“Sirve con humildad, disponible en la acción y perseverante en la oración” Mons. Oscar al nuevo Diácono Roberto Villarroel

En la Ordenación Diaconal de Roberto Villarroel, Mons. Oscar Aparicio, en la homilía, lo animó seguir con el espíritu de servicio y disponibilidad, a ejemplo de Jesús, que se preocupa por aquellos sufrientes y descartados.

Lo llamó a ser un ministro también de profunda oración, que pueda reflejar a Dios en los hermanos. Así mismo lo alentó a que frente a las dificultades, el Señor, su familia y el clero, estarán para apoyar el camino de su ministerio.

Homilía de Mons. Oscar

Muy querido Roberto, la mamá que está aquí acompañándonos, te acompaña de manera concreta, es esta figura bella de la Virgen María también que acompaña a su hijo. Saludamos al Papa que nos acompaña desde el cielo. Esa es nuestra certeza, sabemos que él está también entre nosotros y, por tanto, su gozo y su alegría seguro que también es plena. Saludo a los familiares de Roberto. A los sacerdotes que están aquí presentes, seminaristas, Monseñor Iván, a nuestro Vicario General, Padre Antonio. Un saludo muy particular a nuestro neo diácono, hace 48 horas en realidad, Eduardo, a las religiosas que nos acompañan y a todos y cada uno de ustedes presentes en este santuario, como también saludamos a aquellos que están presentes y nos acompañan a través de los medios de comunicación social.

Sabemos que es un don el poder tener la posibilidad de hoy llegar a tantos hogares y que tantos hogares participen en comunión con nosotros en esta Eucaristía y también de lugares tan lejanos como puede ser también el exterior, que acompañan a esta, a esta celebración y se alegran por este momento tan particular de la consagración del diaconado de nuestro querido Roberto.

El salmo decía claramente: Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Y creo que, si este Salmo 88 está elegido de alguna manera por el mismo Roberto, es el hecho de que esta palabra se cumple también hoy, porque es una alabanza a Dios. Es un glorificar a Dios, es cantar, loar, bendecir a un Dios que hace una obra en medio de nosotros. Y particularmente se ha empeñado en hacer una obra con Roberto, un camino de fe, un itinerario no sólo cristiano de discípulo misionero, sino también regalándole la vocación, la vocación al sacerdocio.

Porque en realidad, si hoy celebramos el diaconado, va en perspectiva de celebrar también más tarde el sacerdocio. Consagrado para siempre, eternamente, cantará las misericordias del Señor, reconociendo que Él actúa, que llama, que Él nos ha convocado. Que Él se ha empeñado, Roberto, en hacer de ti un hombre de Dios en medio de tus hermanos. Alguien que hace la voluntad de Dios. Alguien que dice dichoso soy porque te aclamo. Tu mayor gozo, tu mayor felicidad será justamente obedecer a este Dios y a la voluntad que Él ha trazado para ti o el plan que tiene Dios para ti. Por eso, que este salmo se cumpla, se cumpla total y plenamente en tu vida, de alguna manera tú ya lo has dicho, lo has expresado, en una entrevista que te han hecho horas previas a hoy. Quiero, quiero servir, quiero manifestar la disponibilidad total; es lo que de alguna manera está en la oración colecta y que recordábamos también en la ordenación de Eduardo. Si lo repetimos, vean que son palabras hermosísimas, con un contenido enorme. Dice: Tú has enseñado a los ministros de tu Iglesia servir a los hermanos y no a ser servidos como lo hace Jesucristo, como lo hace el Hijo tuyo. Has elegido hoy para el ministerio del diaconado a este hermano nuestro, para que sea disponible en la acción; a lo que tú mismo te refieres.

Disponibilidad total a un Dios que te llama y un Dios que te pone en este servicio y que te indica el qué hacer, aunque participa ciertamente de la misma misión del Señor. Disponibilidad para la acción, para el trabajo, para el ministerio, ministerio justamente significa aquello, en lugar de, nosotros actuamos en lugar de. Tú actuarás en la misión del Señor y en vez del Señor. Humildad en el servicio, humildad en el servicio, que no es otra cosa que hacerlo con amor, con caridad, con entusiasmo. Muchas veces, ciertamente, teniendo también dificultades que enfrentar. Pero si tienes la certeza de que el Señor te llama y el Señor te concede no sólo esta vocación, sino que te concede su Espíritu al estilo de Él mismo, significa que este servicio lo puedes hacer en total humildad. Porque no hay nada que vanagloriarse, porque no es mérito nuestro, porque nosotros no hemos, a puño limpio, conquistado esto. No es al estilo de los títulos que se pueden tener. Es gracia, gratuidad de Dios. La humildad consiste justamente en esto, El Señor Jesús, que pasó haciendo el bien, es suficiente.

