Mié. Jul 17th, 2024

Virgen María: Inmaculada Sabiduría – Miguel Manzanera SJ

Según el “Protoevangelio de Santiago” (PS), documento cristiano antiguo, valorado por los historiadores, pero poco conocido por otras personas, los esposos judíos Joaquín y Ana de edad ya avanzada, fieles servidores del Señor, vivían en las afueras de Jerusalén, pero estaban tristes por no  poder tener hijos. Sin embargo, pidieron y recibieron de Dios la gracia de concebir una bella hija a la que llamaron Myriam, que fue traducido a otros idiomas latinos como María (PS V, 2).

Myriam  es el nombre que aparece en el libro bíblico Éxodo, referido a la hermana de Moisés y Aarón,  inspiradores y liberadores del pueblo hebreo, esclavizado por los egipcios. A ella se le atribuye la bella canción de victoria del pueblo hebreo contra la tiranía del Faraón, consiguiendo salir de Egipto y atravesar el Mar Rojo, hacia el año 1250 a.C. (Éxodo 1,2 y 15). Etimológicamente el nombre Myriam es considerado egipcio y hebreo con varios posibles significados, entre ellos “Amada de Yahveh” o también “Señora” o “Madre virginal”.

Los esposos en acción de gracias, teniendo la niña tres añitos, la llevaron al Templo de Jerusalén para que allí creciese en un ambiente piadoso y aprendiese a rezar los salmos y otras oraciones. Cuando ya ella iba a cumplir 12 años, el sumo sacerdote Zacarías la reenvió a la casa de sus padres para que no contaminase el Templo con sus reglas.

Zacarías, consultando con sus colegas, convocó a unos doce viudos judíos, para ver quién de ellos saldría elegido para ser el esposo de Myriam. A cada uno se le dio una vara. José cogió la última y de ella salió una paloma que se puso a volar sobre su cabeza. Entonces el sacerdote le dijo: “A ti te ha caído en suerte recibir bajo tu custodia a la Virgen del Señor”.

Sin embargo José se resistió a desposarla, porque él ya era mayor y María apenas estaba dejando de ser niña. Pero el sacerdote le advirtió que si no la aceptaba, le podría venir la muerte como Dios había hecho con Datán, Abirón y Coré, que fueron tragados por la tierra (cf. Números 16,1.31-33). Lleno de temor, José la recibió en su casa en Nazaret continuando él con sus hijos y ejerciendo su trabajo de constructor.

Según relata el Evangelio de Lucas, María recibió el anuncio del Ángel del Señor, indicándole  que ella había hallado gracia ante el Señor omnipotente, y que recibiría la potencia del Señor y concebiría en su seno al que será llamado “Hijo del Altísimo”. Tú le pondrás por nombre Jesús porque Él salvará su pueblo de sus propios pecados”.  María respondió: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1,26-38).

La Iglesia Católica y también otras iglesias ortodoxas han interpretado que María, aun sin comprenderlo plenamente, aceptó agradecida ser colaboradora y receptora de la encarnación del Hijo de Dios. De esa manera Dios quiso rehacer la humanidad, limpiándola de la mancha del pecado original, heredado de Adán y Eva, que nos afecta a todos los seres humanos desde el inicio de la vida.

Esta actitud plenamente obediente y caritativa de María se comprende mejor a la luz de algunos pasajes posteriores. Fue ella la que llamó la atención a Jesús, quien con 12 años se quedó en el Templo de Jerusalén, mientras que sus padres emprendieron el camino de vuelta a Nazaret. Al  cabo de tres días lo encontraron en el Templo sentado en medio de los doctores de la Ley, escuchándoles y haciéndoles preguntas. Todos estaban estupefactos por sus preguntas y sus Los maestros María llamó la atención a Jesús: “Hijo ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Pero Jesús respondió: “¿Por qué me buscaban? No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre”. Así Jesús dio a entender a los doctores de la Ley que su Padre era Dios, quien eligió a María para que acogiese en su seno al Verbo Divino, haciéndose hombre sin dejar de ser Dios (Lucas 2,41-52).

Esa respuesta podría entenderse como la emancipación de Jesús, quien legalmente dejó de ser niño, pasando a ser ciudadano adulto. Sin embargo, el mismo Jesús suavizó su posición y rectificó sus propias palabras, volviendo a Nazaret con sus padres y conviviendo también con cuatro hermanastros, Santiago y José, Simón y Judas, y dos hermanas (Marcos 6,3; cfr.  Mateo 27,56). Esta familia posiblemente no se dio a conocer mucho ya que los herodianos y otros grupos fariseos buscaban a José y a su familia para encarcelarnos. Allí vivió la Sagrada Familia, hasta que José falleció cuando Jesús tendría ya unos 30 años y dejó Nazaret para ir al río Jordán donde predicaba su pariente Juan el Bautista.

 El Evangelio de Juan narra el episodio de las Bodas de Caná, donde fueron acudieron Jesús con algunos discípulos y también María, que sería pariente de los nuevos esposos (Juan 2,1-12). Fue ella quien se dio cuenta de que estaba escaseando el vino en los primeros días y se dirigió a su hijo Jesús, diciéndole: “No tienen vino” insinuándole que hiciese algún milagro para evitar el fracaso de la fiesta.

Jesús bruscamente respondió: “¡Mujer! ¿Qué entre tú y yo? Aún no ha llegado mi hora”, dando a entender que esperaba una señal divina para mostrarse cómo el “Mesías”, el Enviado de Dios. María se dio cuenta de que había llegado esa señal y por eso, dirigiéndose a los servidores les dijo: “Hagan lo que Él les diga”. Jesús comprendió que su Padre Dios y la Madre Rúaj (Espíritu Santo), hablaban por medio de María. Por eso convirtió el agua de las doce tinajas en vino excelente.

El maestresala y el novio dieron testimonio este espectacular milagro que hizo que muchos creyeran en Jesús como el Mesías, enviado por Dios, iniciándose así una nueva etapa en la vida de Jesús. A nuestro juicio el apelativo “Mujer”, utilizado por Jesús, tiene un significado importante, existiendo el libro bíblico “Sabiduría”, posiblemente conocido por la Virgen María cuando estuvo en Templo hasta sus doce años. Ciertamente que Jesús lo conoció en su larga permanencia en Nazaret antes de iniciar su vida pública. Podemos afirmar que la Sabiduría se identifica con la Tercera persona de la Santísima Trinidad que llamamos Espíritu Santo, siendo su versión original “Rúaj” que es femenino y por lo tanto muestra que la Santísima Trinidad es una Familia, tema que merece mayor profundización.