanidad misma en realidad es tomada en cuenta, es bendecida por Dios.

Yo les invito, hermanos, entonces a que ciertamente no solo digamos las palabras, sino que entremos en esta gran conciencia. Y es de ahí nosotros que podemos también celebrar la Eucaristía, nuestra acción de gracias. Bendecir a Dios, decir bien de Dios parece un poco raro. Normalmente decimos que es Dios quien nos bendice, ciertamente, pero también nosotros, en reciprocidad, podemos devolverle o recíprocamente decirle que lo amamos profundamente. Y nuestro camino de fe, nuestro itinerario de fe, está en esto. Nuestra vocación a la santidad, que es común a todos nosotros, tiene que expresarse justamente en aquello. En nuestra respuesta al amor de Dios.

Y, por tanto, nuestra vida debe ser también una bendición a Dios y una bendición para los hermanos. Si en todo niño se expresa el amor de Dios, si en todo niño que nace, es Dios mismo que nos bendice profundamente, seremos nosotros que debemos considerar a los otros como benditos para nuestra vida.

Nosotros no hemos elegido a nuestra mamá, ni a nuestro papá, ni nuestra familia, diríamos así. Son una bendición de Dios, un regalo de Dios. Nosotros no hemos elegido nacer en Bolivia y en este momento concreto de la historia boliviana y esta nación y esta sociedad es una bendición para ti, para mí.

Nuestra vida debería ser constantemente bendiciendo a Dios. Por eso vean que la primera lectura es una maravilla. Es la tradición del pueblo de Israel. Cómo los padres bendecían a sus hijos. Pero es un mandato de Dios, porque Dios le dice a Moisés Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos. Así bendecirán a los israelitas. Ustedes, por casi que nos viene a decir Ven, bendecirán así a sus vecinos, a sus familiares, a sus hijos, a sus hijas, a sus padres, a sus nietos, a esta sociedad, dirán: Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que nuestra vida sea de esta manera y esperamos que este año 2022 sea en este sentido, en este aceptar la gracia de Dios, el regalo de Dios, las bendiciones que Dios nos da. Abrirnos a estas bendiciones y que también seamos como puente o canal de bendición para los demás.

Que el Señor tenga piedad y nos bendiga, decía el Salmo. Que sea así. Y no solo agradecemos entonces a la Virgen María porque es Madre de Dios, sino que bendecimos también nosotros, por todo aquello que Dios nos da, sobre todo por los hermanos y las hermanas.

La mayor bendición que de Dios hemos recibido, es a su hijo Jesús. El mismo Dios hecho carne. La mayor gracia que hemos podido tener en esta humanidad es el nacimiento de Jesús, de este Niño Dios. Si ya es una hermosa bendición que María sea Madre de Dios, mayor bendición, mayor gracia el que el Niño Jesús nazca en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestra sociedad. Por eso vean que, en realidad, el apóstol Pablo cuando habla de esto, agradece profundamente a Dios por esta bendición, pero porque tiene una consecuencia fundamental. Al hacerse Dios hombre, al nacer de mujer, a nosotros, a todos nosotros, a la humanidad, nos hace hijos e hijas, hijos e hijas de Dios y un único Padre. Somos hijos e hijas de Dios. Tenemos un único Padre y tenemos una Madre, no somos huérfanos, amados por Él, elegidos por Él, adoptados por Él.

Por eso dice, somos hijos adoptivos y la prueba de que somos hijos es que Dios infundió en nosotros o en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama a Dios llamándolo Abba, Padre, Papá. Vean que entonces la mayor bendición del nacimiento del Niño Jesús es la mayor bendición, porque somos hijos y podemos llamar a Dios Padre.

El Evangelio relata exactamente esto, el Evangelio es la más grande de las noticias, es la gran noticia que hoy se nos dice. Le pusieron el nombre de Jesús, es decir, Dios salva. Dios salva. Nombre que le había sido dado por el ángel antes de la Concepción. La tradición judaica era poder poner el nombre de algún antepasado. La gran novedad en la familia de Jesús, María y José, en la Sagrada Familia de Nazaret es que Jesús aparece con un nombre sin una tradición, sino más bien como el inicio de un linaje. Jesús. Dios salva.

Queridos hermanos y hermanas, entonces de verdad adoptemos, acojamos esta gratuidad de Dios. Bendigamos a Dios con nuestra vida también este año 2022. El Señor nos ayude a caminar en esta vocación común, la que tenemos todos, la vocación a la santidad.

Que este año sea entonces bendecido por Dios y acogido y bendecido también por nosotros. Feliz año 2022. Que Dios los acompañe. Amén

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