“Recuerda que el testimonio está hecho, ante todo, de gestos y actitudes antes que de palabras” Mons. Angelo Accattino – Celebración de Profesión de fe de Mons. Iván Vargas

En el Santuario de Urcupiña, este 7 de septiembre, se realizó la celebración de Profesión de Fe, Juramento de Fidelidad y Bendición de Insignias Episcopales de Mons. Iván Vargas: que fue presidida por S.E.R. Mons. Angelo Accattino, Nuncio Apostólico de Su Santidad el Papa Francisco.

Durante le reflexión, Mons. Angelo destacó el sentido de la profesión de fe del nuevo obispo, reflejo del convencimiento de lo que se cree y además la fraterna comunión con Dios, la Iglesia y el Papa, en el juramento de fidelidad. Además, realizó una breve explicación de las insignias episcopales, refiriendo que dan al Obispo, la dignidad como pastor y maestro del pueblo santo de Dios; Con ello pidió a Mons. Iván que, al usarlas, reconfirme lo que ellas significan para él, para la Iglesia y para el Señor.

Su excelencia concluyó animando, al nuevo Obispo Auxiliar de Cochabamba, a dar testimonio con gestos y actitudes, antes que con palabras. Pidió para que el Espíritu Santificador ilumine su obrar y que la Virgen María, en la Advocación de Urcupiña, interceda por él y lo acompañe con amor de Madre.

Texto completo de la reflexión

Queridos hermanos en el episcopado, queridos todos aquí reunidos en este Santuario de la Virgen de Urcupiña, en este momento tan especial.

Todos los que hemos recibido la ordenación episcopal y que ahora te acompañamos, querido Monseñor Iván, hoy revivimos sin duda nuestra propia profesión de fe en Dios, en nuestro juramento de fidelidad al Papa. Es un momento solemne en el que vamos a escuchar de ti mismo, antes de la ordenación, que estás convencido de lo que crees y que lo que crees y profesas se vincula en fraterna comunión con Dios, con la Iglesia y con el Papa.

Es por ello que delante de todos nosotros, tú, Monseñor Iván, confiando en la gracia de Dios que te asiste, confirmará tu fe y tu profundo deseo de ser fiel a quien te ha llamado a este servicio, en la iglesia de Cochabamba, bajo la guía de Su Excelencia Reverendísima, Monseñor Oscar Omar Aparicio Céspedes, con la cercanía fraterna de Monseñor Juan Gómez y con el recuerdo agradecido de y hacia Monseñor Carlos Enrique Curiel Herrera, llamado por el Santo Padre a pastorear su natal diócesis de Carora en Venezuela. Además de escuchar de tus propios labios estas palabras sagradas, que constituyen el primero y fundamental paso hacia tu ordenación episcopal de mañana, nos hemos reunido aquí para participar de la bendición de las insignias episcopales. Antes, sin embargo, de proceder con tal bendición, me permito hacer algunas consideraciones sobre estos símbolos o marcas distintivas del ministerio episcopal.

Pero previamente subrayo el valor de los símbolos que hoy más que nunca invaden el mundo de la comunicación, de las ciencias físicas, matemáticas o cibernéticas. Estamos acostumbrados a reconocer innumerables tipos de insignias, tales como banderas, condecoraciones militares o policiales, civiles o nobiliarias, coronas, distintivos, emblemas y muchos más. Todos son signos valiosos y muy útiles que ayudan a sintetizar ideas y realidades, muchas veces complejas y difíciles de explicar en el lenguaje escrito. Un símbolo es, pues, una representación que transmite un significado o una idea en forma visual. La idea clave es reducir a la mínima expresión lo que se quiere decir y que sea fácilmente comprensible.

Por la historia sabemos que el pensamiento simbólico precede el lenguaje y forma parte de la vida y de la experiencia del hombre. Las religiones, en general, se sirven, por eso, de los símbolos para expresar y acercar los contenidos de la fe, para manifestar una función personal y social, ya que permiten que las personas compartan su fe con los demás y también porque contienen y expresan los valores y relaciones más sublimes de la vida terrena y de la trascendente. La Iglesia Católica siempre ha comunicado la fe mediante la Sagrada Escritura, que es un lenguaje bíblico, pero también mediante símbolos y ritos litúrgicos, que es un lenguaje simbólico. Buscando manifestar así realidades espirituales para que de manera visibles los creyentes puedan acceder a concretos contenidos doctrinales.

En el último directorio para la catequesis leemos el numeral 64c: “gracias al uso de símbolos elocuentes y mediante una renovada valoración de los signos litúrgicos. La catequesis puede responder a las exigencias del hombre contemporáneo, que generalmente considera significativas sólo aquellas experiencias que tocan su corporeidad y afectividad”. Creo necesario, por lo tanto, poner atención a los símbolos, a los gestos y a los ritos de la liturgia y de la piedad popular.

No creo equivocarme al afirmar que, muchas veces, los fieles no han sido lo suficientemente instruidos para captar el real significado de los símbolos. Los visualizan, pero no llegan quizás a leer lo que ellos sintetizan. Por ejemplo, el signo de la Santa Cruz y también los signos que acompañan el rito de los sacramentos, especialmente el Bautismo, la Confirmación o la penitencia. Qué decir de estas insignias episcopales. Nuestros fieles de verdad las conocen y las entienden.

La bendición de ellas y posteriormente la explicación que de ellas haga el obispo, serán necesarias para que los fieles puedan comprenderlas y respetarlas. La mitra significa que el obispo debe sobresalir en la santidad y es un recuerdo de que la autoridad y la santidad se funden en el ministerio episcopal. El báculo es el signo exterior de la tarea pastoral del obispo, quien, en nombre de Cristo apacienta aquella porción de Iglesia de Dios, a él confiada. El anillo simboliza el desposorio del obispo con la Iglesia, a la cual entrega toda su vida con una fidelidad incorruptible, con paciencia incansable, sin descuidar la gracia que le ha sido conferida. La cruz pectoral es la cruz del obispo que lleva en el pecho. Esta cruz recuerda la Pasión del Señor que en el momento supremo de su entrega por la redención del mundo. El solideo recuerda al obispo el momento en que su cabeza fue ungida con el sagrado Crisma, llegando a ser partícipe del sumo sacerdocio de Cristo.

Querido monseñor Iván, vamos a proceder a bendecir las insignias pontificales, que usarás de ahora en adelante, para hacer más evidente a los fieles, la dignidad que posees como pastor y maestro del pueblo santo de Dios. Que, a partir del primer momento de tu ordenación episcopal, al ponerte y despojarte de estas insignias, no caigas en la rutina de hacerlo automáticamente, sino que sea momentos propicios para reconfirmar lo que ellas significan para ti, para la Iglesia y para el Señor.

Finalmente, recuerda que el testimonio está hecho, ante todo, de gestos y actitudes antes que de palabras. Sobre ti, tus queridos familiares, amigos y destinatarios de tu misión, Dios omnipotente, haga llegar copiosas bendiciones. Cristo, el Señor, sea el centro de tu vida y su Espíritu santificador ilumine constantemente tu obrar. María Santísima, querida y venerada en este santuario, bajo la advocación de Urcupiña, siempre intercede por ti y te acompañe con su amor de madre.

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