Sin Dios no somos nada ¿Quién es Jesús para ti? – Mons. Oscar Aparicio

Este domingo se presentaron varias propuestas de Dios en su Palabra. Durante la homilía, Mons. Oscar Aparicio resaltó tres propuestas principales e invita a todos a una reflexión personal, así, encontrar mucho de lo que el Señor tiene para decirnos. También recordó a los catequistas en su día, y de manera especial a P. Linton Guzmán que partió a la Casa del Padre

En primer lugar, se destacó la acción de la oración, que nos habla la Escritura: “Concédenos amar lo que mandas y esperar lo que prometes y todavía añade, para que, en la inestabilidad del mundo presente, nuestros corazones estén firmes donde se encuentre la alegría verdadera”. Nuestro pastor, al hacer presente esto llama a reconocer la soberanía de Dios. De hecho, toda la celebración fue un llamado a profundizar y pedir que Dios nos aumente la Fe.

“Descubrir a un Dios que es amor, que nos manda a esperar lo que Él nos promete porque será cumplido real y verdaderamente. Pero que, en esta inestabilidad del mundo presente, hablamos de tantísimas cosas y sobre todo hablamos en esta situación concreta que nos está tocando vivir. Que nuestros corazones estén firmes donde se encuentra la alegría verdadera”.

Así pues, el Señor tiene presente la inestabilidad que pasamos frente a nuestros miedos, frustraciones a todo aquello que nos da un dolor profundo, por la muerte y el sufrimiento de tantos hermanos, por nuestra enfermedad, nuestras fragilidades y mezquindades. En ese tiempo el Señor esta presente y nos llama a renovarnos, para encontrarlo y encontrarnos en Él.

Mons. Aparicio manifestó: “Por eso, que fundamental, es que hagamos esta experiencia, de que sin Dios no somos nada. Nuestra inestabilidad, nuestra fragilidad es tan grande, tan profunda y la experimentamos en todo este tiempo. Que, si no estamos apoyados en Dios, nos caemos demasiado fácil”. Pues anteriores domingos nuestro pastor, en reiteradas ocasiones hizo presente que el Señor es un Dios que está presente en nuestra vida, en la historia.

“Somos nada, por eso que hermoso es cuando el mismo Apóstol dice: porque todo viene de Él, ha sido hecho por Él y para Él. A Él la gloria eternamente”.

Así pues, se hace el pedido que nos conceda un corazón según su voluntad. Nos conceda poder apoyarnos en Él, para que nuestros corazones estén firmes, porque Él nos da la firmeza. Es por eso que debemos reconocer, como hijos de Dios, su soberanía, su gloria y su poder.

De ahí que, la gran propuesta gira entorno a la gran pregunta que Jesús hace a sus discípulos ¿Ustedes Quién dicen que soy yo? Siendo el llamado a conocer más nuestra relación con el Señor. ¿Tu quién dices que soy Yo?, es la invitación para estos días.

Nuestro Pastor, resalta “es una pregunta directa, es personal, es una pregunta que interpelan a todo nuestro Ser. A ti catequista, a ti agente de pastoral, a ti sacerdote a mí obispo; a ti aquí que estás en una labor a lo mejor que pienses que no necesariamente es demasiado importante, qué sirves o en liturgia, que sirves en la parroquia. La pregunta es personalísima, a ti ama de casa, a ti papá, a ti joven, incluso a ti niño. Te pregunta ¿Quién soy Yo para ti? ¿Quién soy yo en tu vida?, a los religiosos, religiosas. Es una pregunta, creo muy importante encontrar una respuesta real”.

Mos. Aparicio, recordando, nos hizo presente su respuesta a esta pregunta cuando tenía catorce años, “simple y sencillamente dije ese momento: Jesús para mí es mi amigo”. También, compartió “A lo largo de estos años, descubro profundamente que es verdad. Jesús es un amigo, pero también podía decir que Jesús es mi Señor, que sea también todo lo que puede ser, también mi fragilidad. Debo reconocer que el Señor, el Señor Jesús es mi Dios”.

Concluyendo nos dice: “Queridos hermanos, queridas hermanas que esta palabra hoy sea para nosotros no solo de interrogación, sino de profunda sabiduría, que esta palabra y esto que hemos escuchado y esta liturgia que celebramos sea para nosotros hoy también de profundizar nuestra Fe, de encontrarnos personalmente con el Señor, de dejarnos amar por Él. Que nuestra fortaleza sea Él, abandonarnos en sus brazos. Que el Señor nos siga bendiciendo, bendiga a los catequistas, que a Fray Lintón Guzmán lo tenga en su santa gloria”.

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