«Que seamos aquel pesebre viviente en el que nace hoy nuestro Señor, quien reconstruye un mundo en crisis, violencia, divisiones y desamor» Mons. Oscar

PH - José Rocha-LT

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En la Celebración de la Solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, Mons. Oscar Aparicio destacó el gozo de la navidad, del que deben llenarse los hombres y mujeres, pues Dios ama a cada persona y ello se refleja nacimiento del Niño Jesús, que transforma al mundo que vive en tinieblas, dolores y desesperanzas. Subrayó que en cada persona, donde Dios se haga presente en su vida y corazón, se exige una respuesta.

Todos estamos llamados, dijo, a ser anunciadores del Señor y con esto, transformar la realidad del mundo “Que seamos, por tanto, aquel pesebre viviente en el que nace hoy Cristo nuestro Señor, La Palabra hecha carne. Porque nosotros hemos visto la salvación, porque nosotros o a nosotros se nos ha revelado el Dios Hijo único que está en el seno del Padre”.

Texto de la Homilía

Algo que nosotros hemos ido esperando y que es justamente el fruto de nuestra mayor alegría y el mayor gozo. Hoy nos han nacido el Mesías, el Salvador, el Cristo; referido a Jesús, aquel niño nacido en el pesebre en Belén, aquel niño nacido de María y después anunciando a los pastores que no teman, porque una luz ha nacido. Se escucha aquella gran voz Gloria a Dios en el cielo, a los hombres, en la tierra paz, los amados por Dios.

Este es nuestro mayor gozo, nuestra mayor alegría. El amor de Dios ha llegado y habitado en medio de nosotros, en este niño, en esta sencillez, en esta fragilidad, diríamos así se expresa la mayor, el mayor amor de Dios hacia nosotros. Y, de hecho, es lo que hemos estado experimentando también en este camino de preparación en el Adviento. Recuerdan aquel domingo en el que se nos anunciaba: Alégrense, estén contentos porque se acerca su Salvador. Este Salvador ha llegado y la raíz de la salvación o mayor, la raíz del amor, lo que radica en realidad este gozo y esta alegría, es porque Dios nos ha amado profundamente; y hace referencia a nuestro nacimiento. Hace referencia a nuestro propio ser.

Si el Señor ha amado de manera predilecta a su Hijo, nos ha amado a cada uno de nosotros. Tiene predilección por ti, por mí, tiene predilección y su amor se expresa enormemente en tu ser, porque tú existes, porque tú vives. No sólo porque Él te ha creado, sino porque te ha amado profunda y plenamente.

De alguna manera, hoy mismo, la palabra vuelve a expresar aquello mismo: Alégrense, estén contentos, que su mayor gozo sea el nacimiento del Señor, o lo que dirá también el profeta en esta mañana. “Qué hermosos son, sobre las montañas, los pasos del que trae la buena noticia” Cuál es la buena y grande noticia: Es cierto que Isaías está hablando del retorno del exilio hacia la tierra prometida, otra vez a reconstruir la Jerusalén y el templo. Esto debe traer un gozo enorme. Pese a las penurias, pese a las dificultades, pese a tantas violencias y a tanta separación entre seres humanos, pese a tanto desamor, el Señor actúa, reconstruye. El Señor regenera. Este Padre nos promete este retorno también hacia la tierra prometida, porque Él reina.

Los confines de la tierra tienen que reconocer esto y nosotros también. Porque el triunfo de Dios es real y es verdadero. La luz ha brillado sobre las tinieblas. Es lo que también ya se nos anunciaba anoche, en la gran noche del nacimiento del Niño Jesús. No sólo trae alegría y paz, no sólo trae gozo y amor, trae también esta luz que ilumina las tinieblas de nuestras noches. Pensemos en tantas tinieblas, tanta enfermedad, tanto luto, tantas divisiones, tantas irreconciliaciones. Cuánta crisis, cuánta pobreza, cuánta dificultad, cuánta incapacidad de amarse mutuamente y caminar como un pueblo. Pese a esto, la luz brilla e ilumina nuestra vida. Este Dios, este que ha nacido, este que es el resplandor de la gloria, aquello que ha anunciado Juan el Bautista, es también la palabra, lo dice Juan.

Vean que son miles de expresiones de referirse al amor de Dios expresado en este Niño Jesús. Él es la luz, Él ha sido el anunciado, Él es el Cristo, Él es el Mesías. Y hoy, dice Juan: Él es la Palabra que existía desde siempre. Por eso Juan Bautista dice Él es el Mesías, Él es el Señor, Él es la Luz, Él es el Cristo, Él es el Salvador, Él es la Palabra al que yo he mostrado, pero me antecedido porque también a mí me ha creado.

La palabra, por tanto, hermanos míos, es Jesús, el Verbo hecho carne, que habita en medio de nosotros. Si podemos decir entonces con nuestras palabras, el Señor, te ha hablado de corazón a corazón el corazón y la buena noticia que Dios trae es ésta: “Te amo profundamente”. Escuchar esta palabra es demasiado grandioso, escuchar esta palabra da esperanza, escuchar esta palabra, sobre todo en momentos difíciles, es aquella que reconstruye también todo nuestro ser.

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y nosotros hemos visto la gloria. Vean, hermanos, esta palabra también nos inmiscuya a nosotros. Y esto es lo hermoso también de este acontecimiento de la Navidad. Lo que se nos ha ido anunciando antes. Si el gozo radica en que Dios nos ha amado profundamente y que Él ha nacido, hay un gozo también que nos involucra a nosotros y que pide y exige respuesta. Feliz tú porque has creído. Así le decía Isabel a María. Así nos dice hoy también a nosotros el ángel. Así nos dice también este verbo y esta palabra. Feliz tú porque has creído.  Por tanto, es mayor todavía nuestro gozo. Feliz tú, y nos lo dice como comunidad, nos lo dice de manera personal, nos dice como familias.

Que nuestra respuesta pues entonces está llena, llena también de amor, de reciprocidad, a lo que este Dios, este Cristo, este niño ha nacido. Que después se traducirá en muchas cosas, se traducirá en la capacidad de amar también al hermano, en la solidaridad, en transmitir y ser constructores de paz, en defensores de la vida y anunciadores de la vida que Él nos regala.

Que seamos, por tanto, aquel pesebre viviente en el que nace hoy Cristo nuestro Señor, La Palabra hecha carne. Porque nosotros hemos visto la salvación, porque nosotros o a nosotros se nos ha revelado el Dios Hijo único que está en el seno del Padre.

Probablemente, hermano, son muchísimas palabras, no siempre del todo podemos entender porque nos sobrepasa. Sin embargo, hay una cosa que es cierta, si nosotros contemplamos al Señor y nos dejamos amar por Él, nace también la posibilidad de responder a este amor. Y esto sí que lo entendemos, y aunque no lo entendamos con la razón, sí que lo experimentamos.

Feliz Navidad. Que Dios les bendiga a todos y cada uno de ustedes en sus comunidades, en sus familias y a ustedes, de manera personal, les conceda este inmenso gozo de que el Señor ha nacido en sus vidas y en sus corazones. Amén.

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