jue. Dic 12th, 2019

«Quien pone su confianza en el poder, tarde o temprano caerá» Mons. Oscar Aparicio

Domingo VI del Tiempo Ordinario, las lecturas nos invitan, insistentemente, a poner nuestra confianza plena en el Señor. Sobre ello, Mons. Oscar Aparicio, nos habla en su reflexión dominical.

El Arzobispo expresó que Dios, en su plan divino ha buscado y busca siempre lo mejor para sus hijos e hijas. Con el llamado de los apóstoles nos muestra que aún algunos de la multitud, de sus discípulos, están llamados a entregarse de lleno a Él. Sin embargo todos somos parte de esa multitud que necesitamos del Señor, que estamos llamados a poner toda nuestra confianza en su amor, en su providencia.

Destacó que muchas veces tratamos de ser autosuficientes, por tener los bienes materiales o el poder, aspectos que tarde o temprano se van, caen. Hizo una lectura de la realidad actual, con las bienaventuranzas y las des venturanzas.

Video y texto de la homilía

Muy amados hermanos y hermanas, es muy evidente la palabra de Dios y lo que nos propone para este domingo, en nuestro camino de seguimiento al Señor.

Hemos visto o hemos escuchado, cómo la primera lectura, el salmo nos invitan a guardar nuestra confianza en el Señor, a renovar continuamente nuestra fe. Y la segunda lectura que nos habla de Pablo, que nos invita a guardar la esperanza en la resurrección, sabiendo que Dios en su plan divino ha buscado lo mejor para sus hijos y sus hijas. Es un Dios consolador, perdonador, misericordioso, que nos regala profundamente la vida; y por tanto guardar está esperanza es también fundamental en este camino de fe que estamos haciendo.

El Evangelio ilumina mucho más todavía, estos aspectos que aparecen en las primeras lecturas. Me gustaría que lo vayamos repasando de a poquito, con calmita, el evangelio que hemos escuchado, intentando justamente iluminar aquello que está diciendo.

Jesús se retiró a una montaña para orar, no es la única vez que encontramos a Jesús que se retira; y sobre todo son los momentos de mayor, o dificultad, o de mayor iluminación, para encontrar mayor iluminación, y así también decidir alguna situación. Y pasó toda la noche en oración con Dios. Entra en la intimidad con Dios.

Oración, tantísimas veces hemos dicho, que prácticamente es escuchar, escuchar a Dios. Jesús está en esta actitud. Estamos hablando de los primeros capítulos, versículos del evangelio de Lucas, está propiamente al inicio, entonces, de su misión. Jesús ora, entra en la intimidad con su Dios para iniciar bien aquello que ha sido enviado, y su misión que tiene que proclamar. Cuando se hizo de día llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de apóstoles.

Vean esta acentuación es muy importante, los discípulos son todos aquellos que siguen al Señor, los que escuchan su palabra. Los apóstoles son también aquellos, pero elegidos de entre los discípulos y por eso lo llama apóstoles, para luego enviarlos. Hay toda una connotación también allí que hoy día no la vamos a remarcar. Pero vean que hay una diferencia, dice, de entre todos los discípulos elige a doce.

Al bajar con esto se detuvo en una llanura, estaban allí y muchos de sus discípulos, una gran muchedumbre que había llegado de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón. No solo los doce, los discípulos y muchos más discípulos y una gran muchedumbre.

Los discípulos son aquellos que buscan al Señor para conocer la verdad, la gran muchedumbre, la multitud; cuando el Evangelio hace esta mención, habla de todos aquellos sobre todo necesitados, podríamos decir: ponemos en un enorme grupo a todos aquellos que son discípulos, apóstoles, gran muchedumbre que necesitan de Dios, que se pone en esta predisposición de búsqueda. Son ciertamente los desorientados, son aquellos pobres son los enfermos, son los desvalidos, son los que viven en crisis son los que viven cuestionados, son aquellos en la soledad, son aquellos que viven angustiados, a lo mejor también en su ancianidad, los abandonados, son los débiles, son los frágiles. Y espero, hermanos, que ustedes, encuentre, en esta gran muchedumbre su propia persona, aquellos que están escuchando al Señor, o aquellos a los cuales el Señor va y se dirige, a aquellos de los que el Señor les habla; porque necesitamos una palabra, porque necesitamos luz iluminación, porque necesitamos fortaleza, porque necesitamos renovar nuestra fe y nuestro entusiasmo, nuestras propias motivaciones, necesitamos que nos pongan en el camino correcto, necesitamos de perdón, necesitamos reconciliarnos, necesitamos sabernos acompañados necesitamos guardar esperanza en esta vida.