Si en tu servicio, en tu humildad, en los más pobres, en los más sencillos, en los más necesitados, en aquellos que son descartados, en aquellos que has tenido experiencias de conocerlos este último tiempo también en la pastoral, de manera concreta, cara a cara. Si de ellos dicen a través de Roberto, de su servicio, de su humildad, hemos conocido al Señor, ya es demasiado y es lo suficiente al mismo tiempo. Y que seas perseverante en la oración.

Son poquísimas las palabras que se expresan, pero qué profundidad. Parece que es propiamente un itinerario del trabajo o de la misión que tú tienes que tener. Yo te pediría que repases esto, esta oración constantemente. Casi como hacerlo propia. Ya lo has expresado tú. Quiero servir a mi iglesia en disponibilidad y quiero ser servidor de esta iglesia para que conozcan a Jesucristo nuestro Señor. Esto tú mismo lo has dicho. Pues que esta oración sea como tu itinerario de vida, como tu plan de trabajo. Porque ves que, en definitiva, lo que el apóstol Pablo estaba diciendo es este hecho de que en esta iglesia todos podemos ser distintos, tenemos diferentes dones. Sin embargo, es a éstos o en esta Iglesia la que tú consagrarás tu vida, esta comunidad concreta, esta comunidad de hombres y mujeres, esta comunidad que representa cierto a Jesucristo porque lo tiene como cabeza, pero es su cuerpo. Y por tanto tú en esta Iglesia sirvas con humildad, disponible en la acción y perseverante en la oración.

Que el Evangelio, por tanto, sea también aquello que está en tu propia vida como cumplimiento hoy. El que de ustedes quiera ser grande, que se haga el servidor de ustedes. La grandeza radica justamente en esto, en ser el último, en ser el servidor. El ser aquel que, sin grandes pretensiones, simple y sencillamente toma el ejemplo del Señor Jesús y comparte su vida. Si alguno quiere ser primero entre ustedes, que se haga esclavo de todos. Es como una kénosis, es decir, como un abajamiento que la misma Escritura hace del Señor Jesús. Si este es tu camino, Roberto, si hacia esto estás llamado, si estás llamado a ser servidor de todo, esclavo para ser primero entre todos, que sea, pues así. Diaconado significa justamente todo esto. Al igual que Jesús, que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos.

Pon atención a estas últimas palabras. No solo es en el servir, en la caridad, no solo es en esta humildad y el estilo, es justamente a entregar la vida toda en rescate por muchos. Si tu vida es una oblación, si tu vida será una entrega, si tu vida es configurarse a Jesucristo. Si tu ministerio va en esta línea y en este sentido, nosotros estamos aquí para no solo alegrarnos, sino para acompañarte. Y tu comunidad también lo hace, lo mismo que tus hermanos sacerdotes o en el clero. Porque tú de hoy perteneces justamente ya a este clero Cochabambino, a esta gran familia que tiene tantos aspectos bellos como también desafíos y dificultades. Pero pertenecerás a este, a esta comunidad, a esta pequeña o gran comunidad. Tendrás que aprender a amarla, como también a servirla. Tendrás que aprender a rezar por estos hermanos. Tendrás que saber que junto con ellos haces también la misma misión y la misma tarea de Jesucristo nuestro Señor, en medio de nuestras realidades que tienen tantísimas dificultades.

¡Cuánta gente sufre! Y sufrimientos agudos, crisis muy, muy serias. Estos años, cuánto dolor, ¡cuánta tristeza! No sólo a nivel del tipo social, político, sino de crisis profundas en el ser del ser humano. Cuanta enfermedad, cuánto dolor, cuánta muerte; eres testigo de aquello. Cuánto necesitan de un servidor que les anuncie la esperanza, les conceda la vida. Porque también su vida es entregada por ellos. El Señor, por tanto, a todos nos conceda este gozo y de acompañar a nuestro querido hermano Roberto. Amén.

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