Esta gran muchedumbre está allá, como aquí,

Jesús fijando la mirada en sus discípulos; fijando la mirada en sus discípulos, quiere decir que les pone un poquito de mayor atención, empieza a decir: “felices ustedes los pobres porque el reino de Dios les pertenece”. Y hemos escuchado cuatro bienaventuranzas. La traducción aquí dice: felices, creo que es más bello escuchar: bienaventurado. Porque no es solo una felicidad pasajera, el bienaventurado es aquel que ha encontrado los ojos del Señor, que lo miran y le anuncian la gran noticia.

El bienaventurado es aquel que guarda en el corazón aquella alegría que el gozo, que perdura. Es esta presencia serena de un Dios que te dice una verdad, que Él te ama que, Él te ha elegido que, Él está contigo, que Él ha visto tu aflicción y por tanto te acompaña. Felices, bienaventurados los pobres porque el reino de Dios les pertenece.

Hermanos míos aquí no se trata solo de una pobreza económica o de falta de bienes, que también lo es. Bienaventurados los pobres, porque el reino de Dios es de ellos. Porque a quién le pertenece el reino de Dios, al que se ensoberbece, aquel que se cree es rico y se ha puesto en otro grupo, el de los no necesitados. Aquel que se considera pobre, aquel que es parte de esta muchedumbre, a este le pertenece el reino de Dios.

Hermanos, tú te encuentras dentro de aquellos desafortunados o aquellos que piensas que están necesitados de la gran muchedumbre o eres discípulo del Señor, te pertenece el Reino. Por esto dichoso, por eso bienaventurado.

Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados- Dichosos ustedes que están en la búsqueda de la verdad. Dichosos ustedes que tienen conflictos y problemas, porque esto también nos ayuda, muchas veces, a apoyarnos en el Señor y a descubrir que, el hambre de pan y el hambre también de verdad el Señor nos lo puede conceder, ya ahora, no sólo a futuro.

Felices usted de los que ahora lloran, porque reirán. El ser dichoso, esta profunda certeza del amor de Dios, esta profunda certeza de sabernos que el reino de Dios nos pertenece; hace entender una cosa: que nuestras mayores aflicciones o nuestros lloros o nuestras quejas, al fin y al cabo, también pueden ser enfrentadas en esta presencia serena de un Dios que nos ama, y nos ama ahora y nos fortalece ahora, nos consuela ahora, también lo hará en el futuro.

Dichosos ustedes cuando los hombres los odien, los excluyen, los insulten y proscriban el nombre de ustedes, considerándolos infames a causa del hijo del hombre. Felices ustedes si han optado por Dios, felices ustedes que ponen su confianza en Dios. Felices, dichosos ustedes que pese a todo, cualquier otra situación, renuevan siempre su fe en  Jesucristo, felices ustedes que creen, felices dichosos, bienaventurados ustedes; y aunque serán perseguidos a causa de aquello. Tenemos tantísimos ejemplos en la historia de la Iglesia, de aquellos que han dado la vida a causa del nombre de Jesús. Hasta aquí hermano las bienaventuranzas.

Y ahí en adelante, habla también el Señor de las desaventuras y algunas traducciones usan algo muy duro, una palabra muy dura: “maldito”, en contraposición de estos bienaventurados. “Ay de ustedes los ricos porque ya tienen su consuelo. Ay de ustedes los que ahora están satisfechos porque tendrán hambre. Ay de ustedes los que ahora ríen porque conocerán la aflicción y las lágrimas. Ay de ustedes cuando todos los elogien, de la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas.

Hermanos míos, la palabra de Dios hoy se ilumina grandemente, a ponernos delante del Señor, en su plan. Si queremos seguirlo a Él, a renovar nuestra fe, si somos de los discípulos o de la gran muchedumbre, a guardar esta palabra que el Señor nos está dando. No ponernos delante de aquel otro grupo.

A veces nos engañamos creyendo que el poderoso, el que hoy goza de bienes vivirá eternamente y no es verdad. El que pone su confianza en el poder, o en el poseer, al fin y al cabo al fin y al cabo, tarde o temprano caerá, y se desilusionará.

A veces nos pasa a nosotros, en la experiencia, después la confianza, por ejemplo en los estudios y el título, lo tenemos y no nos sacia de mucho. Hemos puesto la esperanza y de toda confianza en un bien, lo poseemos, y no te da la alegría completa.

Cuántos poderosos han puesto su confianza en ser los reyes del mundo, pues no hay uno, no hay ningún imperio que haya durado una eternidad. Ni ningún poderoso que haya durado una eternidad.

Hermanos míos, les invito entonces entrar en esta palabra y dejarse amar por el Señor, dejarse mirar por Él. Ser aquellos pobres que se abandonan a Dios, que renuevan su confianza en el Señor.

Amén.

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